FRONTERA SUR GLOBAL:
(RE)SIGNIFICACIÓN SIMBÓLICA
DE LOS ESPACIOS PÚBLICOS DE BORDE
GLOBAL SOUTHERN BORDER: SYMBOLIC (RE)SIGNIFICATION
OF BORDER PUBLIC SPACES
Vanessa Forneck
Universidad de São Paulo, Brasil
https://orcid.org/0000-0002-8796-0906
Manoel Rodrigues Alves
Universidad de São Paulo, Brasil
https://orcid.org/0000-0002-6935-0477
Recibido: 15 de diciembre del 2025
Aprobado: 24 de abril del 2026
doi: https://doi.org/10.26439/limaq2026.n018.8482
Este artículo investiga los espacios públicos de borde de frontera, considerando las complejidades e imprevisibilidades inherentes al territorio. Esto se justifica por la naturaleza ambigua de estos espacios, que simultáneamente acogen y generan tensión en las relaciones. Se adopta como método la cartografía de lo sensible, con el objetivo de mapear y analizar los espacios de borde en Concordia y Salto, en la frontera entre Argentina y Uruguay, para comprender lo que pulsa en estos territorios y qué pistas ofrecen para los procesos de coproducción de espacios públicos por parte de diferentes agentes orientados hacia la alteridad. Los resultados revelan la configuración de territorios poderosos de intercambio y aprendizaje colectivo, en los que el río, si bien es una frontera, actúa con flexibilidad, pues integra paisajes y formas de habitar. Se concluye que los bordes expresan la “apertura” que favorece la alteridad y la construcción compartida del espacio público.
bordes, cartografía de lo sensible, coproducción, espacio público, frontera
This article investigates border edge public spaces, considering the complexities and unpredictability inherent to the territory. It is justified by the ambiguous character of these spaces, which simultaneously welcome and create tension in relationships. The cartographic of the sensible is adopted as the method, with the objective of mapping and analyzing the border edge spaces in Concordia and Salto, on the border between Argentina and Uruguay, in order to understand what pulsates in these territories and what clues they offer for co-production processes of different agents of public spaces oriented by otherness. The results reveal the configuration of powerful territories of sharing and collective learning, in which the river, although a border, acts flexibly, integrating landscapes and ways of inhabiting. It is concluded that the edges express the “openness” that favors otherness and the shared construction of public space.
edges, cartography of the sensible, co-production, public space, border
Este es un artículo de acceso abierto, distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution 4.0 International (CC BY 4.0).
INTRODUCCIÓN1
En este artículo se analizan los espacios públicos en zonas fronterizas donde se manifiestan distintas espacialidades y territorialidades en las ciudades de Concordia y Salto, en la frontera entre Argentina y Uruguay. Al igual que estas ciudades, las otras ciudades de esta frontera internacional se ubican dentro del espacio fronterizo argentino-uruguayo (EFAU), por el cual discurren dos ríos importantes —el río Uruguay y el río de la Plata—, que influyen en la dinámica urbana de estos espacios (Figura 1).

El río Uruguay marca la frontera entre ambos países, cuya navegación siempre ha sido fundamental para quienes viven a lo largo de la frontera. Gracias a las favorables características geográficas de la región, entre 1979 y 1982 se construyeron la represa y el puente internacional de Salto Grande, ubicados al norte de Concordia y Salto. El proyecto fue desarrollado y es administrado por ambos países (Borche & Frigo, 2019).
La construcción del puente mejoró la dinámica entre las ciudades, lo que facilitó el tráfico local en la frontera, así como el movimiento permanente, temporal y transitorio de migrantes. Además de la construcción de dicho puente y de la represa, otra situación importante durante este periodo fue la formación de la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU)2, una organización internacional conformada por la República Argentina y la República Oriental del Uruguay, cuyo fin es crear un sistema administrativo para el río Uruguay y los tramos compartidos por ambos países (Rascovan, 2017).
Los territorios fronterizos son espacios en constante transformación que albergan ambigüedades y formas de coexistencia en todo momento, lo cual convierte el uso partido del territorio en un gran desafío. Si bien se definen acuerdos fronterizos que buscan promover cada vez más las políticas de integración, también pueden surgir puntos de conflicto, lo que genera señales de alerta en estos territorios. En los límites de las ciudades fronterizas se pueden encontrar diversas manifestaciones urbanas, ya que estos espacios marcan el margen del territorio y pueden interpretarse como espacios de imprecisión e incertidumbre.
El borde puede entenderse como una zona de indefinición y no como un límite preciso entre cosas distintas; es decir, es el espacio donde se unen las cosas que se tocan (Fuão, 2019). En esta zona intrigante e impredecible, se manifiestan diferentes cuerpos y acciones, lo que posibilita la coproducción de diversos agentes a través de un proceso que busca crear algo en conjunto, considerando diferentes puntos de vista, conocimientos y experiencias; es decir, el espacio de la alteridad que reconoce al otro y acoge diferentes perspectivas en un mundo común.
Partiendo de una perspectiva basada en la filosofía de la diferencia3 y considerando la complejidad de estos espacios, surge la siguiente pregunta: ¿qué pulsa en los espacios de borde de los territorios en una frontera del sur global4 que pueda ofrecer pistas para la coproducción de espacios públicos basados en la alteridad? Para responder, se propone una lectura del territorio desde perspectivas que se distancian de un enfoque hegemónico y homogéneo. Con ello se alude a un tipo de cartografía que, a diferencia de los mapas considerados tradicionales —como los trazados de calles, las topografías, etcétera—, promueve una lectura crítica y sensible de un espacio determinado.
