Psicología de la actividad moral: propuesta
integradora de principios e implementaciones
en contextos socioculturales
Rubén Andrés Miranda-Rodríguez
https://orcid.org/0000-0003-2734-6856
Universidad Nacional Autónoma de México
Correo electrónico: [email protected]
Recibido: 17 de abril del 2026 / Aceptado: 2 de julio del 2026
doi: https://doi.org/10.26439/persona2026.n1.8765
RESUMEN. La psicología moral se ha centrado históricamente en procesos cognitivo-racionales e intuitivo-emocionales cuya explicación difícilmente puede integrarse, por lo que ha conformado una perspectiva fragmentada en el estudio de la aplicación conductual de principios morales. En ese sentido, el presente trabajo propone la teoría de la actividad moral (TAM) como un marco integrador, tanto de los procesos conocidos en una única conceptualización y estructuración de los niveles de actividad moral, como de los principios morales con sus aplicaciones prácticas en contextos socioculturales particulares a través del concepto de implementaciones morales. Asimismo, se discuten las posibles aportaciones de la TAM a la psicología moral en Latinoamérica y su potencial para integrar los conocimientos existentes en investigaciones e iniciativas institucionales de la región. Se invita a la comunidad científica a aplicar la presente propuesta teórica en estudios empíricos, de tal manera que se evalúe su contribución científica al estudio de la naturaleza psicológica de la moralidad.
PALABRAS CLAVE: psicología moral / actividad / principios / implementaciones morales / contexto sociocultural
Psychology of moral activity: an integrative proposal
of principles and implementations
in sociocultural contexts
ABSTRACT. Moral psychology has historically focused on cognitive-rational and intuitive-emotional processes whose explanations are difficult to integrate, resulting in a fragmented perspective on the behavioral application of moral principles. This paper proposes Moral Activity Theory (MAT) as an integrative framework, encompassing both known processes within a single conceptualization and structuring of levels of moral activity, and moral principles with their practical applications in specific sociocultural contexts through the concept of moral implementations. Furthermore, the potential contributions of MAT to moral psychology in Latin America and its potential integration with existing research and institutional initiatives in the region are discussed. The scientific community is invited to apply this theoretical proposal in empirical studies to evaluate its scientific contribution to the study of the psychological nature of morality.
KEYWORDS: moral psychology / activity / principles / moral implementations / sociocultural context
INTRODUCCIÓN
Los principios morales son ejes fundamentales para el comportamiento humano porque rigen el actuar en sociedad para no dañar a otros individuos y forjar relaciones interpersonales armoniosas (Jankélévitch, 2010). Sin embargo, no basta con identificarlos para que cumplan tal función, pues su traducción en comportamientos concretos puede complejizarse al grado de depender de múltiples factores contextuales (Berker, 2019; Shope, 1965). Podemos definir a los principios morales como afirmaciones normativas sobre el bien y el mal, cuya función es orientar el comportamiento de las personas (Railton, 1986, 2017). Sin embargo, pueden carecer de utilidad práctica si las personas no reconocen cómo aplicarlos en su vida cotidiana, lo cual resalta la necesidad de una aproximación psicológica moral, complementaria a una ética filosófica, que aporte respuestas sobre cómo llevar lo abstracto a lo concreto y lo práctico (Madani et al., 2020). Con la presente investigación, se intenta aportar a la comprensión del puente entre los principios morales y su aplicación en acciones concretas y prácticas sociales cotidianas desde una perspectiva psicológica que se ha complementado con revisiones filosóficas.
En psicología moral, destacan diferentes líneas de investigación que intentan explicar este puente; por ejemplo, los estudios sobre la identidad moral, que refiere a la autodefinición personal acorde con aspectos morales aplicados cotidianamente (Aquino & Reed, 2002), del carácter moral como dimensión de la personalidad y de reconocimiento de un yo moral que toma decisiones acordes con juicios y principios (Narvaez & Lapsley, 2009), e incluso de la desconexión moral, una línea que se enfoca en conductas antisociales justificadas moralmente (Bandura, 1999). Estos intentos han sido de gran utilidad para entender la aplicación de principios morales en conductas particulares, pero tienden a centrarse en una perspectiva de procesos cognitivos separados de la acción, no como elementos que forman parte de ella.
Para especificar a qué principios morales nos estamos refiriendo, podemos recurrir a algunos consolidados en la filosofía moral occidental por su carácter normativo, el que debe cumplirse en el actuar cotidiano. Así, nos referimos, por ejemplo, a los siguientes, los cuales se presentan seguidos de la “norma” que establecen:
Es importante destacar que no son los únicos principios morales existentes, pero se han elegido por representar un conjunto de estándares morales que pueden fungir como punto de partida para elaborar un razonamiento de aplicación práctica de la moralidad.
