EDITORIAL

Nueva ética, nueva estética*

https://doi.org/10.26439/limaq2025.n016.8287

Presentamos aquí los trabajos seleccionados para el segundo y último número de la revista Limaq bajo la temática “Nueva ética, nueva estética”. Este enunciado, y el texto que lo acompaña, pretendían plantear una reflexión, al finalizar el primer cuarto del siglo xxi, sobre el estado de la relación entre teoría y práctica en arquitectura. No es la intención ofrecer una foto fija del momento, sino plantear utopías o distopías futuras, así como reflexionar acerca de cómo ha cambiado el discurso arquitectónico en la historia reciente desde el enfoque más objetual y disciplinar de finales del siglo xx y principios del xxi, hacia planteamientos más humanistas que surgen desde áreas transversales complementarias a la arquitectura. Con este panorama reciente, la pregunta es inevitable, ¿nos vemos los arquitectos obligados a elaborar un relato para justificar la expresión de nuestra obra? ¿La práctica arquitectónica ya no se puede explicar desde lo disciplinar como reclamaba Souto de Moura (“me explico con la arquitectura”)?

* La temática elegida por el editor externo recoge las inquietudes y experiencias vividas en dos instituciones de diferente naturaleza y finalidad, como son la Facultad de Arquitectura y el Colegio de Arquitectos. La academia, especialmente en arquitectura, debe guiarse por la inspiración, el conocimiento y la experimentación. Para ello, los docentes deben alimentar la curiosidad e incitar a los alumnos a buscar más allá de las convenciones. Un colegio de arquitectos debe recopilar las diferentes sensibilidades e inquietudes de los arquitectos, desde las más conservadoras a las más vanguardistas, sin tomar partido por ninguna ideología. Un colegio profesional de arquitectura tiene el deber de preservar y divulgar la mejor tradición arquitectónica a la vez que mira al futuro, intentando ser un lugar de debate y de divulgación que abrace también las nuevas tecnologías y herramientas arquitectónicas. En este doble perfil que he vivido durante los últimos veinticinco años, coincidentes con la entrada del nuevo milenio, he presenciado una evolución enorme de los modos de ver y entender la arquitectura, tanto desde la profesión como desde la academia.

En esta línea, se han seleccionado siete artículos para este segundo número temático, que profundizan en contextos históricos, físicos y filosóficos diversos. Los dos primeros artículos se centran en la contemporaneidad y en cómo lo local busca su identidad. Un tercer artículo plantea una creación utópica en línea con algunos textos del primer número de esta temática. Los otros plantean una relación más directa entre filosofía y arquitectura, entre ética y estética. Además, dentro de sus diferencias, presentan diferentes escenarios alejados de la visión tradicional del análisis arquitectónico centrado en lo objetual.

La antropóloga Andrea Mejía Contreras realiza una investigación sobre la implicación social y cultural de los llamados cholets en Bolivia, combinación de los términos cholo y chalet. Estas construcciones resultan de una mezcla de la estética aimara con tics y materiales de la arquitectura moderna. El resultado formal se manifiesta en fotografías que bien podrían haber sido firmadas por el artista plástico Dionisio González, constructor de distopías urbanas a través de collages fotográficos. Para la autora, los cholets permiten redefinir conceptos de modernidad y establecer nuevos parámetros de valor arquitectónico desde su propia perspectiva. Los define como antropología arquitectónica: una arquitectura que construye realidades sociales y que conforma identidades. Entonces, aparecen los modelos aspiracionales reflejados en la estética e imaginería de las casas de los habitantes de El Alto, no muy diferentes de las narcoestéticas en México o Colombia, ni de los nuevos asentamientos gitanos pop en Rumania.