El método adoptado fue la cartografía de lo sensible5, el cual busca captar las distintas manifestaciones en los espacios urbanos para mapear y analizar los espacios de borde en las ciudades de Concordia y Salto, en la frontera entre Argentina y Uruguay, con el fin de comprender las diferentes formas de interacción que se manifiestan en estos territorios. La importancia del trabajo se justifica, sobre todo, en el reconocimiento de las distintas perspectivas sobre las formas de vivir y habitar los territorios fronterizos. Lejos de limitarse a un espacio a menudo entendido como conflictivo y bajo estricto control, la frontera abarca un conjunto de experiencias y vivencias compartidas entre pueblos vecinos, lo que se convierte en una poderosa herramienta analítica al abordar territorios tan múltiples y complejos.
Los espacios de borde, generalmente áreas de intermediación del espacio urbano, revelan un potencial al albergar diversas coexistencias, en las que la coproducción de diferentes usos y actividades se da en un mismo espacio compartido. Más allá de una cuestión geográfica, existe una relación intrínseca con el río Uruguay, en la que los bordes manifiestan la heterogeneidad y multiplicidad presentes en estos territorios, acogiendo la alteridad en los espacios públicos, de modo que se pueden imaginar otros escenarios e, incluso, proyectos destinados a promover aún más la integración fronteriza.
FRONTERAS, BORDES Y ESPACIOS PÚBLICOS
La definición de frontera es un tema que se ha debatido a lo largo de los años y que está en constante evolución, ya que no existe una única definición que abarque todo lo que representa este espacio. Sandes (2023) analiza cómo el concepto de frontera se ha transformado con el tiempo. En general, la comprensión de las fronteras internacionales ha estado marcada por distintas tendencias, especialmente en la primera mitad del siglo xx, por ejemplo, con Friedrich Ratzel (1844-1904), quien abordó el concepto desde una perspectiva geopolítica y militar, y Frederick Turner (1861-1932), quien se centró en los estudios de fronteras de expansión (o económicas).
En la segunda mitad del siglo xx, debido a acontecimientos como el fin de la Guerra Fría, la creación de nuevos estados en la antigua Unión Soviética, los conflictos territoriales en Oriente Medio, el proceso de integración de la Unión Europea, la migración a países desarrollados, entre otros, se reanudó el debate y las implicaciones de la cuestión fronteriza. En el contexto geopolítico actual, el tema y los estudios sobre fronteras continúan renovándose, especialmente debido a la intensificación de los movimientos migratorios, a la intensificación de los conflictos territoriales, como el de Rusia y Ucrania o el de Israel y Palestina, así como a los intereses geopolíticos a escala global derivados de la redistribución del poder a nivel internacional (Sandes, 2023).
La autora Hanciau (2005) señala que, más que hitos físicos o naturales, las fronteras indican principalmente una capacidad imaginativa para reconfigurar la realidad, de modo que los habitantes se perciben y califican a sí mismos, a su propio tiempo y a ese espacio desde una perspectiva distinta. La frontera también predispone al encuentro con el otro, a los encuentros con lo nuevo, lo mixto, lo híbrido, lo diferente, con un tercero que se insinúa como un pasaje.
En este espacio de contacto, se crea una interrelación entre individuos, no definida por la separación o la segregación, sino por una presencia común, con prácticas e interacciones interconectadas, aun cuando se produzcan dentro de relaciones de poder asimétricas. Con ello, estos espacios, entendidos como entre-lugares6, abren el camino para que se inicien nuevas estrategias de subjetivación, lo que da lugar a nuevos signos de identidad, con el fin de promover la colaboración y la confrontación en el proceso de definir la propia comprensión de la sociedad (Hanciau, 2005).
El territorio fronterizo también se refiere al sentido de umbral, que alude a la idea de tránsito, paso y no de estancia. Camblong (2012, como se cita en Renoldi et al., 2017) comenta que el concepto de umbral no necesariamente limita; por el contrario, se abre a todo lo que transita de un lado a otro o de un Estado a otro. En el umbral, este espacio-tiempo es constantemente inestable y, por lo tanto, es necesario estar atento a la recreación de las reglas que sustentan las interacciones. Esto garantiza el movimiento en el umbral.
Complementando este espacio de contacto, Tschumi (1999, como se cita en Campos, 2004) presenta una relación entre in-between y un territorio de intermediación, que puede entenderse como un fenómeno espacial y programático, así como la intersección de uno con el otro. Refiriéndose a la noción de in-between, Campos (2004) comenta: “In remete a ideia de espaço urbano intersticial, às interfaces de grande ou pequena escala; between alude à condição ‘entre’ situações-fronteiras, eventos do ambiente urbano; e finalmente o hífen expressa a articulação entre as duas ideias [In remite a la idea de espacio urbano intersticial, a las interfaces de gran o pequeña escala; between alude a la condición de estar ‘entre’ situaciones-fronteras, eventos del entorno urbano; y, finalmente, el guion expresa la articulación entre ambas ideas]” (p. 141). En general, se relaciona con la investigación de los márgenes desde todo lo que pueden representar y especialmente como contaminación, en el sentido de un territorio fronterizo entre una situación y otra (Tschumi, 1999, como se cita en Campos, 2004).
Además de abordar las fronteras mediante definiciones y conceptos, este espacio también incluye un conjunto de definiciones y orientaciones para establecer directrices sobre el territorio. Benedetti y Bustinza (2017) señalan que el primer documento orientado a la integración entre la frontera entre Argentina y Uruguay fue el Acuerdo de Cooperación Económica de 1974. Este documento estableció acciones conjuntas, especialmente para resolver problemas de infraestructura —por ejemplo, en los ámbitos de la energía, el transporte y las comunicaciones— y, en particular, medidas necesarias para facilitar el tránsito fronterizo entre ambos países. A lo largo de los años, se crearon otros acuerdos con el objetivo general de promover la cooperación, la integración y el desarrollo en las zonas fronterizas.
