FILOSOFÍA APLICADA. UNA INTRODUCCIÓN PRÁCTICA
A LA REFLEXIÓN FILOSÓFICA
Richard Orozco (Ed.)
Universidad de Lima, Fondo Editorial, 2025
https://doi.org/10.26439/en.lineas.generales2026.n015.9061
Marco Jiménez
Universidad de Lima, Perú
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La notable disminución de la enseñanza de la filosofía en las últimas tres décadas contrasta con la existencia de incontables congresos, seminarios y revistas especializadas en la materia. En este escenario, que es, asimismo, el del eclipse de las humanidades, puede resultar temerario publicar un texto concebido para el aprendizaje de la filosofía. De ahí que el libro editado por Richard Orozco aparezca con una exigencia de justificación inapelable.
Orozco sostiene que hoy, frente a la abundante información que desorienta la búsqueda específica material y virtual, el libro de texto resalta por su valor metodológico. Al brindar una estructura curricular claramente ordenada, evidencia su función primordialmente pedagógica, que sirve como guía de orientación para el estudiante y paliativo antiestrés a la sobrecarga digital. Considera, asimismo, que es un apoyo eficaz para el profesor en el proceso de enseñanza-aprendizaje y un instrumento que, finalmente, da sentido al curso (p. 10). Ello supone haber ideado el libro no solo como una ordenación articulada de contenidos, sino, mejor aún, como una introducción que hace comprensible una experiencia concreta de aprendizaje.
Aunque puedan parecer razones suficientes, la realidad del desempeño académico juvenil las valida. En los actuales perfiles de ingreso universitario, es evidente que muchos estudiantes muestran un menor hábito de estudio, constancia y, por ende, limitada disposición para la investigación como actividad académica fundamental. Desde una perspectiva pedagógica, requieren una introducción gradual y acompañada, al iniciar sus estudios, no solo en el régimen de la vida universitaria, sino también en el ámbito estrictamente académico de cada materia. En este proceso, Carlino (2009) propuso entender al estudiante como un inmigrante en la cultura académica. A raíz de este desplazamiento cultural, el ingresante se enfrenta a un nuevo régimen con normas, prácticas, discursos y exigencias que le resultan inicialmente desconocidos. En esta transición, el libro de texto se instituye como un dispositivo de mediación básico y temprano de orientación y apoyo.
Esta propuesta es una obra colectiva de 194 páginas, elaborada por trece autores que combinan su formación filosófica con especializaciones en psicología, educación y administración. Como docentes de la Universidad de Lima, los redactores han aplicado su experiencia académica y pedagógica en un proyecto editorial que destaca por su unidad de estilo: un lenguaje sencillo, fluido y eficaz que facilita la comprensión de los temas desde una primera lectura. Asimismo, el texto logra equilibrar una decidida orientación didáctica con el rigor conceptual. A diferencia de un manual tradicional, la obra funciona como una herramienta de aprendizaje autónomo que articula los problemas filosóficos con debates urgentes —como la tecnociencia, la ética animal y los fenómenos sociales—. Al incorporar casos cotidianos del entorno sociocultural del estudiante, el libro aproxima las nociones abstractas, y resulta una lectura particularmente útil y sugerente para quienes se inician en la materia.
El libro se organiza en doce temas, precedidos por una introducción que justifica la pertinencia de la obra y examina el estado actual de la enseñanza de la filosofía. En este apartado inicial, Orozco defiende la necesidad de la disciplina en la formación universitaria en tanto promueve la libertad de pensamiento y el autoconocimiento (p. 13). No obstante, su postura evita incurrir en una idealización retórica del pensamiento crítico; no lo postula como una competencia exclusiva del quehacer filosófico, reconociendo que se trata de una capacidad compartida con otras áreas del saber (p. 12). Lejos de ese exclusivismo, el autor concibe la filosofía como una praxis orientada a interrogar, problematizar y examinar el entramado de nuestras creencias fundamentales desde una disposición estrictamente racional y reflexiva.
Los doce temas de la obra configuran un recorrido gradual que transita desde la propedéutica filosófica hasta los debates del presente. El bloque inicial, de corte metodológico, sienta las bases del pensamiento crítico. Saby Lazarte (pp. 15-28) introduce la disciplina como una praxis racional que articula el saber, el pensar y el vivir, eludiendo el reduccionismo historiográfico. A este marco, se suma la utilidad metodológica que plantea Diego Llontop (pp. 29-43), quien ofrece un claro tratamiento de la argumentación, la estructura de los razonamientos y las falacias lógicas, con una lograda integración de teoría, ejemplos y aplicación cotidiana.