Elizabeth Espinosa Dorantes y Christof Göbel abordan, de manera ambiciosa, un análisis del contexto físico en la arquitectura contemporánea mexicana. Para ello, seleccionaron cuatro proyectos de arquitectura contemporánea mexicana que consideraron paradigmáticos. Contrariamente a lo planteado en el título de este número, que propone una corriente retórica en la arquitectura basada en criterios sociales, antropológicos, medioambientales, etcétera, los autores consideran que la arquitectura actual carece de atención a aspectos que trascienden el mero diseño. El diseño arquitectónico contemporáneo debe enfatizar, mediante la forma, las experiencias y sensaciones espaciales entre las personas, los objetos construidos y su contexto, con el fin de construir un sentido de pertenencia, identidad y bienestar. Esta sensibilidad se manifiesta en los ejemplos expuestos, a través de relaciones espaciales y paisajísticas entre el medio físico, la naturaleza y las personas que lo habitan, lo que dota de sentido y especificidad a cada obra sin renunciar a una plástica potente.

Para analizar el presente y mirar al futuro es necesario aprender del pasado. Al igual que en un artículo del número anterior de Limaq, en el que se analizó la mirada al siglo xx para recrear la utopía arquitectónica del oncenio de Leguía en Lima, en este número Claudia Costa Cabral expone cómo el poché, una representación clásica de la Escuela de Bellas Artes francesa, fue utilizado por los arquitectos de la nueva vanguardia modernista del siglo xx en América Latina para el desarrollo de sus plantas libres. Según Costa Cabral, el uso del poché en la tradición de las Bellas Artes francesas —que siguió siendo su escuela de arquitectura hasta 1968—, más allá de sus intenciones formales y decorativas, posee un carácter objetivo y pragmático. Por ello, el movimiento moderno adoptó y adaptó este estilo de representación en sus plantas, como herramienta para expresar sus intenciones materiales, estructurales y espaciales.

Manfredo di Robilant nos invita a ingresar en sus creaciones utópicas para denunciar la marginalización de lo visual en la teoría arquitectónica, a pesar de que los arquitectos y el público en general perciben, en su mayoría, la arquitectura a través de imágenes. El autor muestra, a través de una bibliografía seleccionada, cómo esta tendencia retórica ha distanciado la teoría de la práctica arquitectónica. Plantea también un proyecto de investigación que demuestra cómo una imaginería ad hoc puede producir argumentos arquitectónicos. Para rebatir el argumento de que el ejercicio retórico en arquitectura disminuye el potencial de la teoría arquitectónica, el autor crea arquitecturas imaginarias basadas en diversas temáticas específicas que inciden en la creación arquitectónica. Una de las temáticas planteadas, ethics, se basa en la imaginería de la Cenicienta y en el supuesto de que ella encargara un palacio de su despótico reino a un arquitecto. El dilema sobre si un arquitecto debería aceptar un encargo así sirve como pretexto para discutir la relación entre ética y arquitectura. Para visualizar este ejemplo, el autor dibuja un utópico palacio compuesto por escaleras inspiradas en conocidos ejemplos de la arquitectura moderna.

En su artículo sobre las genealogías del poder, Mateja Kurir aborda la relación histórica entre arquitectura y poder a partir del análisis de este último como una herramienta que transforma la percepción de la sociedad y que necesita de una expresión arquitectónica para consolidarse. En este sentido, la arquitectura da forma a los sistemas de poder, sean estos opresores o democráticos, en la antigüedad o en la modernidad, con independencia de su ideología. Después de un necesario y ortodoxo repaso histórico sobre la relación entre arquitectura y poder, y tras la revisión de las teorías y los escritos más significativos, la autora aporta una interesante perspectiva sobre la repercusión de esta relación en la arquitectura contemporánea, especialmente a la luz de los acontecimientos bélicos más recientes. En efecto, la arquitectura no solo se convierte en un objetivo en las guerras, sino también en un campo de batalla. Para la autora, en los últimos veinte años, la práctica arquitectónica ha virado debido a una deriva política provocada por las estructuras de poder que dominan la arquitectura, las cuales, en su opinión, se han puesto al servicio de ese poder. Concluye afirmando que la cuestión de poder en arquitectura se ha transformado, en el contexto actual, en una cuestión de existencia.