Sin embargo, cabe recordar que, a pesar de parecer un espacio materialmente objetivo, las fronteras están marcadas por la circulación de personas y mercancías a través de zonas delimitadas según las normas de cada país. En estas zonas, las medidas de control, regidas por la normativa estatal, presentan cierta flexibilidad e imprevisibilidad para quienes las cruzan. Por lo tanto, el espacio fronterizo puede entenderse como un límite peligroso, un desafío o una oportunidad, según la perspectiva de cada persona (Renoldi et al., 2017).
El contexto fronterizo también está vinculado al concepto de borde. Según Fuão (2019), todo tiene un borde, ya sea un objeto, un cuerpo o un espacio. Existen límites políticos que se adoptan para establecer demarcaciones más precisas en ciertos territorios, como ocurre con la delimitación de fronteras. Sin embargo, incluso en estos casos, en los que se definen los límites, pueden encontrarse zonas de indefinición, áreas de intermediación.
El borde trasciende la idea restrictiva de algo preciso o limitado, ya que su dimensionalidad es siempre relativa. Se establece como una zona de transición, el punto de contacto, la unión entre una cosa y otra. El borde permite el “des-borda-miento”, es decir, todo lo que excede, escapa y trasciende. La palabra desbordamiento indica movimiento; es aquello que sobrepasa y permite que los elementos se unan (Fuão, 2019).
Según Santos (2025), el borde puede entenderse como una configuración espacial híbrida y dinámica, en la que se entrelazan discontinuidades normativas, superposiciones de diferentes lógicas territoriales e intersticios marcados por procesos de apropiación, desviación y creación. Más que una simple periferia geográfica, el borde revela las ambivalencias y tensiones inherentes a los procesos urbanos, lo que se configura como un espacio impregnado de constantes reinvenciones en la vida cotidiana.
Así, el borde se entiende como un espacio potencialmente marcado por la ambigüedad y la experimentación, donde la ausencia —o la precariedad— del Estado y del mercado formal no genera estancamiento, sino que favorece el surgimiento de otras formas de producción del espacio y de la vida urbana. En el caso de los espacios fronterizos, en lugar de representar el fin de la ciudad, el borde resalta su expansión contradictoria, su incompletitud constitutiva y sus modos alternativos de apropiación. En los bordes se manifiesta la posibilidad de otros espacios, es decir, de lógicas distintas que encuentran en estos límites las condiciones para producir nuevos campos de posibilidad, más allá de los definidos por el espacio previamente concebido (Santos, 2025).
Según Arroyo (2007), los espacios de borde pueden asumir diferentes configuraciones, ya que, además de expresar características del espacio público, también pueden revelar problemas como la segregación, las rupturas y los procesos de desintegración de la estructura sistémica de la ciudad. La comprensión de este fenómeno se amplía cuando la noción de frontera se integra y dialoga con otras propuestas conceptuales, especialmente en el contexto del espacio público y de la ciudad escindida7.
La ciudad, en su sentido histórico y etimológico, constituye un lugar de encuentro y asociación entre personas que buscan colectivamente mejorar sus condiciones de vida, lo que revela un origen intrínsecamente ligado a la política y a la democracia. En este espacio de diálogo —y, simultáneamente, de conflicto—, surgen revoluciones, innovaciones y la construcción del conocimiento. Es un espacio de coexistencia continuamente (re)producido por la tensión entre conflicto y cooperación, en el que la interdependencia entre sus elementos y la participación de los actores sustentan procesos sociales complejos orientados a construir nuevas síntesis de convivencia (Alguacil, 2008).
En este contexto, el espacio público se afirma como un lugar que trasciende el derecho a moverse, ser y actuar, constituyéndose como un espacio colectivo para el encuentro, la interacción y la participación. En este espacio, los distintos sujetos reconocen sus diferencias al compartir experiencias y producir conjuntamente sentidos de pertenencia y apropiación. El espacio público depende de la participación para ser efectivo, definiéndose por su propiedad, dominio y uso públicos, con significados políticos, culturales y sociales. Al mismo tiempo, la ciudad es el espacio donde el conflicto se manifiesta inevitablemente como resultado de la coexistencia de intereses y diferencias que se entrecruzan en sus diversos entornos. Lejos de ocultarse, el conflicto debe reconocerse como una condición para su superación, lo que abre paso a nuevos diálogos, contradicciones y posibilidades en el proceso continuo de producción de vida colectiva (Alguacil, 2008).
El espacio público no se limita a un espacio de ideas, comunicación y representación; constituye un campo de fuerzas que afecta tanto al territorio como a los cuerpos. Según Alves (2020), la introducción de nuevas formas de expresión cultural y comunicación social abre diferentes vías de investigación sobre las configuraciones espaciales urbanas. Sin embargo, también puede conducir a un debilitamiento de la vida pública, especialmente cuando el espacio urbano deja de reconocerse como un producto social cargado de valores históricos y de su propia cultura simbólica.
El análisis del espacio público requiere un enfoque multidimensional que considere la pluralidad de prácticas sociales y las múltiples transformaciones del espacio urbano, abarcando tanto un sentido global de unificación como la apreciación de las diferencias de significado. La idea de la ciudad como bien público —donde coexisten la interacción y el conflicto (este último entendido como diversidad, debate y alteridad)— ha sido cuestionada recientemente por una concepción distinta de la urbanidad, en la que el conflicto ya no se considera, aunque sigue siendo un elemento fundamental para reflexionar sobre el espacio público y las dimensiones públicas y privadas que configuran la esencia de la vida urbana (Alves, 2020).