Un segundo núcleo aborda la tensión entre conocimiento y realidad. Javier Aldama (pp. 45-56) examina la distinción platónica entre apariencia y realidad a través de una sugerente y accesible lectura de la alegoría de la caverna. Por su parte, Richard Orozco (pp. 57-69) introduce un matiz diferenciador al adoptar el formato de ensayo para defender el pragmatismo —frente al representacionalismo— como la postura más adecuada para comprender la tecnociencia hodierna. Este examen epistemológico se complementa con el tema de José Rosales (pp. 71-85) sobre los criterios de demarcación popperianos entre ciencia y pseudociencia. El autor acierta al formular el desafío de resguardar la validez comunitaria de los saberes ancestrales frente a visiones excesivamente restrictivas de la racionalidad moderna.
El eje ético de la obra somete a examen los grandes modelos normativos de la modernidad y la tradición. Jean Luis Arana (pp. 87-99) reactualiza la propuesta aristotélica contrastando la exigencia de la virtud en la polis con el solipsismo y el consumismo contemporáneos. Luego, José Rosales e Iván Giraldo (pp. 101-114) desarrollan una revisión crítica del rigorismo kantiano. Apoyados en la neurociencia actual, los autores cuestionan la exclusión de las emociones en el imperativo categórico por ignorar nuestra naturaleza biológica integrada. Finalmente, Miguel Polo (pp. 115-130) deconstruye el utilitarismo de Bentham y Mill, denunciando el reduccionismo antropológico, el riesgo de instrumentalización de las minorías en aras del bienestar general y la imposibilidad práctica del cálculo de consecuencias futuras.
Otra parte final traslada estas herramientas a la filosofía práctica y política. El giro ecocéntrico es introducido por Javier Chávez (pp. 131-143), quien problematiza la crisis medioambiental y el sesgo destructivo del antropocentrismo frente a las lógicas de rentabilidad transnacional. En una línea afín de confrontación con nuestras conductas habituales, Octavio Chon-Torres (pp. 145-157) examina el bienestar animal, principalmente desde la perspectiva de Peter Singer, evidenciando el especismo y las inconsistencias éticas del mercado y la cultura.
El cierre del texto aborda el análisis de las estructuras de convivencia. Martín Garro (pp. 159-162) ofrece un ejercicio de realismo político al diagnosticar la fatiga civil de las democracias actuales, capturadas por el poder económico y amenazadas por la manipulación informativa de la infocracia, aunque con un énfasis tan agudo en la crisis que arriesga opacar las vías de reforma ciudadana. Por último, Diego Macassi y Eleazar Sánchez (pp. 175-190) clausuran rigurosamente la obra desde las políticas del reconocimiento de Taylor y Kymlicka. Los autores demuestran la insuficiencia de la discriminación positiva sin cambios estructurales, lo que deja abierto el desafío de conciliar el diálogo intercultural con mínimos de justicia universal que no claudiquen ante el relativismo.
Visto este recuento de contenido, se colige que el libro, por lo tanto, no aborda la filosofía como una actividad erudita ni historiográfica, sino como un deliberado ejercicio racional con implicancias vitales a nivel individual, social e institucional. Dicha premisa explica su estructuración en temas y no en capítulos: al no exigir un orden secuencial estricto, cada apartado puede ser estudiado como una unidad autónoma que propicia un vínculo libre con el lector. Pero esta flexibilidad no fragmenta el texto; por el contrario, el libro trasluce una concepción integrada de la disciplina, donde la lógica y la teoría del conocimiento sirven de soporte indispensable para la posterior reflexión ética y política.
Cada tema inicia con un resumen y palabras clave que emulan el formato de un artículo académico. Continúa con la página de epígrafe de un pensador representativo y un glosario de entre tres y seis términos. Luego, expone el propósito pedagógico del apartado. El cuerpo principal subdividido incorpora organizadores gráficos que facilitan la comprensión del tema. Se cierra con un balance de conclusiones sintéticas, un apartado de referencias de cinco a veinte fuentes (pp. 27-172) y con tres a seis preguntas orientadas a la reflexión. Esta meticulosa arquitectura editorial es la que determina, en última instancia, la eficacia del libro como un dispositivo eficaz para el autoaprendizaje.
Por otra parte, se advierte una subutilización del potencial didáctico del glosario: el libro no siempre registra los términos y expresiones esenciales desarrollados en cada tema. Para el estudiante que se aproxima por primera vez a la disciplina, el obstáculo mayor no radica necesariamente en la complejidad de los problemas abstractos, sino en la barrera terminológica inherente al discurso filosófico. Ciertamente, un glosario no solo cumple una función léxica elemental, sino también aclaratoria que previene la ambigüedad conceptual, propicia la comprensión y una reflexividad más clara. Un ejemplo de esta omisión es evidente en el apartado dedicado a Platón (p. 47), donde resulta indispensable esclarecer nociones como mundo inteligible, mundo sensible, dialéctica u opinión (dóxa), entre otras.