Sara Dragišić y Snežana Vesnić, siguiendo la línea temática de este número, abordan cómo la filosofía (ética) y la arquitectura (estética) están interconectadas, y cómo los planteamientos filosóficos alteran las prácticas arquitectónicas. Consideran que la interconexión y convergencia entre la filosofía y la arquitectura favorece el resurgir de nuevas formas e ideas. En tal sentido, la filosofía permite cuestionar las percepciones tradicionales de la forma. Por ello, se pretende descubrir nuevas formas de pensar y trabajar que enriquezcan no solo el diseño y la educación arquitectónicos, sino que también contribuyan al enriquecimiento intelectual del mundo contemporáneo. A partir del análisis de las teorías de varios filósofos de la segunda mitad del siglo xx y principios del siglo xxi, las autoras plantean cómo una arquitectura informal transgrede la tradicional estabilidad de la forma hacia una dinámica de deformación e interpretación. La indefinición de lo informal permite que la arquitectura se encuentre en un estado inacabado permanentemente y, por tanto, siempre admitirá transformaciones al no tener un estado final platónico.

Paul Guyer trae a escena las teorías de Kant sobre la función y significado de la belleza. Para Kant, el espíritu de las bellas artes, incluyendo a la arquitectura, consiste en la expresión de ideas estéticas. Reclama que exista una coherencia entre el trabajo y la idea moral que lo sustenta. El autor pone en duda, apoyándose en Charles Batteux, que la arquitectura pertenezca al grupo de las bellas artes, sosteniendo que forma parte de una tercera categoría de artes que proporciona simultáneamente utilidad y belleza. A partir de un exhaustivo análisis de la célebre obra de Kant, Crítica del juicio, el autor sostiene que el arquitecto tiene la misión de encontrar el equilibrio entre el significado, la función y la belleza, debido al riesgo de que el predominio de alguno de los tres factores anule al resto y provoque el fracaso de la obra. La funcionalidad se presenta como una herramienta de contención para el autor frente a las posibilidades que ofrece la belleza en dos niveles: por un lado, la idea más concreta de la función estricta del edificio; por otro, una idea más abstracta que viene de la razón y la moral.

No quisiera concluir esta editorial, y mi aporte a Limaq, sin expresar mi agradecimiento a Enrique Bonilla por su generosa invitación a participar en este proyecto editorial de primerísimo nivel, y al magnífico equipo de la revista —en especial a Guillermo Takano y a Octavio Montestruque— por sus aportaciones a la temática, su colaboración en la selección y edición de los textos, y su paciencia conmigo.

Concluyo con una reflexión en torno a los objetivos y resultados obtenidos a partir de una temática arriesgada que, en un inicio, me generaba no poca incertidumbre sobre el resultado final. Considero, sin embargo, que fue un éxito, tanto por la diversidad de enfoques que ha generado como por el interés que ha despertado en investigadores de todo el mundo. La idea que me condujo a proponer esta temática surgió de la percepción del estado actual de la práctica arquitectónica, en la que el formalismo ha alcanzado un paroxismo que parece difícil de superar. Asimismo, persiste un exceso de retórica autocomplaciente que no se preocupa por su coherencia con la expresión arquitectónica, muy pobre en la mayoría de casos.

La arquitectura está en crisis. ¿Cuándo no lo ha estado?, dirían algunos. En la actualidad, necesitamos potenciar su influencia en la sociedad, así como su aporte al debate social y a la evolución cultural. Para ello, reclamo que, para que surjan nuevas corrientes de influencia, es necesario reestablecer la coherencia entre el relato arquitectónico (ética) y su expresión formal (estética). Ante ello, la labor que desempeña la academia, desde su doble vertiente docente y de investigación, es fundamental. Espero, finalmente, que estos dos números —bajo la temática “Nueva ética, nueva estética”— y sus artículos puedan incentivar a investigadores a proponerse nuevos retos.

Pablo Olalquiaga Bescós