El concepto de espacio público exige comprender el espacio como un lugar de coexistencia de la alteridad (no solo de la diversidad) y del choque social que genera el imaginario de la ciudad, a través de la identificación con sus habitantes de forma colectiva. La noción de espacio público requiere, para calificar ciertos espacios urbanos de la vida contemporánea como públicos, una inserción conceptual que contemple la reciprocidad entre el espacio y la sociedad pública, entre el espacio público y la democracia, puesto que es el lugar de los logros humanos, de la heterogeneidad social, de la primacía de las experiencias socioculturales, de los intercambios subjetivos y de la libre expresión, pero que es gradualmente reemplazado por espacios desprovistos de significado, en los que se observa la transformación de la relación público/privado. De este modo, la noción de la ciudad como un bien público, un lugar de coexistencia y conflicto, es hoy cuestionada por otra idea de urbanidad (Alves, 2014).
El espacio público, en su esencia, constituye un locus de conflicto y alteridad, un condensador social para la construcción del entorno urbano a través de la diversidad y las diferencias como un elemento de expresión democrática que contiene el carácter de acción y contestación (Alves, 2025). Más allá de la (re)producción de paradigmas globales de configuraciones urbanas tematizadas, las construcciones del espacio público deben ser representativas, no de un espacio urbano tematizado de todas partes, sino de uno que se construye y que promueve valores políticos y cívicos (Alves, 2020). Espacios de intermediaridad y bordes, de límites difusos, que expresan densidades e intensidades8, y que permiten la (re)ocurrencia de narrativas individuales o colectivas sobre espacios, tiempos y eventos, como vectores de experiencias imprevistas que disputan el espacio propuesto, planificado o programado, presentan este potencial.
El enfoque metodológico adoptado es la cartografía de lo sensible9 como medio de investigación. La propuesta cartográfica busca producir mapas que revelen tanto las fortalezas como las debilidades de los espacios investigados, basándose en un enfoque atento y sensible a los objetos de estudio. No se trata de una representación del espacio físico ni de un estudio cuantitativo, ya que pretende trascender una perspectiva hegemónica y homogénea de la ciudad. Se refiere a un tipo de cartografía que mira más allá de lo evidente, observando a través de las grietas, vacíos y lagunas que se abren, lo que permite acceder al poder y a la complejidad de estos espacios.
Este enfoque se basa en la filosofía de la diferencia, que proviene de una línea filosófica vinculada al movimiento posestructuralista que destacó la importancia de la diferencia como condición para cualquier proceso de significación (Peters, 2000). La filosofía de la diferencia se distingue de la filosofía de la representación, ya que concibe el mundo como multiplicidad, mientras que esta última busca reducir dicha multiplicidad a la unidad.
Para Deleuze y Guattari (2011), un mapa no es simplemente una copia o imitación de una realidad fija, también funciona como un dispositivo para la creación de conocimiento. No existen prescripciones ni manuales que dicten cómo debe elaborarse un mapa, ya que se trata de una práctica abierta, conectable con múltiples dimensiones y en constante transformación.
En la misma línea, Passos y De Barros (2015) observan que la cartografía, como método, conlleva la posibilidad de ser modificada, desmantelada, fragmentada o, incluso, revertida ante nuevas inquietudes. Se distancia de los métodos tradicionales, puesto que el trabajo de campo no parte de preguntas predefinidas, sino que son las propias tendencias de la investigación las que guían su curso, lo que genera que los efectos del proceso emerjan en la relación inseparable entre el objeto de investigación, el investigador y los resultados.
La cartografía de lo sensible implica, por tanto, una inmersión en la experiencia para reconocer los cruces que se producen en el encuentro con el otro. Estar en el campo es dejarse afectar por los territorios de la multiplicidad, aquellos que, como señalan Deleuze y Guattari (2011, p. 25), “se definem pelo fora: pela linha abstrata, linha de fuga ou de desterritorialização segundo a qual mudam de natureza ao se conectarem às outras [se definen por el afuera: por la línea abstracta, línea de fuga o de desterritorialización según la cual cambian de naturaleza al conectarse con las otras]”. Son precisamente estos encuentros los que establecen la posibilidad de acceder a lo que pulsa en la ciudad, que, a menudo, permanece invisible o subyugado debido a procesos y procedimientos hegemónicos y homogeneizados de interpretación, reconocimiento y representación.
Con la intención de captar las percepciones del espacio, se realizaron dos estudios de campo: el primero entre el 22 y el 25 de mayo del 2025; y, el segundo, entre el 16 y el 19 de julio del 2025. La ruta se predefinió mediante imágenes satelitales, con el fin de cubrir principalmente las áreas urbanizadas de Salto y Concordia. Sin embargo, también se tuvieron en cuenta las condiciones locales, como el acceso limitado u obstruido por la vegetación; por lo tanto, las rutas se adaptaron y definieron durante la exploración. Algunas rutas se realizaron individualmente y otras en compañía, en diferentes momentos, por dos profesionales del campo de la arquitectura y el urbanismo de Salto y por un investigador del campo de la educación de Brasil.
Se llevaron a cabo las siguientes actividades: explorar y descubrir espacios públicos en los bordes de las ciudades de Concordia y Salto, algunos tramos recorridos a pie y otros en coche (véase la Figura 2); tomar fotografías y videos que documenten la dinámica socioespacial observada en ambas ciudades.

La motivación para los registros surgió de las actividades observadas o de las características espaciales. La organización de los registros se realizó a través de los siguientes temas: personas, naturaleza y usos, con la intención de capturar estos elementos en los bordes y cómo se relacionan en el espacio urbano; uso de un diario de campo para tomar notas sobre las inquietudes experimentadas por la investigadora y de las interacciones informales con los residentes, también registradas en el diario de campo10.