En círculos de filósofos o congresos académicos, podemos generar diversas recomendaciones después de un debate enriquecedor sobre cómo aplicar estos principios morales. Sin embargo, para la persona común (“la persona de a pie”), estos principios pueden ser aceptados como obviedades de lo que está bien y está mal, pero pueden ser difíciles de reconocer y de cumplir en decisiones concretas de la vida diaria, al grado de la contradicción, a pesar del apoyo en el nivel discursivo. Podemos analizar esto desde dos perspectivas: una, en la que asumimos que las personas solemos ser hipócritas e incongruentes, o bien, otra, en la que contemplamos la posibilidad de no saber cómo se aplican esas afirmaciones en nuestro día a día a pesar de querer hacerlo. El presente trabajo se centra en la segunda perspectiva e intenta aportar sugerencias desde una propuesta emergente de la psicología moral.
La aproximación tradicional de la psicología moral tiende a enfocarse en la división analítica de los procesos, los cuales se intentan descifrar respecto a cómo se armonizan en el comportamiento para una aplicación prudente de principios sobre el bien y el mal (Miranda-Rodríguez, 2022). Esta aproximación se ha dado a través de enfoques hegemónicos como el racionalista, que estudia la moralidad mediante procesos cognitivos de lógica, planeación y reflexión (Kohlberg, 1987; Narvaez, 2010; Rest et al., 2000); o el intuitivo-emocional, que prioriza los juicios y decisiones morales influenciadas por procesos automáticos, predominantemente inconscientes y afectivos (Greene et al., 2001; Haidt, 2010). Ambos enfoques han tenido una amplia influencia en la psicología moral, pero han prestado menor atención al establecimiento de un puente entre principios morales y acciones humanas (Haidt, 2001). Posiblemente, esto se deba a una creencia, predominantemente influenciada por perspectivas teóricas europeas o norteamericanas, de que lo racional y lo intuitivo-emocional son procesos de naturaleza psicológica diferente e independientes, donde la centralidad está en el individuo más que en su contexto (Miranda-Rodríguez, 2023).
Frente a ello, a través de una propuesta teórica que he denominado teoría de la actividad moral (TAM) (Miranda-Rodríguez, 2025), sugiero que una aproximación psicológica a la moralidad no tiene por qué separarse en subenfoques (como suele tratarse a las perspectivas racionalistas e intuitivo-emocionales), sino que se puede analizar desde uno solo que, además, se centra en la aplicación práctica de principios morales en contextos particulares como requisito para entender el sentido del bien y del mal en las personas. Con la TAM, propongo transformar el entendimiento de los procesos racionales e intuitivo-emocionales de estados mentales a niveles de complejidad de actividad humana. De ese modo, el objetivo de este trabajo es presentar a la TAM como una propuesta teórica integradora de los principios morales y sus aplicaciones prácticas, así como incurrir en el debate sobre la naturaleza psicológica de la moralidad. Para el desarrollo de esta propuesta, se añaden dos conceptos complementarios al ya mencionado de principios morales: actividad e implementaciones. En ese sentido, no se pretende realizar una revisión sistemática o narrativa de la literatura, sino una reorganización de conceptos que conformen un sistema teórico emergente para la psicología moral.
ACTIVIDAD MORAL
Desde la TAM, defino como actividad moral a la interacción entre las personas y el entorno con base en principios morales, lo cual se puede establecer mediante cuatro niveles de complejidad incluyente. Es decir, estos niveles se clasifican jerárquicamente según los elementos del contexto con los que se requiere interactuar, incluidas las cualidades del nivel o niveles anteriores (Miranda-Rodríguez, 2025):
En primer lugar, la reactividad moral considera las reacciones automáticas que solemos tener ante estímulos con potencial de ser evaluados como buenos o malos, ya que se pueden mostrar en términos de aproximación o alejamiento según el evento experimentado (Gęsiarz & Crockett, 2015). En segundo lugar, la actividad moral verbal se muestra en juicios (está bien o mal) y razonamientos (por qué está bien o mal) expresados con diferentes esfuerzos lingüísticos (Hayes et al., 1998, 2012). En tercer lugar, la actividad moralmente responsable considera eventos en los cuales se tiene la capacidad y la posibilidad de resolver con base en principios morales (Miranda-Rodríguez, 2023). Finalmente, la actividad sociomoral organizada se compone por una coordinación de individuos, cuyo fin es aplicar uno o varios principios morales de maneras más complejas que las posibles para una sola persona (Mitchell & Scott, 2023; Swanson, 1992).
