DEL PAISAJE INDUSTRIAL AL ESPACIO
PÚBLICO EN EL SUR GLOBAL:
RESIGNIFICACIÓN Y APRENDIZAJE
COLECTIVO EN PROCESOS
DE REVITALIZACIÓN URBANA EN COLOMBIA

FROM INDUSTRIAL LANDSCAPES TO PUBLIC SPACE IN THE
GLOBAL SOUTH: RE-SIGNIFICATION AND COLLECTIVE LEARNING
IN URBAN REVITALIZATION PROCESSES IN COLOMBIA

DAYRA MILENA VARGAS ARDILA

Universidad Nacional de Colombia

https://orcid.org/0009-0000-7991-3897

Recibido: 1 de junio del 2025

Aprobado: 21 de agosto del 2025

doi: https://doi.org/10.26439/limaq2026.n017.7961

Este artículo analiza cómo potenciales paisajes industriales urbanos en Bogotá, Medellín y Barranquilla se transforman en espacios públicos mediante procesos de revitalización mediados por marcos normativos, prácticas institucionales y dinámicas de apropiación comunitaria. La investigación, de enfoque cualitativo y carácter exploratorio comparativo, se basa en entrevistas semiestructuradas realizadas a actores públicos, académicos y comunitarios, las cuales fueron analizadas a través de técnicas de análisis de discurso. El estudio examina las tensiones entre agentes estatales, privados y ciudadanos en la resignificación de enclaves fabriles, y destaca cómo la apropiación social y la memoria colectiva emergen de manera fragmentada frente a intervenciones urbanas que priorizan la rentabilidad del suelo. Los hallazgos sugieren que, en contextos urbanos del sur global marcados por desigualdades territoriales y dinámicas de informalidad, el espacio público posindustrial puede convertirse en un bien común si se reconoce su dimensión simbólica, su potencial pedagógico y su carácter disputado.

apropiación comunitaria, ciudadanía territorial, espacio público, memoria colectiva, patrimonio industrial, sur global

This article analyzes how potential urban industrial landscapes in Bogotá, Medellín, and Barranquilla are transformed into public spaces through revitalization processes mediated by regulatory frameworks, institutional practices, and community appropriation. The research, based on a qualitative approach and an exploratory-comparative character, draws on several semi-structured interviews with public, academic, and community actors, analyzed using discourse analysis techniques. The study examines the tensions between state, private, and community actors in the re-signification of former industrial enclaves, highlighting how social appropriation and collective memory emerge in fragmented ways amid urban interventions that prioritize land profitability. The findings suggest that, in urban contexts of the Global Southmarked by territorial inequalities and dynamics of informality post-industrial public spaces can become common goods when their symbolic dimension, pedagogical potential, and contested nature are recognized.

community appropriation, territorial citizenship, public space, collective memory, industrial heritage, Global South

Este es un artículo de acceso abierto, distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution 4.0 International (CC BY 4.0).

INTRODUCCIÓN

En muchas ciudades del sur global, los procesos de reestructuración económica y transformación productiva han dejado extensos paisajes industriales en desuso. Estos territorios constituyen hoy espacios estratégicos para la renovación urbana, en los que convergen zonas deterioradas, intervenciones institucionales, memorias colectivas y prácticas ciudadanas (Lefebvre, 1968; McFarlane, 2011). Estas ciudades, caracterizadas por profundas desigualdades territoriales y procesos de segregación socioespacial, enfrentan dinámicas urbanas que desafían las visiones convencionales de planificación. En este contexto, la transformación de antiguos enclaves fabriles representa una oportunidad para reconfigurar estos territorios y mejorar el espacio público, no solo desde una perspectiva física, sino también simbólica, social y política.

El tránsito hacia el reconocimiento de los vestigios industriales y su potencial para el mejoramiento del espacio público está mediado por intereses divergentes, fragmentación normativa y desequilibrios en la participación ciudadana. Estas tensiones inciden en los procesos de resignificación del paisaje industrial y en su potencial como bien común urbano. Desde esta perspectiva, el sur global se entiende no solo como una categoría geopolítica, sino como un marco crítico para analizar territorios atravesados por procesos históricos de colonialidad, exclusión social y desigualdades estructurales (McFarlane, 2011; Watson, 2009). En estas ciudades, la apropiación del espacio público posindustrial se convierte en un campo de negociación simbólica y social en el que se disputan significados, usos y formas de legitimidad territorial.

En Colombia, ciudades como Bogotá, Medellín y Barranquilla (Figura 1) han impulsado procesos de revitalización urbana sobre antiguos paisajes industriales, orientados por instrumentos normativos como planes parciales, actuaciones estratégicas y alianzas público-privadas. Estas intervenciones se enmarcan en el sistema de ordenamiento territorial y suelen priorizar la valorización económica del suelo y la renovación funcional del espacio urbano. Sin embargo, con frecuencia, estas dinámicas tienden a relegar la preservación de la memoria industrial, así como la participación efectiva de las comunidades locales en la definición de los proyectos urbanos (Duque Franco, 2018; Harvey, 2012). En este contexto, resulta pertinente interrogar el papel del espacio público como ámbito de ciudadanía territorial, entendido como el lugar donde se construyen identidades colectivas, memorias urbanas y prácticas sociales de apropiación del territorio.

A partir de estas consideraciones, el artículo se enfoca en analizar las tensiones estructurales entre los instrumentos normativos de renovación urbana, las dinámicas de mercado inmobiliario y las prácticas comunitarias de apropiación del espacio público posindustrial. El objetivo es comprender cómo estas tensiones influyen en los procesos de resignificación del paisaje industrial y en la construcción del espacio público como bien común en contextos urbanos caracterizados por desigualdades territoriales y memorias en disputa.