Dado que la cartografía desarrollada es una investigación de intervención participativa, es necesario incluir el objeto en el procedimiento de análisis, en la medida en que se convierte en protagonista al indicar lo que debe tenerse en cuenta como “categorias de análise e núcleos argumentais que selecionam e organizam os dados da pesquisa [categorías de análisis y núcleos argumentativos que seleccionan y organizan los datos de la investigación]” (Passos & Kastrup, 2016, p. 208). Al hablar de datos de investigación, en cartografía la intención no es generar discusiones basadas en datos, sino, más bien, considerar el evento vivido; no se trata de conocimiento sobre la experiencia, sino de conocimiento que permite entrar en contacto directo con ella, hablar desde dentro, de modo que el análisis se realiza desde el proceso cartográfico, lo cual es diferente de usarlo como apoyo a la evidencia (De Barros & Barros, 2016).
La validación de la investigación cartográfica requiere la evaluación del plan de consistencia que se teje, es decir, de las articulaciones establecidas entre términos preindividuales, en las que la investigación de una realidad dada se presenta como un efecto. La definición del plan de consistencia de Deleuze y Guattari (1997) se articula con el concepto de ensamblaje, lo que significa que en este plan no se encuentra un objeto o un sujeto, sino más bien procesos de objetivación y procesos de producción de subjetividad11, respectivamente.
RESULTADOS Y DISCUSIÓN: INMERSIÓN DE CAMPO
El mapa de la Figura 2 muestra la aproximación a los bordes de las ciudades de Concordia y Salto, que se realizó a pie (ruta en rosa) y en algunos trayectos en coche (ruta en azul), y el cruce de la frontera entre Argentina y Uruguay, que se realizó de dos maneras: en transporte público entre las terminales de autobuses12 (ruta en naranja) y en lancha13 entre los puertos (ruta en amarillo).
El proceso de cruzar una frontera siempre coloca al individuo en un estado de alerta máxima, ya que genera dudas e incertidumbre sobre lo que podría suceder, por ejemplo, dependiendo de su comportamiento, su nacionalidad, la justificación utilizada para ingresar a otro país, etcétera. Cardinale y Cherini (2023) señalan dos perspectivas sobre la acción estatal en relación con el control fronterizo. La primera se refiere a la política de excepción, que determina quién está autorizado a circular dentro de sus límites territoriales. El Estado ejerce un poder arbitrario para identificar a personas como potenciales delincuentes, lo que crea espacios de excepción para individuos previamente clasificados como un riesgo para la seguridad nacional o regional.
La segunda perspectiva se basa en las fronteras inteligentes que utilizan diversas tecnologías digitales, como la biometría, la recopilación de datos y el rastreo, a fin de controlar la movilidad y gestionar el tránsito de personas que deben ser protegidas (con acceso facilitado) y de personas no deseadas (según sus características étnicas, país de origen, estatus socioeconómico o género). El uso de estos dispositivos pretende identificar a individuos peligrosos con antelación, antes de que se cometa un delito, y se presenta como una lógica tecnológica y neutral; sin embargo, en realidad, se refiere a acciones discriminatorias contra ciertos sujetos movilizados (Cardinale & Cherini, 2023).
El autobús fue sometido a una inspección más minuciosa. Se registraron el compartimento superior para equipaje, los espacios entre los asientos y debajo de estos. Tras finalizar la inspección del interior del autobús, el agente de inmigración solicitó al conductor que abriera el compartimento exterior para equipaje, en el que había dos maletas que también fueron revisadas. El cruce en lancha no requirió registro y fue más rápido, pues duró unos quince minutos, mientras que el trayecto en autobús duró aproximadamente una hora.
El cruce del río fue diferente al del puente, pues no existía un ambiente de desconfianza entre empleados y pasajeros extranjeros. Los empleados charlaban entre sí y bebían mate, mientras que la travesía fue ligera y relajada. El río conecta los bordes de las ciudades; es una costura. Se ubica en un espacio de intermediación, en el centro, en la zona de transición: un espacio de posibilidades, en el que todo puede suceder. La Figura 3 presenta un recorte de los principales espacios experimentados en las orillas del río Uruguay, basado en un enfoque cualitativo y exploratorio durante el trabajo de campo.

La costanera sur de Concordia y la costanera norte de Salto presentaban una infraestructura de alta calidad que ofrecía diversas actividades para la población. Se identificaron áreas con aceras y ciclovías, espacios para deportes acuáticos, pistas de skate y ciclismo, canchas de arena, un área recreativa infantil, zonas de pesca, áreas de asado, etcétera. Ambos espacios son utilizados por la gente para practicar deportes (como correr y caminar), para contemplar el río y la naturaleza, para disfrutar de un mate (una bebida tradicional sudamericana infusionada) solo o en compañía, para actividades de ocio (como la pesca), etcétera.
En Concordia, uno de los lugares más destacados fue la playa Nebel, de menos de un kilómetro de longitud, pavimentada y equipada con bancos, vegetación y zonas de acceso al río para embarcaciones. Es un área frecuentada por los residentes para nadar en el río durante el verano, cuando el nivel del agua suele ser más bajo y las rocas forman pequeñas piscinas naturales. Durante el trabajo de campo no hubo mucha gente debido al cielo nublado de invierno y a una reciente crecida del río que dejó lodo y escombros por todas partes. Algunos empleados municipales, incluso, lavaban las calles y limpiaban los escombros de la reciente inundación. En la región norte, también se encuentra el parque San Carlos, un área con amplias zonas verdes para pasear y disfrutar de la naturaleza, y el Castillo de San Carlos, un edificio en ruinas que ha sido reconvertido y adaptado como atracción turística y que ofrece visitas guiadas.
La zona portuaria de Salto se ubica cerca del centro de la ciudad, conectando ambas regiones y, a la vez, resaltando las diferentes prácticas que se desarrollan entre las zonas norte y sur. A diferencia de la infraestructura propia del sector norte, el sector sur se caracteriza por una vegetación abundante y pocas intervenciones planificadas a lo largo de la costa. Una carretera principal recorre gran parte de la costa sur y, perpendicularmente a ella, se encuentran caminos de tierra que conducen al río Uruguay, donde se ubican viviendas, algunas de mampostería y otras improvisadas con madera, lona y láminas de zinc.