Estos niveles de actividad moral obedecen a una lógica de complejidad incluyente (Ribes & López, 1985): la actividad moral verbal surge como un procesamiento lingüístico de la reactividad moral, la actividad moralmente responsable aplica principios morales reconocidos mediante actividad moral verbal y la actividad sociomoral organizada requiere de diversas actividades moralmente responsables coordinadas. Estos niveles son gradualmente interdependientes, pues uno requiere del o los anteriores para manifestarse. Asimismo, cabe destacar que la transición de un nivel a otro no se basa en una lógica de desarrollo cognitivo, sino en la posibilidad de aplicarse según las contingencias presentes en el entorno, las cuales pueden hacer más o menos factible que una persona o un grupo de personas realicen una u otra actividad (Miranda-Rodríguez, 2025).
La TAM se puede apreciar como un intento de integración de otras perspectivas, pero también como una reconsideración de sus formas de analizar la moralidad. En ese sentido, esta teoría reconsidera lo intuitivo-emocional más que como procesos alojados en el sistema nervioso o como respuestas instintivas del ser humano como especie evolucionada (Haidt, 2001, 2003); a lo cognitivo y racional, más que como estadios o esquemas mentales que representan un desarrollo que pone a la universalidad en un nivel más alto de sofisticación moral (Kohlberg, 1987; Rest et al., 2000); a la aplicación conductual de principios, más que como un conjunto de conductas gobernadas por reglas que requieren de cierto desarrollo de regulación verbal para consolidarse adecuadamente (Peláez, 2001; Peláez & Moreno, 1999; Reese, 1989); y a lo sociomoral, más que como una construcción intersubjetiva de ideas y creencias sobre el bien y el mal (Ellemers et al., 2013; Ellemers & Van den Bos, 2012). Con ello, podemos identificar a la TAM como una reconceptualización psicológica de la moralidad en tanto que ve lo cognitivo, afectivo, conductual y social como actividades, es decir, formas de interacción específicas de las personas con su entorno como parte de la puesta en práctica de su moralidad (Miranda-Rodríguez, 2025).
Ahora bien, proponer un sistema teórico dual —es decir, de principios morales (universalidad, comunicación, virtud, utilidad y justicia) por un lado, y de actividades morales (reactividad, verbal, responsable y sociomoral organizada) por el otro—, continuaría careciendo de la conexión entre principios morales y sus aplicaciones prácticas. Por esta razón, desde la TAM considero necesario reconocer un conjunto de procesos de aplicación como un tercer elemento analítico de la moralidad. A estos procesos les he denominado implementaciones morales.
IMPLEMENTACIONES MORALES
Defino a las implementaciones morales como aplicaciones pragmáticas de principios sobre el bien y el mal mediante diferentes manifestaciones de actividad. La idea de reconocerlas como una tercera dimensión analítica de la moralidad permite extraer unidades de análisis con su propia naturaleza psicológica de interacción individuo-medioambiente, más que analizar las relaciones entre dos dimensiones separadas (Miranda-Rodríguez, 2025). Desde un enfoque basado en el pragmatismo (Dewey, 1940; James, 1907/1975; Peirce, 1878/2016), las implementaciones morales permiten estudiar la moralidad en términos de cómo las personas practican principios sobre el bien y el mal a través de sus actividades cotidianas, incluyendo aquellas no deliberadas y que impliquen usos del lenguaje (ver Figura 1).
Figura 1
Implementaciones morales como prácticas conductuales de principios sobre el bien y el mal

Partiendo de cinco principios morales (universalidad, comunicación, virtud, utilidad y justicia) y cuatro niveles de actividad moral (reactivo, verbal, responsable y sociomoral organizado), podemos deducir veinte implementaciones morales (cada uno de los cinco principios con posibilidad de aplicarse de cuatro maneras diferentes). Con base en diversas evidencias en psicología y ciencias sociales que han estudiado los procesos psicosociales relacionados con principios y valores, podemos identificar las implementaciones morales de varias maneras. Por ejemplo, para las implementaciones del principio de universalidad, podemos apoyarnos en estudios que han examinado reacciones emocionales con expectativas de replicación universal (reactividad moral), expresiones de juicios y razonamientos sobre lo que debería aplicarse a toda la humanidad (actividad moral verbal), comportamientos prosociales cuyo deseo sea que todas las personas repitan esa forma de actuar en beneficio de los demás (actividad moralmente responsable), y acciones coordinadas por colectivos que invitan a que otros colectivos o individuos repitan en sus contextos y regiones (actividad sociomoral organizada) (Formosa, 2021; González, 2002; Kesberg & Keller, 2021; Lan et al., 2010; Myyry et al., 2021; Rest et al., 1997).
