VALORES, PRINCIPIOS Y CONTEXTO
EN LA ARQUITECTURA CONTEMPORÁNEA
EN MÉXICO
Values, Principles, and Context in Contemporary
Mexican Architecture
Christof Göbel
Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco, México
https://orcid.org/0000-0001-6298-5261
Elizabeth Espinosa Dorantes
Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco, México
https://orcid.org/0000-0002-3198-5135
Recibido: 30 de diciembre del 2024
Aprobado: 3 de agosto del 2025
doi: https://doi.org/10.26439/limaq2025.n016.7672
El artículo analiza la relación entre valores, principios y contexto en la arquitectura contemporánea mexicana. Plantea que la globalización y el avance tecnológico han generado una pérdida de referentes humanistas y una producción arquitectónica cada vez más descontextualizada. A partir de categorías como sentido de lugar, sostenibilidad, vinculación con los usuarios, funcionalidad espacial, saberes tradicionales, identidad y criterios estéticos, se estudian cuatro obras mexicanas: el Colegio María Montessori en Mazatlán, el Refugio para Mujeres Víctimas de Violencia en Uruapan, el Centro de Rehabilitación e Inclusión Infantil Teletón en Tamaulipas y la Escuela de Artes Visuales de Oaxaca. Estos casos muestran que la integración contextual y el uso de materiales locales permiten construir una arquitectura ética y estética que responde a su entorno. Se concluye que, pese a la homogeneización global, aún es posible generar una arquitectura con identidad, compromiso social y respeto por el lugar.
arquitectura contemporánea, contexto, identidad, sostenibilidad
This article analyzes the relationship between values, principles, and context in contemporary Mexican architecture. It argues that globalization and technological progress have led to a loss of humanistic references and a trend toward decontextualized architectural production. Using categories such as sense of place, sustainability, user connection, spatial functionality, traditional knowledge, identity, and aesthetic criteria, the study examines four Mexican projects: the María Montessori School in Mazatlán, the Shelter for Women Victims of Violence in Uruapan, the Teletón Children’s Rehabilitation Center in Tamaulipas, and the School of Visual Arts in Oaxaca. These cases demonstrate that contextual integration and the use of local materials can foster an ethical and aesthetic architecture that responds to its environment. The article concludes that, despite the homogenizing effects of globalization, it remains possible to create architecture with cultural identity, social commitment, and respect for place.
contemporary architecture, context, identity, sustainability
Este es un artículo de acceso abierto, distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution 4.0 International (CC BY 4.0).
INTRODUCCIÓN: LA GLOBALIZACIÓN Y SU IRRUPCIÓN
EN LA ARQUITECTURA
La sociedad sufre un cambio en el sistema de valores producido por el alejamiento del humanismo. En el caso de la arquitectura, si bien su esencia es reflejar formalmente la expresión de valores, la pérdida de ellos impide ver la relación significativa entre la arquitectura y la sociedad. ¿Cuál puede ser la explicación? Parece que la respuesta está en la descontextualización y en el desarraigo de la experiencia, de la historia y de la cultura específicas, efectos derivados de la globalización. La falta de atención a estos fenómenos ha conducido a un cambio de significado en la arquitectura, uno que la convierte en productora de piezas de diseño que evitan las relaciones con los usuarios, que desatiende la función de los espacios y la vinculación con un contexto cultural determinado, y que desdeña la importancia de estos componentes en el proceso proyectual. La arquitectura sin antecedentes de su tradición, que no vincula lo nuevo con lo antiguo y que mantiene una postura siempre innovadora, necesita recrear el significado del lugar (Carevic & Domínguez Moreno, 2012).
El avance tecnológico y la expansión de los asentamientos producen el desborde de los límites territoriales y la promoción de interconexiones informáticas que generan comunidades desterritorializadas. Esta condición afecta la formalización del lugar y suministra imágenes arquitectónicas que no reflejan valores fundamentales, como son el reconocimiento de la memoria colectiva y la identidad (Carevic & Domínguez Moreno, 2012). En la arquitectura, la homogenización hace necesaria la recuperación del espíritu de lugar, lo que Norberg-Schulz (1979) denominó el genius loci. Para ello, no solo es necesario reconocer el territorio, el espacio físico y humanizado, sino las dinámicas, valores e imágenes sociales y culturales, que producen paisaje y dan sentido al lugar (García, 2019).