El estudio adopta un enfoque exploratorio y comparativo a partir del análisis de tres enclaves industriales representativos: la zona industrial de Puente Aranda en Bogotá, el plan parcial Gran Manzana Simesa en Medellín y el plan parcial de Barranquillita, La Loma y Barlovento en Barranquilla (Figura 1). Estos casos permiten examinar diferentes trayectorias de transformación urbana en paisajes industriales, así como las relaciones entre planificación territorial, memoria colectiva y apropiación social del espacio público.

Desde el punto de vista metodológico, el artículo se apoya en un enfoque cualitativo basado en el análisis de entrevistas semiestructuradas realizadas a actores institucionales, académicos y comunitarios vinculados a los procesos de transformación urbana en las tres ciudades estudiadas. El análisis se orienta a identificar las narrativas, tensiones y prácticas sociales que intervienen en la resignificación del paisaje industrial como espacio público.

El estudio parte de la hipótesis de que la resignificación del paisaje industrial como espacio público depende de la interacción entre tres dimensiones principales: la incorporación de la memoria industrial en los instrumentos de planificación urbana, la participación efectiva de actores comunitarios en los procesos de intervención territorial y la capacidad institucional para reconocer estos enclaves como paisajes culturales en transformación. Cuando estas dimensiones convergen, los espacios industriales en proceso de renovación pueden operar como bienes comunes urbanos, articulando la memoria colectiva, la apropiación social y las nuevas formas de gobernanza del espacio público.

DESCRIPCIÓN DE LA PROBLEMÁTICA

En las ciudades del sur global, la reconversión de antiguos espacios industriales plantea desafíos complejos vinculados al uso del suelo, la gestión patrimonial y la producción social del espacio público. Lejos de representar simples operaciones urbanísticas, estos procesos exponen tensiones entre las dinámicas del mercado, la memoria colectiva y los derechos ciudadanos al territorio. Tal como plantea Lefebvre (1968), el espacio urbano no es un mero soporte físico, sino un producto social atravesado por relaciones de poder, intereses económicos y prácticas simbólicas.

En América Latina, y en Colombia en particular, la obsolescencia funcional de enclaves industriales se ha traducido en proyectos de renovación urbana en los que predominan lógicas de valorización inmobiliaria e intervención normativa, con débil integración de memorias locales y de mecanismos efectivos de participación ciudadana (Álvarez, 2010; Sabaté & Benito del Pozo, 2010). En este marco, la escasa articulación entre instrumentos de ordenamiento territorial, políticas patrimoniales y dispositivos participativos reduce la capacidad transformadora de estos espacios y limita su resignificación como bienes colectivos urbanos (Álvarez, 2010; Borja & Muxí, 2003).

El caso colombiano muestra que los antiguos enclaves fabriles se incorporan a dinámicas de desposesión simbólica, apropiación desigual y fragmentación normativa, en las que la gestión territorial del patrimonio industrial enfrenta tensiones entre conservación, usos urbanos emergentes y mercado del suelo (Rodríguez-Echeverry et al., 2021). En Bogotá, Medellín y Barranquilla, ciudades con trayectorias industriales y arreglos institucionales diferenciados, los procesos de revitalización urbana tienden a privilegiar la rentabilidad del suelo frente a la resignificación cultural del paisaje industrial y a la construcción de criterios de gestión patrimonial en clave territorial (Pérez, 2018; Rodríguez-Echeverry et al., 2021).

Este escenario plantea preguntas esenciales: ¿cómo se resignifican los paisajes industriales urbanos como espacios públicos en contextos de desigualdad y fragmentación territorial?, ¿qué actores, memorias y prácticas emergen en estos procesos?, ¿de qué modo interactúan las normativas urbanísticas y las formas ciudadanas de apropiación en la gestión del paisaje industrial?

Ante la ausencia de políticas integrales de gestión del paisaje posindustrial, este estudio propone una mirada desde la geografía cultural que articule memoria, apropiación y gobernanza para interpretar estos enclaves como territorios en transformación, donde confluyen disputas por el sentido del lugar, por los usos del suelo y por los criterios de valoración patrimonial. En este marco, el paisaje industrial no se reduce a un remanente material del pasado fabril, sino que se configura como un campo de tensiones entre conservación y mercado, entre narrativas institucionales y memorias locales, y entre intervenciones planificadas y prácticas cotidianas de reapropiación social. Estas tensiones constituyen un componente estructurante de la gestión del patrimonio industrial en América Latina, en tanto evidencian conflictos de interpretación, selección y legitimidad sobre qué se preserva, quién decide y con qué fines (Contreras Delgado & Núñez Tapia, 2022). En consecuencia, reconocer estos espacios como territorios vivos permite comprender la producción de aprendizajes colectivos, la emergencia de formas situadas de ciudadanía territorial y la necesidad de marcos de gobernanza que integren participación, regulación y sentidos locales del paisaje.

ESTADO DEL ARTE

El estudio del paisaje industrial y de su transformación en espacio público ha adquirido creciente relevancia en las últimas décadas, particularmente en Europa, donde se han consolidado marcos teóricos y metodológicos orientados a la valoración, preservación y reutilización del patrimonio industrial en relación territorial (Benito del Pozo, 2012; Sabaté & Benito del Pozo, 2010). Estas experiencias evidencian que la recuperación del patrimonio industrial trasciende los enfoques estrictamente conservacionistas y puede incidir en procesos de revitalización territorial, dinamización cultural y fortalecimiento de identidades locales, en la medida en que dicha recuperación se articula con estrategias de planificación urbana y gestión del paisaje (Álvarez, 2010; Bandarin & Oers, 2015).