Sobre el principio de comunicación podemos retomar evidencias de reacciones emocionales y expresiones del lenguaje relacionadas con la honestidad, o bien acciones concretas de individuos y colectivos que defiendan la transparencia y el uso ético de la información (Goldstein et al., 2020; Ortega-Rodríguez et al., 2020; Ten Brinke et al., 2019; Tong et al., 2023). En cuanto al principio de virtud, evidencias de reacciones emocionales y juicios verbales como medios para valorar y solicitar la reproducción de aspectos destacables del ser humano, o bien la consolidación de las virtudes como prácticas de comportamiento individual o social, más que como rasgos personales (Haidt, 2003; Hartman et al., 2022; Riivari & Lämsä, 2019; Tjeltveit, 2003).
Con respecto al principio de utilidad, podemos hallar investigaciones que apuntan a reacciones emocionales y discursos orientados a favorecer a una mayoría de individuos sobre una pequeña cantidad, o bien, decisiones individuales o colectivas, comúnmente reguladas emocionalmente, para favorecer a la mayor cantidad de personas posible (Kahane et al., 2018; Keshmirian et al., 2022; Savulescu et al., 2020; Winking & Koster, 2021). Finalmente, en el principio de justicia, investigaciones sobre expresiones afectivas y discursos contundentes que visibilizan desigualdades y abusos, o bien, movilizaciones individuales o colectivas para establecer un balance y una sensación de reciprocidad social (Faez et al., 2012; Sutter, 2007; Xu et al., 2016; Zheng et al., 2017). La Tabla 1 ilustra los ejemplos antes mencionados de implementación de cinco principios mediante cuatro niveles de actividad moral.
Tabla 1
Veinte implementaciones morales deducidas de cinco principios aplicados mediante cuatro niveles de actividad moral
|
Reactiva |
Verbal |
Responsable |
Sociomoral |
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Universalidad |
Reactividad moral del principio de universalidad |
Actividad moral verbal del principio de universalidad |
Actividad moralmente responsable del principio de universalidad |
Actividad sociomoral organizada del principio de universalidad |
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Comunicación |
Reactividad moral del principio de comunicación |
Actividad moral verbal del principio de comunicación |
Actividad moralmente responsable del principio de comunicación |
Actividad sociomoral organizada del principio de comunicación |
|
Virtud |
Reactividad moral del principio de virtud |
Actividad moral verbal del principio de virtud |
Actividad moralmente responsable del principio de virtud |
Actividad sociomoral organizada del principio de virtud |
|
Utilidad |
Reactividad moral del principio de utilidad |
Actividad moral verbal del principio de utilidad |
Actividad moralmente responsable del principio de utilidad |
Actividad sociomoral organizada del principio de utilidad |
|
Justicia |
Reactividad moral del principio de justicia |
Actividad moral verbal del principio de justicia |
Actividad moralmente responsable del principio de justicia |
Actividad sociomoral organizada del principio de justicia |
Cabe mencionar que esta clasificación de implementaciones puede ser solo un punto de partida, pues el proceso de aplicación práctica de principios morales mediante diferentes niveles de actividad permite, en sí mismo, proponer otros principios no contemplados en este trabajo (considerando la mención previa de que los cinco principios morales abordados son solo una clasificación inicial que puede modificarse o expandirse). La encomienda será, entonces, desarrollar evidencias que evalúen cómo uno u otro principio moral se aplica en las reacciones, expresiones verbales, responsabilidades individuales y acciones colectivas de las personas. Asimismo, el enfoque pragmático de la TAM sugiere identificar cómo los principios morales se pueden actualizar en los contextos socioculturales, es decir, cómo su factibilidad en las prácticas sociales cotidianas provoca que estos principios se consoliden, se modifiquen o incluso dejen de ser importantes para algunas sociedades.
En cuanto a la operacionalización de las implementaciones morales, se proponen diversas estrategias derivadas de las maneras como se conceptualiza la naturaleza psicológica de cada nivel de actividad y su potencial relación con cada principio moral. En la Tabla 2 se muestran los indicadores y las propuestas de medición correspondientes con la presentación general de la TAM (Miranda-Rodríguez, 2025), la cual apunta a un enfoque multimétodo de evaluación que contemple el uso de métodos cuantitativos y cualitativos que provean datos relacionados con los indicadores psicológicos y socioculturales (Triandis et al., 1990). Cabe diferenciar entre las implementaciones y las conductas morales: las primeras representan una convergencia entre uno o varios principios morales y una o varias estrategias de aplicación mediante niveles de actividad con distinta complejidad, mientras que las segundas son acciones específicas basadas en regulaciones verbales respecto de si alguna experiencia es buena o mala (Hayes et al., 1998) sin ahondar estrictamente en un principio que está siendo aplicado.