A lo largo de la costa, hay una densa vegetación, pero se pueden observar recovecos que crean pequeñas madrigueras. Al observarlas con más atención, estas madrigueras conducen a un sendero donde se encuentran otras viviendas que están camufladas entre la vegetación y construidas de forma improvisada. El flujo de personas era menor en esta zona. Ocasionalmente, se veía alguna motocicleta o automóvil estacionado, y a alguien pescando cerca. El punto de mayor concentración de movimiento se ubicaba cerca de la cámara frigorífica situada en la ribera del río, donde varios vehículos estaban estacionados (véase la Figura 3).

Las anotaciones en el diario de campo, realizadas in loco, también contribuyeron a registrar las principales impresiones del campo. Diariamente se realizaron dibujos y narraciones, de los cuales se destacaron algunos fragmentos que ayudan a ilustrar los aspectos mencionados anteriormente y que contribuyeron a la construcción de la cartografía de lo sensible (Figura 4).
Las notas del diario de campo registran eventos y sensaciones durante la inmersión en las ciudades. La proximidad del investigador al objeto de estudio contribuye a que estas notas amplíen las formas de generar conocimiento mediante enfoques metodológicos que buscan seguir los procesos de una experiencia.
A pesar de algunas diferencias en los usos e infraestructura de los espacios públicos a lo largo de los bordes de Concordia y Salto, algunas actividades son similares, como la pesca. La relación con el río Uruguay, en este sentido, ha sido recurrente y activa. El río Uruguay representa un eje de conexión de uso y atracción compartidos para ambas nacionalidades, especialmente antes de la construcción de los puentes. Sin embargo, con la implementación de políticas centralizadoras en ambos países y también con la diversificación de los medios de transporte, el río dejó de tener la misma importancia. Como señala Medina (2013), desde mediados del siglo xx en adelante, comenzaron a implementarse medidas para promover y fortalecer los intereses nacionales a expensas de la zona fronteriza, particularmente con el declive de la navegación en el río Uruguay.
Medina (2013) analiza el territorio a través de tres puntos principales: el territorio es una construcción histórica que concierne al establecimiento de la humanidad a lo largo del tiempo, basado en diferentes lógicas; el territorio es un soporte funcional que incluye diferentes formas de uso y ocupación del suelo, alberga una compleja red de infraestructuras y se redefine constantemente para absorber nuevas demandas; el territorio es una construcción colectiva que tiene una dimensión social y cultural que se manifiesta en signos físicos con diferentes significados, lo que refleja la relación entre su forma, el entorno y la población que lo habita. Además, se deben considerar las formas de recorrer el territorio (que determinan la accesibilidad y las velocidades de movimiento que marcan referencias a localidades) y las formas de uso y ocupación de la tierra (que expresan la materialización del hombre en el territorio, es decir, el paisaje14 cultural).
Respecto del primer punto, sobre las formas de atravesar el territorio, con el declive del sistema portuario, las formas de acceso y conexión cambiaron. Las rutas terrestres ganaron cada vez más espacio, por lo que los puentes cobraron protagonismo como enlace entre países, pero también crearon cuellos de botella. El río, en su inmensidad, se consideraba una frontera amplia y extensa. Ahora, el puente concentra el cruce fronterizo en un solo punto, mientras que el control fronterizo converge en una ubicación específica. El límite se define, pues existe una materialidad que reafirma dónde termina un país y comienza otro. La línea fronteriza deja de ser difusa, representada por el río, y se concentra en un punto definido: el puente.
Más allá del río y el puente también hay que considerar los bordes de la ciudad: ese espacio marginal, periférico y costero. Así, en lo que respecta al uso y ocupación del suelo, los espacios públicos que conforman los bordes de la ciudad albergan distintas prácticas sociales, desde espacios planificados, como la zona costera norte de Salto, la zona costera sur y la playa Nebel en Concordia, hasta espacios más abiertos, como el parque San Carlos, incluso espacios creados espontáneamente, como las madrigueras de los residentes en la zona sur de Salto.
Los bordes abarcan complejidades y temporalidades distintas, propias de la espacialidad en disputa y, por lo tanto, de las singularidades de los espacios urbanos donde, en términos relacionales y no físicos, las fronteras son dinámicas. De la Figura 5, se desprenden dos claves principales: el borde como un espacio en constante disputa y transformación, un espacio con dinámica propia, y el río como articulador de sus fronteras distintivas. El borde es el espacio que permite que las cosas sucedan, un espacio para ser vivido y experimentado.

El río Uruguay, que antes servía como vía fluvial para el transporte de mercancías y personas, ahora funcionaba como una especie de “autopista o avenida” que conectaba Argentina y Uruguay, con viajes en lancha o barco. La importancia del río para la ciudad contribuyó a que su crecimiento se orientara en esa dirección, como se observa, por ejemplo, en la ubicación de los puertos y centros urbanos de Salto y Concordia. El río era la puerta de entrada, como si simbolizara el frente de la ciudad.
En este sentido, se justifica la vitalidad y el dinamismo de los bordes, característica que se mantiene hasta el día de hoy. Si bien ciertas prácticas se han transformado, los puertos de la ciudad, por ejemplo, ya no presentan la misma dinámica ni intensidad de flujos y ya no representan el principal punto de acceso, la apropiación de actividades y los usos por parte de los residentes continúa produciéndose en los bordes. El río ya no es la principal puerta de entrada al campo, puesto que el puente ha redefinido esta relación redirigiendo también el flujo de otras zonas de la ciudad.