Sin embargo, en América Latina, y particularmente en Colombia, persisten vacíos analíticos y normativos que dificultan la integración del patrimonio industrial en las políticas de planificación urbana. Como señalan Rodríguez-Echeverry et al. (2021), la gestión del patrimonio industrial en Colombia enfrenta una limitada institucionalización, así como la ausencia de mecanismos efectivos de participación ciudadana, lo que contribuye a su invisibilización y a su débil integración en las dinámicas territoriales.

La literatura coincide en destacar la tensión entre la recuperación patrimonial y las lógicas de mercado, especialmente en contextos en los que la rentabilidad de los usos del suelo urbano y las actividades económicas asociadas prevalecen sobre el valor simbólico, histórico, estético o social de los espacios industriales (Pérez, 2018; Rodríguez-Echeverry et al., 2021). Este fenómeno ha derivado en procesos de despojo simbólico y mercantilización del espacio público, en los cuales las memorias del trabajo y las prácticas comunitarias quedan subordinadas a proyectos de renovación urbana de carácter instrumental.

Dentro de la disciplina geográfica, la geografía humana constituye el campo que analiza las relaciones entre sociedad y territorio. A partir de esta perspectiva se han desarrollado enfoques como la geografía cultural y la geografía urbana, que permiten comprender el paisaje industrial desde diferentes dimensiones analíticas. Desde la geografía cultural, el paisaje se entiende no solo como un objeto patrimonial, sino como un espacio cargado de significados, memorias e imaginarios sociales (Berque, 2000; Cosgrove, 1998).

Por su parte, la geografía urbana crítica ha enfatizado los procesos de producción y resignificación del espacio, destacando el papel de las desigualdades y de las disputas territoriales. En esta perspectiva, autores como McFarlane (2011) y Latouche (2008) han destacado la relevancia de las prácticas de aprendizaje colectivo y de las ecologías de conocimiento en los procesos de resignificación del espacio urbano. No obstante, estos enfoques continúan siendo marginales en la formulación de políticas públicas en ciudades como Bogotá, Medellín y Barranquilla, donde numerosos enclaves fabriles del siglo xx han sido objeto de abandono, demolición o reconversión funcional con limitada participación ciudadana.

La transformación de paisajes industriales en espacios públicos constituye una línea de investigación aún incipiente en el contexto colombiano, a pesar de los avances normativos en materia de patrimonio cultural y ordenamiento territorial. Mientras que en Europa y América del Norte se han consolidado marcos teóricos y metodológicos para la valoración y el reúso del patrimonio industrial (Hall & Castells, 1994), en América Latina persisten vacíos analíticos que dificultan su integración efectiva en los procesos de planeación urbana. Investigaciones recientes advierten que las políticas de renovación urbana suelen apropiarse de símbolos industriales para legitimar intervenciones orientadas al mercado, sin garantizar la preservación del tejido social ni de la memoria colectiva (Di Méo, 2016; Hospers, 2004).

En Colombia, esta problemática se intensifica debido a una visión predominantemente económica de los usos del suelo y de las actividades productivas, que subordina los valores históricos, simbólicos y

sociales de los paisajes industriales a intereses inmobiliarios de corto plazo (Pérez, 2018). Esta situación evidencia la necesidad de incorporar enfoques territoriales y culturales en la gestión del paisaje industrial, reconociendo su importancia como espacio de memoria, apropiación social y construcción de ciudadanía territorial.

Los casos estudiados revelan un patrón recurrente de invisibilización institucional y fragmentación normativa en la gestión del paisaje industrial. En Bogotá, la Unidad de Planeamiento Zonal (UPZ) 108 y la Actuación Estratégica de la Zona Industrial de Bogotá (ZIBO) (Figura 2)operan bajo lógicas de renovación urbana orientadas principalmente a la generación de plusvalía mediante instrumentos de gestión del suelo, más que al reconocimiento o conservación del tejido socioespacial y patrimonial. Aunque el Decreto 555 del 29 de diciembre del 2021 introduce figuras como las unidades de paisaje, destinadas a articular la dimensión ecológica, cultural y urbana del territorio, su implementación ha privilegiado la lógica de valorización del suelo, sin consolidar acciones efectivas de preservación.

En Medellín, el antiguo enclave industrial de la Siderúrgica de Medellín S. A. (Simesa) fue transformado en una centralidad estratégica dentro del modelo de renovación urbana, por medio del Plan Parcial Gran Manzana Simesa del 2007 (Figura 3), sin que se implementaran mecanismos claros de participación ciudadana en el diseño y gestión del espacio público. La intervención priorizó la inserción del área en la dinámica de valorización del suelo y la generación de centralidades funcionales, relegando las memorias industriales y las demandas de las comunidades a un plano secundario.

En Barranquilla, los sectores portuarios y las antiguas zonas industriales, como La Loma y la Zona Franca, presentan signos de deterioro físico y simbólico, a pesar de su ubicación estratégica junto al centro histórico y de su potencial como nodos articuladores de la memoria urbana. Por medio del plan parcial para los sectores de Barranquillita, La Loma y Barlovento, áreas dentro del Distrito Industrial y Portuario (2004) (Figura 4), las intervenciones realizadas han sido parciales y desarticuladas, sin consolidar un proyecto integral de revitalización que incorpore las memorias colectivas ni las demandas de las comunidades locales.