Tabla 2
Propuestas de operacionalización de las implementaciones morales
|
Tipos de implementación |
Indicadores relacionados con principios morales |
Estrategias de evaluación |
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De reactividad moral |
Emociones y reacciones fisiológicas |
Instrumentos de evaluación fisiológica o autorreporte enfocados en las respuestas inmediatas a escenarios que apoyen o transgredan principios morales. |
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De actividad moral verbal |
Expresiones lingüísticas y discursos |
Instrumentos de autorreporte sobre juicios y razonamientos y técnicas cualitativas que evoquen a narraciones, puntos de vista, experiencias u opiniones en torno a principios morales. |
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De actividad moralmente responsable |
Toma de decisiones y conductas observables de interacción con |
Análisis funcional de la conducta y observación de decisiones tomadas ante escenarios que representen contextos relacionados con principios morales. |
|
De actividad sociomoral organizada |
Procesos psicosociales de cooperación y coordinación |
Experimentos sociales relacionados con decisiones grupales basadas en principios morales, grupos focales, instrumentos de autorreporte sobre el cumplimiento coordinado de principios y valores en familias o parejas y rúbricas de desarrollo ético en organizaciones. |
De la Tabla 2 se desprende que la operacionalización de las implementaciones morales serían el establecimiento empírico del puente entre principios y sus aplicaciones, el cual no se basaría estrictamente en nuevos fenómenos psicológicos descubiertos, sino en la integración de los ya conocidos sobre la base de un solo marco conceptual. Por ejemplo, respecto a las implementaciones morales del principio de justicia: de reactividad moral, podríamos ubicar reacciones de enojo ante la presencia de eventos de desigualdad; de actividad moral verbal, a los discursos que visibilizan las injusticias o los abusos de autoridad; de actividad moralmente responsable, a las decisiones para ejercer o buscar tratos iguales y recíprocos; y de actividad sociomoral organizada, a las movilizaciones y manifestaciones sociales para exigir el cumplimiento justo de derechos. Estos comportamientos no son ajenos al conocimiento de la psicología y ciencias afines, pero podrían integrarse en un solo sistema conceptual y operacional para un entendimiento probablemente más claro de la naturaleza psicológica de la moralidad.
PROCESO DE ACTUALIZACIÓN SEGÚN EL CONTEXTO SOCIOCULTURAL
La TAM se basa también en una perspectiva etnopsicológica, la cual propone que los principios morales se someten a procesos de actualización en los cuales se reconoce cómo es que cada contexto sociocultural puede tener más o menos sensibilidad moral a eventos diferentes. En la medida en que uno u otro principio moral funciona para responder a las condiciones del entorno, podemos identificar cuáles imperan en los comportamientos, costumbres y tradiciones de los miembros de una comunidad y cuáles no. Esto permite resaltar que los principios morales no se asumen desde la TAM como universales, arbitrarios o inmodificables, sino como formulaciones sobre el bien y el mal cuya permanencia depende de su pertinencia para ser implementados en contextos socioculturales específicos. Al respecto, podemos basarnos en los argumentos de Díaz-Guerrero et al. (1995) sobre la naturaleza sociocultural de los valores.
Díaz-Guerrero et al. (1995) sostienen que la persistencia de los valores depende de cómo contribuyen a la satisfacción de necesidades individuales y demandas sociales. Señalan que las condiciones ecológicas demandan una serie de comportamientos sociales que, si funcionan para la adaptación de cada individuo y la convivencia armoniosa, serán apreciados y recibirán etiquetas lingüísticas adjetivadoras como importantes, indispensables, útiles, necesarios o valiosos. En cuestiones morales, podemos agregar que impactarán en la delimitación social de lo que se considere bueno o malo en tanto continúen fungiendo como prácticas que coadyuven a tales adaptaciones individuales y convivencias sociales armoniosas.