Sin duda, la descontextualización es un factor relevante en la producción generalizada de una arquitectura ahistórica y acultural (Carevic & Domínguez Moreno, 2012). Por tanto, se requiere manifestar el territorio mediante la asignación de una fisonomía singular que refleje valores. Con ello, el lugar debe conceptualizarse como la construcción humana que transforma de forma diferenciada el espacio físico, al cual se le debe aportar significados culturales y simbólicos para que estos sean valorados como signos de identidad. En otras palabras, la esencia del lugar es la identidad que manifiesta la relación con su contexto e historia. Entonces, sobre la base de lo anterior, la arquitectura debe responder a condiciones contextuales, ambientales e históricas. Además, debe tomar en consideración elementos como la arquitectura existente, la experiencia, la percepción, los materiales, el entorno físico, la memoria histórica y la carga cultural (García, 2019).
Carevic y Domínguez Moreno (2012) mencionan que el estudio de los contextos, su historia y sus códigos permiten que el arquitecto se aproxime a variables que pueden ser nuevamente interpretadas. Se refiere, así, a la creación de nuevas referencias estéticas que materialicen la relación contextual, histórica y cultural, sin tener que renunciar a la modernidad ni a la tecnología para producir formas innovadoras.
CATEGORÍAS METODOLÓGICAS
Con el objetivo de identificar cómo la arquitectura contemporánea incorpora elementos del paisaje y de la tradición local para conservar el sentido del lugar, el presente trabajo busca abordar la condición contemporánea de la arquitectura, sus valores y sus principios, y, de forma muy específica, analizar obras de arquitectura mexicana en cuya formalización la contextualización fue un elemento relevante.
Los elementos significativos de la globalización ya mencionados —descontextualización, desarraigo de la experiencia, ausencia de relaciones con la historia y la cultura específica— nos permiten plantear las categorías de análisis sobre cuya base se revisarán obras de arquitectura mexicana (dos equipamientos educativos, un refugio para mujeres víctimas de violencia y un centro de rehabilitación e inclusión infantil), a fin de examinar si, a través de la contextualización, pueden obtenerse productos arquitectónicos que no solo atiendan el sentido del lugar, sino que reflejen su ética y estética. En la Tabla 1, podemos observar que las categorías definidas, en oposición a la descontextualización, fueron el sentido de lugar, la sostenibilidad (en específico, las adaptabilidades climática y paisajística). En contraposición al desarraigo, se definieron como categorías la vinculación de los usuarios, las funciones del espacio y los saberes tradicionales. En el caso de la ausencia de relaciones con la historia y la cultura, las categorías son la identidad y los criterios estéticos.

CARACTERÍSTICAS QUE IDENTIFICAN A LA ARQUITECTURA
CONTEMPORÁNEA
¿Cómo definir la arquitectura contemporánea? Es difícil encontrar una respuesta adecuada a esta interrogante ambiciosa y compleja. Arrieta y Ferrer (2010) plantean que lo contemporáneo es todo aquello que sucede en el tiempo presente y que pertenece al periodo histórico más cercano al momento actual. También mencionan que el término sirve para señalar hechos, circunstancias o fenómenos que se desarrollan en el tiempo presente y que son parte de una realidad referida a la actualidad.
Para definir el periodo contemporáneo se puede formular un sinnúmero de características; sin embargo, algunas relevantes son la presencia de la tecnología, el quiebre con las tradiciones y los supuestos preestablecidos, la libertad de expresión, la apertura social, la abstracción artística, así como la creciente e irreversible interrelación entre todas y cada una de las regiones del planeta, a través de procesos como la globalización y el multiculturalismo. En conclusión, la contemporaneidad implica todo lo relacionado con el tiempo en el que vive un individuo, depende de la cultura, las costumbres, las tradiciones y los conocimientos de esa época. Por tanto, la interrelación de los individuos con los contextos definirá las condiciones de lo contemporáneo (Arrieta & Ferrer, 2010).
En la arquitectura, la posguerra de la Segunda Guerra Mundial marca el inicio de un nuevo orden económico y de la reconstrucción europea. Se considera al año 1945 como el inicio de la condición contemporánea en la arquitectura. Su origen y desarrollo se distingue por temáticas como la autonomía disciplinar de la arquitectura moderna y la exploración de la integración de las artes ante la industrialización; la búsqueda de la especificidad y la diversidad desde una práctica caracterizada por la colaboración multidisciplinar; y el pluralismo, la mundialización y el surgimiento del star system como características en las prácticas actuales (Román, 2021). Es así como, en la cultura contemporánea, ya no se entiende el proyecto de arquitectura como un ejercicio de resolución de problemas, sino como uno de composición de problemas. Esto supone que la disciplina ha abandonado su condición de absoluta e inalterable para evolucionar hacia un sinfín de posturas y visiones de la realidad, las cuales pueden asumirse como válidas (Fregosi, 2022). De esta forma, la arquitectura contemporánea en su esencia se refiere a aquella arquitectura, producto de su época, que define su propia actualidad (Fraile, 2016).