En consecuencia, esta situación plantea una problemática crítica que orienta los objetivos de la investigación: ¿cómo se resignifican los paisajes industriales urbanos como espacio público en el sur global?, ¿qué actores, memorias y formas de apropiación emergen en estos procesos de transformación?, ¿qué tensiones se evidencian entre los marcos normativos y las prácticas ciudadanas en la gestión de estos paisajes como bienes comunes urbanos? Frente a la ausencia de una política integrada de gestión del paisaje urbano industrial, se propone una aproximación que articule memoria, apropiación y gobernanza desde una perspectiva geográfica y cultural, reconociendo su potencial como espacios de aprendizaje colectivo y de construcción de ciudadanía territorial.

METODOLOGÍA

Este artículo se deriva de una investigación doctoral desarrollada bajo un enfoque metodológico mixto; no obstante, el análisis aquí presentado se centra exclusivamente en la dimensión cualitativa, orientada a comprender la resignificación del paisaje industrial en tres ciudades colombianas: Bogotá, Medellín y Barranquilla. La investigación adopta un diseño exploratorio-comparativo, con especial interés en las relaciones entre normativas urbanas, memorias colectivas y prácticas de apropiación ciudadana en contextos de revitalización urbana.

La resignificación del paisaje industrial como espacio público no puede entenderse únicamente desde criterios funcionales o normativos, sino también desde su dimensión política y comunicativa. En este sentido, el espacio público opera como un ámbito de interacción social donde se negocian significados, se expresan demandas colectivas y se disputan formas de legitimidad, en línea con la concepción de la esfera pública como instancia mediadora entre sociedad y poder (Habermas, 1990).

La estrategia metodológica combinó tres técnicas principales. En primer lugar, se realizó el análisis de entrevistas semiestructuradas, orientado a recoger las percepciones, experiencias y narrativas de actores institucionales, comunitarios y académicos vinculados a procesos de intervención en los tres casos de estudio. En segundo lugar, se efectuó una revisión documental de instrumentos de ordenamiento territorial, normas urbanísticas, decretos locales y documentos técnicos, lo que permitió contextualizar las intervenciones desde la política pública y la normativa vigente. Finalmente, se desarrolló un análisis de discurso asistido con el software ATLAS.ti, que facilitó la codificación temática, la identificación de patrones semánticos y la representación visual de las relaciones conceptuales emergentes en los discursos analizados.

La triangulación metodológica se realizó articulando tres tipos de fuentes: discursos, documentos normativos y referentes territoriales. Esta articulación permitió contrastar las narrativas de los actores con las disposiciones oficiales y con las dinámicas territoriales observadas, lo que garantió la validez interpretativa y el rigor analítico del estudio (Creswell, 2014; Patton, 2015).

El trabajo de campo se desarrolló entre 2024 y 2025 y consistió en la aplicación de entrevistas semiestructuradas a tres tipos de actores: funcionarios públicos responsables de la gestión urbana y patrimonial, investigadores universitarios especializados en estudios urbanos e industriales, y líderes comunitarios o miembros de colectivos ciudadanos con incidencia territorial. La selección de los participantes respondió a criterios de experiencia institucional, conocimiento del territorio y vinculación directa con los procesos analizados.

En total se realizaron doce entrevistas semiestructuradas distribuidas en los tres casos de estudio, cuatro en cada ciudad, lo que permitió recoger perspectivas institucionales, académicas y comunitarias sobre los procesos de transformación del paisaje industrial urbano. Esta diversidad de actores permitió contrastar interpretaciones técnicas de la planificación urbana con narrativas situadas vinculadas a la memoria del trabajo, la apropiación territorial y las experiencias cotidianas de los habitantes.

Los resultados del análisis discursivo se organizaron mediante códigos temáticos agrupados en cinco grandes categorías analíticas: memoria y nostalgia; voluntad política; normativa urbana; participación ciudadana; y sentido de lugar (ver Tabla 1). Estas categorías permitieron establecer comparaciones entre las tres ciudades y entre los diferentes tipos de actores.

El análisis cualitativo de las entrevistas fue asistido con el software ATLAS.ti, una herramienta ampliamente utilizada en las ciencias sociales para la codificación sistemática, organización semántica y representación visual de datos textuales. Esta plataforma facilita la identificación de patrones discursivos, categorías temáticas y relaciones conceptuales a partir de la codificación inductiva y deductiva de los discursos (Friese, 2014; Saldaña, 2015). En este caso, se empleó para extraer segmentos significativos, construir redes semánticas y articular categorías interpretativas relacionadas con dimensiones como memoria, apropiación, activismo y voluntad política.

Asimismo, se elaboraron nubes de palabras a partir de los discursos transcritos de las entrevistas, con el fin de identificar visualmente los términos más recurrentes asociados a los ejes de análisis definidos: memoria, apropiación, conflicto, patrimonio, espacio público y aprendizaje colectivo. Estas representaciones gráficas facilitaron la exploración de patrones discursivos y énfasis semánticos diferenciados según el tipo de actor (institucional, académico o comunitario) y el contexto urbano particular de cada ciudad.

Las nubes de palabras no constituyen únicamente una visualización estética, sino que funcionan como una herramienta semántica capaz de identificar léxicos recurrentes y representaciones discursivas dominantes entre los actores entrevistados. Según Miles et al. (2014), este tipo de visualizaciones, cuando se integran con codificación temática, permiten mapear el peso simbólico de los conceptos recurrentes en los discursos, funcionando como un preámbulo al análisis interpretativo más profundo.

Además, se resaltaron frases representativas de cada entrevista, organizadas en fichas analíticas por ciudad. Estas expresiones permitieron ilustrar las tensiones entre las dinámicas del espacio geográfico material entendido como el espacio en su dimensión física, territorial y funcional, que comprende la organización del suelo, los usos urbanos y las configuraciones espaciales y las representaciones simbólico-discursivas que los actores construyen en contextos de transformación urbana. De este modo, el método se estructura de manera replicable y coherente con las exigencias del análisis discursivo crítico, reconociendo las relaciones de poder presentes en los discursos institucionales, comunitarios y técnicos (Fairclough, 2001).