Ahora bien, si estas prácticas persisten en su funcionalidad, se irán comunicando entre generaciones y probablemente cumplirán el rol de normas de comportamiento, expresadas verbalmente como principios que regirán las acciones en términos de delimitar qué está bien y qué está mal. Asimismo, probablemente se irán consolidando como reglas hegemónicas en tanto su funcionalidad se mantenga históricamente (Díaz-Guerrero et al., 1995; Rivera, 2024). Por otro lado, si estos principios dejan de ser funcionales para responder a las condiciones ambientales y a la resolución de necesidades individuales o colectivas, eventualmente dejarán de considerarse valiosos para la delimitación del bien y el mal en el contexto sociocultural en cuestión; incluso a pesar de que persista su utilización en las conversaciones e interacciones sociales, pues, probablemente, seguirá perteneciendo a las costumbres de la comunidad, solo que sin una carga valorativa (Díaz-Guerrero, 1998; Díaz-Loving, 2025).
Los trabajos de Díaz-Guerrero (1994, 2003) también consolidaron una visión del comportamiento humano que contempla el contexto sociocultural para precisar sus mediciones e interpretaciones. A través de estos trabajos y otros que los continuaron (Díaz-Loving, 2017; Díaz-Loving et al., 2011), se ha demostrado la presencia de una serie de premisas histórico-socioculturales (PHSC), entendidas como normas y creencias que rigen los comportamientos regionales en términos del sentir, pensar y decidir de las personas. Estas PHSC se establecen, cuestionan u obedecen según su relevancia para la adaptación de las personas a su entorno. Para Díaz-Loving (2026), los procesos de estabilización, fortalecimiento o debilitamiento de las PHSC se dan por una dinámica en la que las personas las contrastan con nuevas experiencias de interacción con el mundo, de tal manera que se evalúa si siguen siendo de utilidad o si se les debe restar importancia y es necesario regirse por otro tipo de afirmaciones.
Con respecto a principios, actividades e implementaciones morales, la TAM se inspira en los planteamientos etnopsicológicos mencionados para proponer que los principios morales cumplen una función similar a las PHSC en términos de que se actualizan, modifican o debilitan en las sociedades según su practicidad para la resolución de necesidades individuales y demandas sociales (qué tan necesario es que se implementen en la cotidianidad). Como se aprecia en la Figura 2, la postura pragmatista de la TAM sugiere que los principios morales se validan según si las personas pueden implementarlos en sus actividades diarias para interactuar con su entorno, ya sea mediante sus reacciones, verbalizaciones, decisiones responsables o acciones colectivas (Miranda-Rodríguez, 2025).
Figura 2
Proceso pragmático de validación de los principios morales según los contextos en los que se implementan

APORTACIONES A LA PSICOLOGÍA MORAL Y EL CONTEXTO LATINOAMERICANO
Si bien la TAM parte de posturas teóricas europeas y norteamericanas para proponer sus bases conceptuales y epistemológicas, intenta mostrarse como una aproximación que atiende una situación preocupante en la psicología moral: una sobrerrepresentación de explicaciones basadas en datos provenientes de dichas regiones. Las sociedades western, educated, industrialized, rich y democratic (WEIRD) han fungido históricamente como la base empírica de información que sustenta las teorías y modelos más reconocidos, como los ya mencionados racionales e intuitivo-emocionales (Haidt, 2001, 2007; Kohlberg, 1964; Rest et al., 1999). Así, la psicología moral carece de una presencia teórica consolidada desde Latinoamérica, principalmente en términos de un establecimiento de posturas centradas en la realidad social de su población. Con la TAM, se presenta una aproximación teórica que se centra en ejercer la moralidad de una manera que no depende de desarrollarse en contextos culturales WEIRD para consolidarse, ya que se centra en la aplicación práctica cotidiana más que en clasificaciones de desarrollo asociadas a contextos socioculturales y educativos específicos (como se mencionó previamente con respecto a que la transición de un nivel de actividad a otro no depende de un desarrollo cognitivo).
Ahora bien, la investigación en psicología moral en Latinoamérica no es un terreno vacío, solo requiere integración de las aportaciones empíricas a las reflexiones filosóficas y los proyectos de ética profesional que se han hecho en la región (Herrera-Romero & Uribe-Cerdas, 2021). Además de algunas que ya se han mencionado (Peláez, 2001; Peláez & Gewirtz, 1992; Peláez & Moreno, 1999), diversas líneas de investigación latinoamericanas han aportado al estudio psicológico de la moralidad desde sus respectivos enfoques. Por ejemplo, el desarrollo y dinámica del juicio moral en contextos de criminalidad (Tovar & Ostrosky-Solís, 2013); las emociones morales desde una perspectiva neurobiológica y sociocultural (Atilano-Barbosa et al., 2022; Londoño-Cortés et al., 2023; Ostrosky-Solís & Vélez-García, 2008); la desconexión moral como proceso sociocognitivo comúnmente implicado en diferentes tipos de violencia (Bautista Hernández et al., 2021; Gomez-Tabares et al., 2025); los fundamentos morales y sus adaptaciones culturales como bases de las actitudes, opiniones y tendencias políticas (Roca et al., 2026); y el razonamiento moral desde el marco teórico crítico o de reconsideración de los enfoques kohlbergiano y neokohlbergiano (Barrios et al., 2012; Miranda-Rodríguez et al., 2023).