Asimismo, la disposición estructural de la obra deriva en una sutil fragmentación discursiva: el lector avanza por bloques temáticos bien delimitados —entre ocho y once páginas—; sin embargo, no alcanza la suficiente densidad conceptual que la filosofía exige. Al priorizar la transposición didáctica y la accesibilidad pedagógica, el texto tiende a atenuar la complejidad que supone el debate en la disciplina. Ciertamente, este sesgo no constituye un defecto de un libro de texto en sí mismo; no obstante, determina que ciertos temas asuman una función más panorámica, postergando el análisis exhaustivo y la discusión crítica.
La novedad del libro no reside, a mi juicio, en el mérito de su propuesta didáctica, sino en el enfoque y propósito que declara su título. No obstante, la expresión filosofía aplicada es, en nuestro medio, tan llamativa como inusual. Primero, porque no resulta familiar concebir la filosofía en esos términos, al entenderla fundamentalmente como teoría o pensar especulativo; y, segundo, porque no es fácil hallar un libro en español con esa denominación. En consecuencia, su enfoque constituye una presentación insólita de la filosofía en un curso universitario que suele organizarse según su división tradicional entre teórica y práctica, centrada esta última en el estudio de las acciones humanas en los planos ético y político.
Sin embargo, la filosofía aplicada es distinta de su vertiente práctica, incluso en su origen anglosajón. En este ámbito, se trata de emplear las herramientas conceptuales y procedimentales de la disciplina para abordar situaciones de la vida real. En otras palabras, consiste en proyectar la reflexión filosófica hacia diversas esferas de la vida —individual, institucional y social— como la salud, la tecnología, las organizaciones, la la política, el trabajo y la ecología, distanciándose del habitual interés especulativo. Este enfoque no hace sino subrayar, por un lado, la actualidad de la filosofía y, por otro, extender su capacidad de integrar la interdisciplinariedad en la resolución de problemas específicos.
Si bien el enfoque asumido en el libro de texto constituye un aporte, este no logra consolidarse plenamente, al menos en uno de sus apartados esenciales desde punto de vista filosófico las preguntas. Ello porque la filosofía aplicada evita la formulación crítica abstracta para centrarse ya sea en un caso, situación o referencia como punto de partida de un problema real. Aunque su extensión sea relativa, su función remite a hechos, experiencias o eventos genuinos. En el libro, no todas las preguntas cumplen este criterio —o lo satisfacen en distintos grados—, pues algunas son expresamente teóricas: “¿De qué manera el método hipotético-deductivo contribuye a la fiabilidad de la investigación científica? ¿Cómo se diferencia el método hipotético-deductivo de otros enfoques en su capacidad para generar conocimiento objetivo y verificable?” (p. 85) o, “según lo propuesto por Aristóteles, ¿cuál es la relación entre felicidad y virtud?” (p. 99).
En un horizonte más amplio, esta publicación, además, es valiosa porque se inscribe en el debate sobre la crisis de las humanidades, o de la paideia analizada por Cornelio Castoriadis, un proceso en el cual la educación ha postergado la formación integral y ética del ser humano para favorecer la instrucción de consumidores funcionales en un mercado laboral inestable. Ante este diagnóstico, la edición de Orozco se erige como un cuestionamiento explícito a ese modelo abriendo un horizonte de esperanza racional alineada con el imperativo universitario de respetar la dignidad de la persona y promover la autonomía ciudadana, la responsabilidad crítica y los valores éticos básicos de la democracia. Así, el libro propone la filosofía como un medio emancipatorio orientado a desarticular prejuicios, examinar creencias y orientar la acción.
Una interrogante ineludible para el lector universitario actual es la ausencia de una edición digital e incluso interactiva. Desde un criterio práctico y funcional, este formato ofrece ventajas evidentes para el estudio: facilita la consulta frecuente del texto, lo protege del deterioro o de la pérdida y favorece su portabilidad. Además, permite copiar, procesar y compartir la información de manera inmediata, así como estudiarla con apoyo de herramientas de inteligencia artificial. Cabe esperar, pues, una pronta edición en este formato o que el propio lector termine exigiéndola.
Más allá de ello, la publicación de Orozco adquiere todavía mayor relevancia al ofrecer estrategias prácticas, herramientas metodológicas y una estructura sencilla que destacan la vocación práctica del libro de texto como una fortaleza para nuestro tiempo y contexto. No solo favorece el autoaprendizaje y fomenta el coaprendizaje, sino que, a mi parecer, persigue un propósito más genuinamente filosófico: propiciar que los estudiantes piensen por sí mismos en diálogo con los autores y mejoren diversos aspectos de su vida personal, emocional y académica desde una marcada transversalidad ética y en consonancia con esa aquella comunión de bienes que Russell denominó del espíritu.
REFERENCIAS
Carlino, P. (2009). Leer y escribir en la universidad, una nueva cultura. ¿Por qué es necesaria la alfabetización académica? Página y Signos, 3(5), 13-52. https://www.aacademica.org/paula.carlino/85