Finalmente, la metodología adoptada se inscribe en una perspectiva geográfico-cultural orientada a comprender cómo las memorias, las prácticas sociales y las lógicas normativas configuran las posibilidades de resignificación del paisaje industrial urbano como espacio público y como bien común urbano.

RESULTADOS Y DISCUSIÓN

Memoria industrial y paisaje urbano

En los tres casos analizados, la memoria del trabajo y los relatos vinculados a la industrialización permanecen en el tejido urbano, aunque de manera fragmentada y con escaso reconocimiento en los instrumentos de planificación territorial. En Bogotá, la zona industrial de Puente Aranda conserva vestigios arquitectónicos significativos que han sido progresivamente invisibilizados por dinámicas de densificación que priorizan la rentabilidad del suelo por encima de la conservación histórica. No obstante, algunos sectores de la comunidad, especialmente arquitectos con formación y compromiso patrimonial, han impulsado acciones de salvaguardia desde el activismo profesional: “Aquí hubo fábricas que marcaron la historia laboral de la ciudad, pero hoy los planes no las nombran ni las protegen. Nos quedamos con un recuerdo en ruinas” (Comunicación personal, entrevista 3, Bogotá, 2025).

En Medellín, el enclave industrial de Simesa fue incorporado a un plan de renovación urbana que prioriza la centralidad funcional por encima de la conservación patrimonial. Aun así, es importante reconocer el trabajo técnico de urbanistas que procuraron preservar elementos representativos de la memoria industrial, enfrentando tanto las presiones inmobiliarias como las limitaciones normativas: “Se intentó conservar algo de la historia industrial, pero las dinámicas del mercado exigían rentabilizar el suelo, así que tuvimos que negociar entre memoria y función” (Comunicación personal, entrevista 2, Medellín, 2025).

En Barranquilla, los antiguos espacios portuarios e industriales han sufrido abandono y desarticulación normativa, a pesar de su proximidad al centro histórico y de su potencial como soporte de identidad urbana. Un ejemplo destacado de recuperación es la Intendencia Fluvial, edificio emblemático construido entre 1926 y 1928, que actualmente alberga la Secretaría de Cultura, Patrimonio y Turismo, que se ha consolidado como un nodo de revitalización cultural y memoria histórica en la ciudad: “El puerto y sus fábricas eran el alma del barrio, pero nadie nos preguntó cuándo empezaron a vender esos terrenos como si fueran cosa vacía” (Comunicación personal, entrevista 2, Barranquilla, 2025).

Las nubes de palabras construidas a partir del análisis discursivo permiten identificar los términos de mayor recurrencia asociados a esta dimensión, predominantemente vinculados al campo del patrimonio y de la gestión urbana del paisaje industrial. En ellas se observa la presencia reiterada de vocablos como patrimonio, renovación, paisaje e industrial, lo que da cuenta del peso que adquieren los marcos normativos y de planificación en los discursos de los actores entrevistados (Bandarin & Oers, 2014; Nogué, 2007; Sabaté & Benito del Pozo, 2010).

En el caso de Bogotá (Figura 5), destacan términos asociados a los instrumentos de ordenamiento y a los procesos de transformación urbana, lo que refleja la primacía de enfoques institucionales en la manera como se concibe la revitalización del paisaje industrial en el área de estudio. Esta configuración discursiva sugiere una comprensión del espacio público aún fuertemente mediada por lógicas técnicas y de gestión, aunque coexistente con aproximaciones que reconocen el paisaje industrial como un componente relevante del patrimonio urbano (Bandarin & Oers, 2014; Nogué, 2007).

En Medellín (Figura 6), los discursos se agrupan en torno a palabras como memoria, vivienda, infraestructura, plan parcial y renovación, lo que evidencia la coexistencia de intereses funcionales con esfuerzos institucionales puntuales por preservar elementos del pasado fabril. La referencia a Simesa como enclave emblemático permite comprender cómo las narrativas institucionales negocian entre la rentabilidad del suelo y la evocación patrimonial, mostrando una tensión latente entre el mercado y la historia.

Por su parte, en Barranquilla (Figura 7) emergen términos como industria, paisaje, distrito y proyecto, los cuales remiten a un vacío institucional en la gestión del patrimonio industrial, así como a un sentido de pérdida colectiva frente a la transformación de la zona portuaria. El discurso comunitario enfatiza la ausencia de consulta y la desvinculación afectiva provocada por la desarticulación normativa, al tiempo que expresa un deseo de reactivar estos espacios como referentes identitarios y culturales.

En conjunto, estas visualizaciones refuerzan la interpretación de los paisajes industriales como territorios en disputa, en los que se manifiestan tensiones entre la lógica económica de la renovación urbana y las demandas de preservación patrimonial, entre la normativa oficial y la participación efectiva de las comunidades, y entre las narrativas institucionales de modernización y las prácticas sociales de reapropiación y defensa del territorio. En estos escenarios convergen memorias, marcos normativos y luchas por el derecho a la ciudad.

Las nubes de palabras, utilizadas como herramienta de apoyo al análisis cualitativo, no pretenden reemplazar la reflexión analítica ni la presentación de citas textuales, sino facilitar la identificación preliminar de patrones léxicos y conceptos recurrentes en los discursos de los actores entrevistados. Su función ha sido complementar, y no sustituir, la interpretación de las tensiones observadas en cada caso.