Cabe destacar que los esfuerzos por realizar investigación en psicología moral comienzan a tener resultados institucionales: la creación del Laboratorio de Emociones y Juicios Morales de la Universidad de los Andes, Colombia, cuyo propósito es estudiar la naturaleza emocional de la moralidad y su relación con diversas cualidades del comportamiento a través de investigaciones que conecten los principios de la filosofía con los avances en la psicología (Universidad de los Andes, s. f.). Podemos ver que la psicología moral ya es más que un área de interés para unos cuantos investigadores latinoamericanos, pues cada vez cobra mayor relevancia en el estudio del comportamiento humano y su relación con las condiciones sociales de esta región.
A pesar de estos avances, la producción científica latinoamericana es un reflejo de la situación global en la psicología moral: una diversidad de posturas que difícilmente pueden converger en acuerdos mutuos sobre la naturaleza psicológica de la moralidad (Greene, 2009). Cabe resaltar que esto no se debe a la calidad de las investigaciones, sino más bien a una falta de integración de conocimientos que permitan establecer diálogos mutuamente entendibles que atiendan la complejidad inherente al objeto de estudio en esta área (Narvaez, 2010). Se trata de un problema de fragmentación y una necesidad de integración teórico-metodológica que también ocurre en la psicología en general debido a una creciente heterogeneidad en el conocimiento compartido en la disciplina (Meehl, 1986; Triandis et al., 1990).
Es así como uno de los desafíos que presenta la psicología moral (tanto en Latinoamérica como en otras partes del mundo) es el establecimiento de enlaces entre las aportaciones que se han hecho desde diferentes líneas de investigación, modelos teóricos y bases filosóficas; de tal manera que esto también provea de conocimientos científicos sobre los puentes entre los principios morales abstractos y sus aplicaciones prácticas en contextos particulares. Los planteamientos de la TAM se sostienen en una lógica teórica y epistemológica que atiende estas necesidades desde la integración de los marcos intuitivo-emocionales y racionales en un sistema de actividad pragmatista que armoniza el empirismo y el racionalismo, hasta la presentación de las implementaciones morales como los procesos potencialmente medibles de las formas de aplicar los principios en actividades cotidianas concretas.
Así, la TAM se propone como una posible contribución al posicionamiento y consolidación de la psicología moral en Latinoamérica, esencialmente con una propuesta teórica que intenta reestructurar e integrar conceptos ya conocidos y que se han utilizado en líneas de investigación latinoamericanas. También se espera que la postura epistemológica, centrada en el ejercicio de la moralidad a través de la práctica cotidiana, sea pertinente para promover el comportamiento basado en principios morales de una manera más sensible con las condiciones educativas, económicas y socioculturales de la mayoría de las personas que habitan en los países que conforman la región.
DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES
La presente propuesta teórica se centra en el estudio científico de la moralidad. No solo desde los principios como reglas abstractas sobre el bien y mal ni desde los procesos psicosociales implicados en juicios, emociones, razonamientos o decisiones morales. Más bien, se centra tanto en la integración y reconceptualización como en el establecimiento de un puente entre tales principios y sus aplicaciones prácticas. A través de la TAM, se propone una perspectiva teórica de la psicología moral que compila principios con actividades mediante implementaciones morales como una tercera dimensión analítica que no los fragmenta, sino que trata las pruebas pragmáticas de principios morales en actividades cotidianas como una unidad de análisis fundamental.
Entre las limitaciones de la presente propuesta se identificó que la TAM aún se encuentra en un nivel de presentación conceptual, pero que su propuesta cuenta con algunos elementos para ser susceptible a la comprobación empírica, los cuales se profundizan en una obra inicial (Miranda-Rodríguez, 2025). Asimismo, su estructuración permite la discusión con otras posturas teóricas de la psicología moral, como son las intuicionistas y las racionalistas (Haidt, 2001, 2007; Kohlberg, 1987; Rest et al., 1999), ya que propone una reconceptualización de procesos afectivos (como los fundamentos morales o los juicios intuitivos) y cognitivos (como los estadios kohlbergianos y los esquemas neokohlbergianos o las funciones cognitivas complejas referentes a los procesos de razonamiento) a niveles de actividad que forman parte de la misma naturaleza de interacción entre las personas y su medio, los cuales se complejizan en función de las condiciones del contexto y la posibilidad de relacionarse con ellas. En adición, permite la discusión sobre el uso diferenciado y la posible interacción con otros constructos como la identidad, el carácter o la desconexión moral (Aquino & Reed, 2002; Bandura, 1999; Narvaez & Lapsley, 2009).