Otro aspecto por destacar se refiere al aspecto visual que el borde de una ciudad tiene con respecto a otra. Así como el borde de Salto presenta un vínculo con el río, existe una relación complementaria —que no es solo visual— con el borde de Concordia y, a su vez, el borde de Concordia también presenta esta relación inversa. En este sentido, la frontera entre ambos países constituye un espacio de intermediación, que no se reduce a una delimitación geográfica y territorial, sino que se caracteriza por vínculos específicos con el río y el territorio del país vecino.
El borde es el intercambio, el espacio para respirar y moverse entre un tiempo y otro, entre una cosa y otra. En este sentido, el borde también está vinculado al umbral. Como señala Camblong (2012, como se cita en Renoldi et al., 2017), el umbral presenta diversos inicios y pasajes inacabados; no tiene ni un principio ni un final definidos, y se caracteriza por la transición. Va en la dirección opuesta a la que se suele pensar de las fronteras, que están vinculadas a la idea de flujo. Mientras que el flujo trae consigo la idea de dirección, ritmo y duración cuantificable, el umbral se presenta como movimiento relacional y continuo que está abierto a la contingencia, es decir, a lo incierto, dudoso e impredecible.
En los bordes de Concordia y Salto, se puede identificar el potencial que estos espacios promueven, derivado de la coexistencia de dinámicas socioespaciales que adquieren tiempos y velocidades distintos. El río Uruguay abarca este conjunto de posibilidades que se entrelazan, se fusionan y se complementan: un espacio que genera nuevas fuerzas y tensiones en cualquier momento, que se manifiesta a través de las situaciones que de él surgen; una frontera viva, en constante transformación y desbordamiento, no solo por acontecimientos ya vividos, sino también por los que están por venir.
CONCLUSIÓN
La inmersión en la frontera entre Argentina y Uruguay confirmó que la comprensión de los territorios fronterizos no debe basarse en definiciones únicas e irreversibles, ya que se trata de un espacio incierto, ambiguo y complejo que puede tener un número infinito de significados. El territorio investigado a lo largo de sus bordes, desde una perspectiva de frontera del sur global, también presenta ambigüedades y coexistencia, lo que revela una relación armoniosa y complementaria que fomenta diversos usos en beneficio de la población, pero también evidencia sus incertidumbres, debido a problemas complejos vinculados, por ejemplo, a la ocupación irregular15 de viviendas a lo largo de la costa, un tema sensible identificado en la zona.
Se entiende que el pulso de los espacios de borde en los territorios y espacios públicos fronterizos se manifiesta a través de prácticas socioespaciales y de la imprevisibilidad inherente a estos espacios. En la frontera entre Argentina y Uruguay, la articulación de esta relación se constituyó a partir del fortalecimiento de los vínculos de los residentes con el río Uruguay, como espacio de pertenencia mutua. Es el punto de convergencia en el que las personas se encuentran, practican actividades similares y comparten el mismo paisaje que les sirve de referencia. Más allá de ser visto como una frontera, el río Uruguay es la unión, el vínculo, el lazo que conecta a ambos países.
De esta manera, los bordes de las ciudades, al igual que los espacios públicos, pueden promover espacios de alteridad y aprendizaje colectivo. Por lo tanto, se trata de espacios donde, como expresión de distintas alteridades dentro de un espacio compartido, se produce la coproducción de diferentes espacialidades y territorialidades. Nos referimos a múltiples actividades que constituyen y caracterizan una esencia intrínseca a la noción de borde, posiblemente en espacios planificados, generalmente a través de prácticas y espacios cocreados espontáneamente por los residentes.
Un contexto de territorialidades distintas, de estratos espaciales distintos, en el que surgen puntos de tensión; por ejemplo, en los espacios cercanos al puente, se observó mayor control y vigilancia para entrar al país vecino, en comparación con el cruce en lancha. El río Uruguay, por un lado, representa ambiguamente un límite definido entre los dos países y, por otro, se caracteriza también como una frontera difusa, ya que los bordes expresan intermediaciones donde las capas superpuestas abarcan este territorio y revelan la multiplicidad de relaciones e interacciones abiertas a la alteridad.
AGRADECIMIENTOS
Esta investigación fue financiada por la Fundación de Investigación del Estado de São Paulo (FAPESP), bajo el número de proceso 2022/09881-9, concesión de una beca de prácticas de investigación en el extranjero (BEPE), bajo el número de proceso 2024/20035-8. Por tanto, las opiniones, hipótesis, conclusiones o recomendaciones expresadas en este material son responsabilidad de los autores y no necesariamente reflejan las opiniones de la FAPESP.
Se agradece a los profesores y supervisores en el exterior, Adriana Collado y Julio Arroyo, de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad Nacional del Litoral (FADU-UNL), por su generosidad y aporte que enriqueció el trabajo desarrollado durante el intercambio académico.
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1 El recorte espacial que se analiza en este artículo formó parte del intercambio académico de Vanessa Forneck con la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad Nacional del Litoral (FADU-UNL) en Santa Fe, Argentina, del 1 de abril al 31 de agosto del 2025, bajo la supervisión de los profesores Adriana Collado y Julio Arroyo. La investigación sobre territorios fronterizos también forma parte de la tesis doctoral en curso de Vanessa Forneck (2022-2026) en el Instituto de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de São Paulo, bajo la dirección del profesor Manoel Rodrigues Alves.
2 La comisión fue creada por el Estatuto del Río Uruguay, firmado el 26 de febrero de 1975, y su principal antecedente es el “Tratado de límites entre la República de Argentina y la República Oriental del Uruguay en el río Uruguay”, de fecha 7 de abril de 1961. La CARU está integrada por dos delegaciones, una argentina y otra uruguaya, y actualmente cuenta con cinco representantes de cada país (Comisión Administradora del Río Uruguay, s. f.).