No obstante, se reconoce que la lectura comparativa entre los tres casos trasciende estas representaciones gráficas y requiere un análisis sistemático que contemple las particularidades normativas, socioespaciales y territoriales de cada ciudad. En este sentido, las nubes de palabras se integran al proceso de triangulación metodológica, junto con las entrevistas y la revisión documental, como un insumo para la interpretación crítica del paisaje industrial, su resignificación social y las disputas urbanas que estos espacios activan en el contexto colombiano.

Apropiación social del espacio público posindustrial

El análisis cualitativo revela que la apropiación social del espacio público en enclaves industriales urbanos se presenta de manera desigual y conflictiva. Si bien las intervenciones urbanas promueven discursos oficiales sobre renovación y modernización, en la práctica las comunidades locales perciben estos procesos como una amenaza al tejido social y a la memoria colectiva.

En Bogotá, el Decreto 555 del 2021 introduce una nueva visión de gestión territorial mediante la figura de las unidades de paisaje, concebidas como ámbitos estratégicos para articular las dimensiones ecológica, cultural y urbana del territorio. Esta herramienta representa un avance significativo en la planificación multiescalar al reconocer que el paisaje no es únicamente un recurso visual o ambiental, sino también un sistema complejo de significados, prácticas y memorias colectivas que configuran la experiencia urbana.

En este marco, la Actuación Estratégica de la Zona Industrial de Bogotá (ZIBO), localizada en Puente Aranda, ofrece una oportunidad para integrar los vestigios industriales a políticas de espacio público, patrimonio y revitalización urbana: “El espacio público no es solo una plaza o un parque, también es una memoria compartida, un derecho a permanecer en la ciudad que habitamos” (Comunicación personal, entrevista 3, Bogotá, 2025).

En Medellín, el entorno de Simesa ha sido objeto de intervenciones urbanas que incluyen zonas verdes, centralidades y espacios de uso público. Sin embargo, los relatos de los entrevistados señalan la ausencia de mecanismos efectivos de participación comunitaria y la percepción de que la memoria local fue desplazada por intereses comerciales. Esto ha generado una apropiación simbólica fragmentada y una sensación de exclusión entre los habitantes históricos del sector: “Los vecinos sentimos que este barrio dejó de ser nuestro desde que llegaron las constructoras; todo se planea para otros, nunca para quienes hemos vivido aquí” (Comunicación personal, entrevista 1, Medellín, 2025).

Estos testimonios evidencian tensiones entre los objetivos funcionales de la planificación urbana y las expectativas de permanencia de los habitantes históricos, lo que configura conflictos simbólicos en torno al uso, significado y acceso al espacio público resultante de los procesos de renovación urbana.

En Barranquilla, las narrativas comunitarias destacan una apropiación centrada en la memoria fluvial y portuaria, estrechamente vinculada al sentido de pertenencia territorial. No obstante, la ausencia de políticas públicas que integren estas memorias en los proyectos urbanos ha limitado las posibilidades de reapropiación efectiva del espacio público: “La historia del puerto y del barrio la conocemos nosotros, pero nadie nos pregunta ni nos incluye cuando hacen proyectos en esta zona” (Comunicación personal, entrevista 2, Barranquilla, 2025).

Las entrevistas evidencian una apropiación desigual y conflictiva del espacio público en los paisajes industriales analizados: Puente Aranda en Bogotá, Simesa en Medellín y el sector portuario en Barranquilla. Mientras que los actores institucionales destacan los beneficios asociados a la renovación urbana especialmente en términos de atracción de inversión privada, generación de empleo y fortalecimiento de una imagen de ciudad moderna y competitiva, las comunidades locales expresan preocupaciones frente al desplazamiento simbólico, la pérdida de referentes culturales y la fragmentación del tejido urbano.

Las nubes de palabras (Figura 8) y redes semánticas (Figura 9) elaboradas a partir del análisis discursivo evidencian la centralidad de términos como espacio, patrimonio, memoria, participación y territorio. Estas representaciones muestran cómo el espacio público posindustrial se configura como un ámbito de disputa simbólica, apropiación diferencial y ejercicio de ciudadanía territorial.

La red semántica (ver Figura 9) sintetiza las relaciones entre categorías emergentes del discurso a partir de la codificación cualitativa. La visualización no se organiza en niveles jerárquicos rígidos, sino en un entramado relacional donde memoria y comunidad operan como nodos articuladores. Estos conectan categorías de significación socioterritorial apropiación, activismo y sentido de lugar con mediaciones institucionales como normativa y voluntad política.

La intensidad diferencial de los vínculos sugiere que la resignificación del paisaje industrial como espacio público no se explica por una sola dimensión, sino por la interacción entre repertorios simbólicos territoriales y dispositivos formales de gestión urbana. En esa misma lógica, la relación entre espacio público y derecho a la ciudad incorpora un registro político del proceso asociado a disputas por acceso, uso y reconocimiento del lugar como bien urbano.

Las conexiones discursivas analizadas en las redes semánticas revelan que las tensiones entre normativa, apropiación comunitaria y memoria se estructuran alrededor de tres ejes principales:

Estos hallazgos refuerzan la interpretación del espacio público posindustrial como un territorio negociado, en el que las comunidades ejercen formas de resistencia simbólica frente a las transformaciones impulsadas desde los marcos normativos o los intereses inmobiliarios.