En términos de los debates sobre la naturaleza psicológica de la moralidad, Haidt (2001) postuló que las diferencias entre posturas intuicionistas y racionalistas no son infranqueables, por lo que se podría apuntar a una armonización de ambas perspectivas. En ese sentido, se está de acuerdo; sin embargo, lo que ha existido en la literatura ha sido más bien una aceptación de la existencia de múltiples procesos cognitivos y afectivos que coexisten por separado y se relacionan entre sí, pero que no pertenecen a una misma cualidad psicológica. Con la TAM no se intenta descubrir nuevos procesos ajenos a los ya descubiertos en la psicología moral, sino presentar una conjunción de postulados y conceptos que permita identificarlos como cualidades humanas que tienen una misma naturaleza, por lo que pueden entenderse mediante un solo sistema psicológico y psicosocial.
Con el presente trabajo se intenta postular una reconceptualización de lo intuitivo, emocional, cognitivo y racional para un entendimiento unificado, especialmente a través de la presentación de las implementaciones morales como un factor analítico integrado. En ese sentido, los comportamientos respondientes a experiencias percibidas como buenas o malas se entenderían como actividades morales; las reglas sobre el bien y el mal sin aplicación en comportamientos particulares, como principios morales; y las relaciones entre actividades como las aplicaciones empíricas y principios como las reglas racionales, como implementaciones morales (como las pruebas pragmáticas que los conectan).
Además de las propuestas de operacionalización de la Tabla 2, se sugieren diferentes abordajes teórico-metodológicos para llevar la propuesta conceptual de las implementaciones morales a la investigación. En particular, se sugieren estrategias metodológicas cuantitativas y cualitativas desde marcos como la ciencia conductual contextual (Hayes et al., 2012), la etnopsicología (Díaz-Guerrero, 1995; Díaz-Loving, 2019), el enfoque multimétodo de investigaciones socioculturales (Triandis et al., 1990) y los estándares para pruebas educativas y psicológicas (American Educational Research Association et al., 2018), entre otras estrategias de demostración científica, las cuales se sugieren por su atención a la necesidad de validar afirmaciones abstractas en tanto puedan ser aplicadas en contextos particulares. Se invita a la comunidad científica a presentar evidencias que confirmen, sugieran modificaciones o refuten los argumentos que emanan de este trabajo.
En lo que respecta a los principios morales y a las bases epistemológicas de la TAM, es fundamental resaltar que el uso de referentes filosóficos como Kant, Habermas, Bentham, Aristóteles y Rawls no se hizo con fines epistemológicos, sino que sus planteamientos se han utilizado para visibilizar principios morales como reglas de comportamiento cotidiano, no como fundamentos filosóficos de la TAM. Ahora bien, las posibles tensiones filosóficas identificables entre los autores citados para clasificar los principios morales podría ser un punto de partida para corroborar empíricamente cómo podrían converger o contraponerse en cuanto a su ejercicio en la práctica cotidiana. Como ejemplo claro, interrogantes que podrían surgir por retomar la filosofía kantiana del universalismo, la cual no refiere estrictamente al ejercicio práctico, pero se toma para la redacción de una norma de comportamiento que no pretende representar en su totalidad su marco filosófico. En ese sentido, cabe enfatizar que la base epistemológica de la TAM es el pragmatismo, especialmente desde su entendimiento como una propuesta de armonización de reglas abstractas racionales y aplicaciones prácticas a través de la experiencia (Dewey, 1940; James, 1907/1975; Peirce, 1878/2016).
De este modo, se presenta una teoría que intenta visibilizar una perspectiva de la moralidad como algo que podemos aplicar todos los días, pues se enfoca en la práctica de principios a través de reacciones, verbalizaciones, decisiones responsables o acciones colectivas. Asimismo, asume que la noción de lo correcto reside necesariamente en el hacer, más que en el ser, por lo que no se trata de ser buenas o malas personas, sino de hacer cosas buenas o malas de acuerdo con el ejercicio activo de principios morales en contextos particulares.
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