3 El término diferente está relacionado con la différance, introducida por Derrida (1991). La différance (con “a”) no es una palabra ni un concepto, ya que trasciende el orden del entendimiento; no es una entidad presente ni ninguna entidad en absoluto; no tiene ni existencia ni esencia. La différance se relaciona con el verbo différer (‘diferir’), refiriéndose a aquello que no es idéntico, a lo otro, a lo discernible, etcétera, lo que cuestiona la alteridad de la disimilitud.
4 Para Boaventura de Souza Santos (2018), el sur global se refiere, metafóricamente, a un conjunto de desafíos epistémicos que buscan reparar las formas de opresión y dominación de otros pueblos, históricamente causadas por el capitalismo global. El sur global alude a un sur epistemológico, no geográfico, que abarca múltiples sures epistemológicos con un conocimiento nacido de estas luchas y sufrimientos derivados del poder imperial hegemónico.
5 Esto se presentará con más detalle en la sección “El método cartográfico”.
6 El concepto de entre-lugares está marcado por múltiples significados, lo que reconfigura los límites difusos entre diferentes espacios. Se refiere a una hibridación entre diferentes personas a través del encuentro y una presencia común (Hanciau, 2005). Esto refleja, en cierta medida, el poder de los espacios de borde en los territorios fronterizos.
7 Una ciudad escindida se refiere a una condición urbana que ya no percibe a la ciudad como un todo, sino como algo fragmentado. Si bien existe la idea de una ciudad central, estructurada e históricamente consolidada, entendida como la ciudad oficial, existen, por otro lado, varias “otras ciudades”, como suburbios, periferias, enclaves comerciales, etcétera. Con el debilitamiento de la unidad urbana, prevalece la multiplicidad y los bordes se convierten en manifestaciones de esta fragmentación, lo que deja de funcionar como interfaces o transiciones y, en cambio, evidencia profundas desintegraciones sociales, espaciales y ambientales (Arroyo, 2007).
8 Densidades que se expresan en términos de registro, memorabilidad, estructuración y permanencia; intensidades de captura, eventualidad, acumulación y momento.
9 La noción de cartografía de lo sensible articula enfoques teóricos de distintos campos —especialmente, filosofía, geografía crítica, artes y estudios urbanos—, por lo que no corresponde a un único campo, sino a un campo transversal que moviliza percepción, experiencia, afectos y atmósferas en la lectura y producción del espacio. En este marco, se consideran los aportes de Deleuze y Guattari (2011) sobre la producción de subjetividad y territorio existencial de una cartografía como proceso; de Peter Sloterdijk (2003, 2004, 2006), en relación con el espacio como construcción relacional e inmersiva de distintos ambientes urbanos; y de Tonino Griffero (2020), respecto de las atmósferas como cuasicosas, fundamentales para interpretar lo sensible como compartido y espacializado. La propuesta de cartografía de lo sensible fue utilizada en la tesis de maestría de Forneck (2021), basada principalmente en el libro de Passos et al. (2015). Sin embargo, la construcción del camino cartográfico como método también es explorada por otros autores y áreas del conocimiento. Por ejemplo, Pons (2017) utiliza cartografías sensibles y experiencias corporales en ciudades brasileñas, explorando la producción de territorios sonoros micropolíticos, con el fin de sugerir nuevas formas de entender y apropiarse del espacio urbano.
10 El diario de campo consiste en una práctica inmediata de toma de notas, escritura y dibujo; además, es una estrategia de registro que contribuye a la producción de datos de investigación y tiene la función de transformar las experiencias vividas en formas de creación de conocimiento.
11 Se refiere a un “conjunto das condições que torna possível que instâncias individuais e/ou coletivas estejam em posição de emergir como território existencial auto-referencial, em adjacência ou em relação de delimitação com uma alteridade ela mesma subjetiva [conjunto de condiciones que hace posible que instancias individuales o colectivas estén en posición de emerger como territorio existencial autorreferencial, en adyacencia o en relación de delimitación con una alteridad ella misma subjetiva]” (Guattari, 1992, p. 19).
12 El autobús que cruza la frontera opera los lunes, jueves, viernes y sábados. De Concordia a Salto, la salida es a las 11:15 h; y de Salto a Concordia, a las 19:30 h. El precio del pasaje era de aproximadamente 8500 pesos argentinos (información correspondiente al año 2025).
13 La lancha que cruza la frontera está disponible de lunes a sábado a las 8:15 h, 12:00 h y 17:20 h desde Salto a Concordia, y los domingos a las 8:15 h y 17:20 h. De Concordia a Salto, el servicio era de lunes a sábado a las 8:45 h, 12:30 h y 17:45 h; y los domingos a las 8:45 h y 17:45 h. El precio del pasaje era de aproximadamente 7000 pesos argentinos (información correspondiente al año 2025).
14 Según Pastor et al. (2016), la relación entre el hombre y su territorio, entre cultura y soporte físico, siempre produce un paisaje —ya sea ribereño o específico del río Uruguay, o no—, una expresión de prácticas socioespaciales y formas de transitar el territorio. Esta noción de paisaje surge de la conjunción entre paisaje, ciudad y cultura, cuya perspectiva amplía el énfasis en la comprensión de las transformaciones espaciales, culturales y técnicas asociadas al contexto contemporáneo de la ciudad, la cultura y el propio paisaje. Una segunda postura presentada por Pastor et al. (2016) se refiere al paisaje y a la gestión social del hábitat, una perspectiva desde la cual se cuestiona la capacidad mediadora del paisaje entre territorio y sociedad. En un tercer marco, el paisaje y la (re)producción del espacio urbano se abordan desde una perspectiva lefebvriana, que considera que todo espacio es producido socialmente. Véase Pastor et al. (2016) para un enfoque exhaustivo de la noción de paisaje, particularmente desde una perspectiva latinoamericana.
15 Si bien no es una característica exclusiva de las zonas fronterizas, se trata de áreas con potencial para que se produzcan tales manifestaciones debido a la maleabilidad de este espacio.