Aprendizaje colectivo y prácticas emergentes

A pesar de las limitaciones institucionales y de los marcos normativos restrictivos, en los tres casos estudiados emergen prácticas de reapropiación simbólica y aprendizaje territorial protagonizadas por diversos actores sociales. Estas prácticas, desarrolladas por colectivos comunitarios, organizaciones culturales, profesionales comprometidos con la defensa del patrimonio y universidades locales, contribuyen a resignificar el espacio público posindustrial como un ámbito en el que se construyen nuevas narrativas urbanas. Al mismo tiempo, permiten la recuperación de memorias situadas, es decir, aquellas que se originan en la experiencia cotidiana, el arraigo territorial y las prácticas sociales de los habitantes locales. En el contexto del sur global, marcado por desigualdades estructurales, urbanización desigual y tensiones socioespaciales, estas iniciativas emergen como formas alternativas de interpretación, resistencia y construcción social del espacio urbano.

En Bogotá, las rutas patrimoniales, los talleres comunitarios y las narrativas de memoria oral, promovidas principalmente por colectivos ciudadanos, representan formas de resistencia simbólica frente a las lógicas de reestructuración urbana orientadas al mercado. Estas iniciativas han buscado visibilizar la historia obrera de Puente Aranda y promover la reflexión sobre la memoria industrial en los procesos de planeación territorial.

En Medellín, las tensiones entre planificación funcional y memoria industrial han sido abordadas por profesionales formados en universidades locales y extranjeras, quienes, desde dentro del aparato institucional, han impulsado la conservación parcial de elementos significativos del enclave Simesa. Si bien sus acciones han sido puntuales, han abierto espacios de diálogo entre las prácticas técnicas y las narrativas patrimoniales del territorio.

En Barranquilla, las organizaciones comunitarias y los colectivos barriales han desarrollado iniciativas de movilización vecinal, denuncia pública y apropiación cultural vinculadas al sector portuario y a las antiguas zonas industriales. Estas acciones han buscado rescatar las memorias locales asociadas a la tradición fluvial y al trabajo portuario, fortalecer los lazos comunitarios y promover la visibilización de la historia barrial frente a la ausencia de políticas públicas que integren efectivamente estas memorias en los proyectos urbanos. Más que procesos de resistencia abierta, estas iniciativas se han consolidado como prácticas de reapropiación simbólica y de reconocimiento territorial en un contexto de transformación urbana.

Estas experiencias permiten interpretar el paisaje industrial como un bien común en disputa, no solo por su valor histórico o patrimonial, sino por su capacidad de convertirse en un escenario en el que confluyen memorias, prácticas sociales y dinámicas de poder. En estos espacios, el aprendizaje colectivo trasciende la mera transmisión de saberes y se expresa en acciones de apropiación simbólica, defensa del territorio y producción de sentidos compartidos frente a los procesos de mercantilización urbana.

Las redes semánticas generadas a partir del análisis en ATLAS.ti evidencian la estrecha conexión entre términos como activismo, memoria, derecho, comunidad y espacio público, lo que permite reconocer con mayor claridad las tensiones entre las lógicas oficiales de intervención, habitualmente orientadas a la valorización económica del suelo, y las prácticas emergentes de reapropiación ciudadana. Estas relaciones discursivas no solo confirman la disputa por el significado y el uso del espacio urbano posindustrial, sino que también muestran cómo las memorias colectivas y las acciones ciudadanas construyen formas de resistencia simbólica y procesos de gobernanza desde abajo, desafiando narrativas hegemónicas del desarrollo urbano.

Desde la perspectiva de la geografía, particularmente en sus vertientes cultural y urbana, los resultados refuerzan la idea de que el conocimiento situado y la acción colectiva son componentes centrales en la resignificación de los enclaves industriales como territorios pedagógicos. Esta noción permite comprender el espacio no únicamente como un escenario de intervención urbanística, sino como un lugar en el que se construyen saberes compartidos, memorias colectivas y prácticas de ciudadanía activa. En este marco, las comunidades no aparecen como simples receptoras de políticas públicas, sino como actores que producen significados, reivindican derechos y generan procesos de aprendizaje social vinculados con su experiencia cotidiana del espacio urbano.

El carácter pedagógico del paisaje radica, entonces, en su capacidad para constituirse en un espacio vivo de reflexión crítica, formación de la memoria colectiva y construcción de ciudadanía consciente. Este enfoque supera la visión utilitarista del paisaje como objeto de contemplación o recurso económico, para reconocerlo como un bien común que promueve participación, autonomía comunitaria y justicia territorial.

En este sentido, la ciudadanía territorial puede entenderse como la práctica social y política mediante la cual los habitantes ejercen su derecho a habitar, transformar y decidir sobre el espacio que configuran colectivamente. Inspirada en los planteamientos de Harvey (2012) sobre justicia social y derecho a la ciudad, esta categoría resalta la importancia de la participación efectiva en la producción del espacio urbano y en la distribución equitativa de sus beneficios. La ciudadanía territorial no se limita al reconocimiento jurídico ni a la participación formal, sino que se expresa también en las formas de resistencia, en la apropiación simbólica y en las acciones orientadas a garantizar el acceso democrático al espacio público.

En conjunto, estos hallazgos muestran que la transformación del paisaje industrial no consiste únicamente en una renovación física, sino en un proceso de aprendizaje social, resignificación del sentido de lugar y fortalecimiento de la ciudadanía territorial. De este modo, la evidencia empírica confirma que el espacio público posindustrial puede aproximarse a la condición de bien común urbano cuando sus dimensiones simbólicas, pedagógicas y conflictivas son reconocidas e incorporadas en los procesos de intervención territorial.

CONCLUSIONES

Frente a este escenario, las prácticas emergentes de apropiación social y aprendizaje territorial, interpretadas desde la geografía cultural entendida como una perspectiva que articula espacio, prácticas y significados, abren posibilidades para resignificar los enclaves industriales como espacios comunes. Estas iniciativas permiten comprender el paisaje posindustrial como un territorio en disputa en el que convergen memorias, narrativas ciudadanas y formas alternativas de gestión urbana.

Pensar el espacio público posindustrial desde una perspectiva crítica del sur global implica cuestionar las lecturas exclusivamente técnicas o normativas y reconocer la producción social del espacio como un proceso afectivo, situado y colaborativo. En ciudades atravesadas por memorias en disputa, el derecho al paisaje se configura como una práctica activa de ciudadanía territorial, entendida como la capacidad de las comunidades para reclamar, habitar y transformar su entorno urbano. Reconocer estos espacios como territorios vivos, y no solo como ruinas o bienes patrimoniales, constituye un paso esencial hacia futuros urbanos más democráticos, sensibles e inclusivos.

La resignificación de los paisajes industriales urbanos en Colombia plantea desafíos estructurales en términos de gobernanza, reconocimiento patrimonial y construcción del espacio público como bien común. A partir del análisis cualitativo de entrevistas semiestructuradas, apoyado en herramientas como ATLAS.ti, se evidencia que estos enclaves se encuentran en un punto de inflexión entre la obsolescencia funcional y su potencial simbólico y cultural. Este umbral configura un terreno de disputa entre actores con diferentes niveles de agencia, visiones y capacidades de intervención, particularmente en contextos urbanos del sur global caracterizados por desigualdades territoriales y por la marginación histórica de las memorias obreras.

Aunque se reconocen avances normativos en materia de revitalización urbana, como el Plan de Ordenamiento Territorial de Bogotá (Decreto 555 del 2021) y la incorporación de las unidades de paisaje, persiste una visión instrumental del espacio público que restringe su dimensión pedagógica, social y simbólica. Las narrativas institucionales tienden a invisibilizar o neutralizar la memoria industrial bajo discursos de modernización urbana, sin reconocer plenamente su valor histórico, afectivo y territorial.

Asimismo, la participación ciudadana continúa limitada a esquemas formales, con escasos mecanismos de coproducción o deliberación efectiva en la toma de decisiones (Watson, 2009; Brand & Dávila, 2011). En el contexto latinoamericano, esta situación contribuye a la persistencia de memorias subalternas y a la reproducción de desigualdades territoriales.

Las entrevistas analizadas revelan discursos que articulan nostalgia, activismo, voluntad política y sentido de lugar. Estas dimensiones evidencian cómo los paisajes industriales funcionan como palimpsestos territoriales en los que se superponen capas históricas, relaciones de poder y significados colectivos. En este proceso, el papel de los actores civiles como colectivos patrimoniales, urbanistas críticos y líderes comunitarios resulta fundamental para sostener narrativas alternativas frente a la hegemonía del mercado inmobiliario.

Los paisajes industriales no deben entenderse únicamente como vestigios materiales de un pasado productivo, sino como territorios de posibilidad en los que convergen memorias, saberes situados y formas emergentes de ciudadanía urbana. Las iniciativas comunitarias identificadas, como los recorridos patrimoniales, las acciones culturales y el activismo en torno al patrimonio industrial, demuestran que estos espacios pueden funcionar como plataformas de aprendizaje colectivo, resignificación simbólica y coproducción del espacio público.

Desde esta perspectiva, la lectura geográfico-cultural del paisaje industrial permite superar la dicotomía entre conservación y desarrollo urbano. Este enfoque reconoce el paisaje como una construcción social en la que se articulan dimensiones materiales, simbólicas y políticas del territorio. En consecuencia, el paisaje industrial puede comprenderse como un recurso urbano común, cargado de significados, memorias y usos sociales que contribuyen a fortalecer la identidad territorial.

En ciudades marcadas por memorias en disputa, el derecho al paisaje se constituye como una forma activa de ciudadanía territorial. Este concepto remite a la capacidad de los habitantes para participar en la producción social del espacio, reclamar reconocimiento de sus memorias colectivas y ejercer prácticas de apropiación territorial que desafían las lógicas excluyentes del desarrollo urbano. En consonancia con los planteamientos sobre el derecho a la ciudad y a la justicia espacial (Harvey, 2012), el espacio público posindustrial se configura como un ámbito de deliberación y negociación social donde se disputan sentidos, usos y formas de legitimidad.

Los hallazgos del estudio permiten identificar una problemática transversal en los tres casos analizados: la tensión estructural entre políticas urbanas orientadas a la valorización económica del suelo y las prácticas ciudadanas de defensa del patrimonio y la memoria. Este conflicto se expresa en la participación limitada de las comunidades, en la apropiación desigual del espacio público y en la resignificación fragmentada del paisaje industrial.

Finalmente, los resultados muestran que la resignificación de los paisajes industriales urbanos no se produce de manera homogénea ni lineal, sino a través de procesos complejos de negociación, apropiación y conflicto. Estos procesos emergen de la interacción entre actores institucionales, orientados por marcos normativos y lógicas de mercado, y actores comunitarios que movilizan memorias, saberes locales y prácticas de ciudadanía territorial.

En este contexto, la sostenibilidad de los procesos de revitalización depende en gran medida de la voluntad política, la sensibilidad institucional y la continuidad en la gestión pública. Sin una articulación efectiva entre los sectores público, académico y comunitario, la resignificación del paisaje industrial corre el riesgo de diluirse o de ser capturada por dinámicas de mercantilización, exclusión y despojo simbólico. Promover una gestión territorial participativa, situada y atenta a las memorias urbanas constituye, por tanto, una condición fundamental para avanzar hacia ciudades más justas, inclusivas y conscientes de su historia urbana.

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