La mayor complejidad de la arquitectura y la necesidad de organización nos conducen a una división del trabajo en la forma de una colaboración multidisciplinar, lo cual implica el surgimiento no solo de nuevos problemas sociales, sino de temáticas que restablecen la relación de la arquitectura con su contexto y que evitan la autonomía formal y su separación del medio natural. En la práctica actual, se retoman temáticas como la ecología y el medioambiente; la migración; la planificación urbana desde la economía y las ciencias sociales; la participación ciudadana; las nuevas tecnologías y metodologías de diseño; así como lo referente a la arquitectura como un producto de consumo. En general, las cualidades asociadas a estas temáticas podrían definirse mediante la artisticidad, la necesidad, la materialidad, la dialogicidad y el entendimiento o racionalidad; esto es, lo artístico, la habitabilidad, lo técnico, lo urbano y su valorización (Román, 2021).
Aun cuando los objetos arquitectónicos fueron originalmente concebidos para satisfacer una necesidad de uso, la forma arquitectónica posee expresividad y se presenta siempre con un significado; es decir, además de crear un espacio para una función determinada, la arquitectura busca transmitir un mensaje (Castro-Guadamud & Castro-Mero, 2021). Según Arrieta y Ferrer (2010), lo contemporáneo implica rechazar aquellos estilos históricos anteriores a la época actual. En la arquitectura también se adoptó esta idea como principal argumento para definir lo contemporáneo, lo cual se manifestó en propuestas diferentes a las tendencias clásicas utilizadas en el último tercio del siglo xix, las cuales se apoyaron en las nuevas técnicas y materiales desarrollados durante el siglo xx y xxi.
Es importante precisar que la Revolución Industrial favoreció la transformación del contexto tecnológico de la construcción. La fabricación masiva de materiales como el hierro, el vidrio y el acero laminado permitió la generalización de su uso en la construcción, lo que provocó que los antiguos criterios arquitectónicos perdieran importancia o valor. Es así como el concepto de arquitectura contemporánea surge a finales del siglo xx, específicamente en la década de los ochenta, y como la tecnología y la modernización de los sistemas computacionales se convierten en la base de un estilo arquitectónico globalizado, distinguido por una alta complejidad estructural y por la diversidad de percepciones digitales que han permitido perfeccionar el diseño.
Las capacidades de la imagen para transmitir conceptos e ideas concretas se han incrementado a consecuencia del desarrollo de los medios visuales de transmisión de la información (Fregosi, 2022). En estos medios, la concretización de la forma, con perspectiva tecnológica digital, busca la optimización y la eficiencia del proceso de construcción, a través de la producción y reproducción de una arquitectura inédita desarrollada con contundencia formal, en la que los algoritmos matemáticos, sistemas digitales y avanzados sistemas estructurales muestran un distanciamiento respecto de los estilos históricos del pasado. Fraile (2016) propone también que, para comprender y definir con precisión las características de la arquitectura contemporánea, es necesario explorar seis conceptos: la globalización, la representación, la materialidad, las formas complejas, la ecología y los sentidos.
Globalización
Los diseñadores buscan transformar la arquitectura mediante un lenguaje artístico que refleje conocimientos técnico-científicos como una forma de simbolización de complejidad y poder. De ahí que, junto con la tecnología, la cual nos permite tener contacto con nuevas realidades y que nos comunica y relaciona con el resto del mundo, se produce un estilo globalizado por el cual las principales capitales se disputan la construcción de edificios como si se tratara de obras de arte. Es decir, la estética en la arquitectura contemporánea es tan importante como la función.
Representación
Desde la década de 1980, se observa un acelerado proceso de digitalización de la arquitectura. Nuevas herramientas tecnológicas han desarrollado no solo un nuevo modo de representación de la realidad, sino que la percepción digital ha permitido corregir y perfeccionar diseños con una alta complejidad estructural: una arquitectura de precisión en la que la complejidad formal solo puede concebirse mediante medios digitales.
Materialidad y formas complejas
En la arquitectura de la contemporaneidad, se rechaza la producción de artefactos despersonalizados e idénticos. Por lo tanto, los creadores experimentan nuevas formas arquitectónicas. El interés por personalizar la producción convierte al diseñador en un artesano, ya que materializa las ideas mediante la prefabricación digital. Con la popularización del diseño asistido por computadora, surge una nueva arquitectura que usa formas geométricas complejas, innovadoras, ligadas al movimiento y con una aparente carencia de propósito, causa u orden.
Ecología
Los problemas del medioambiente y la búsqueda de un desarrollo sostenible constituyen un tema constante en la producción arquitectónica contemporánea. Esto ha incrementado no solo la necesidad de transformar los sistemas de producción y consumo, sino también la optimización de recursos, como la energía y el agua, la reutilización de estructuras, y el uso de materiales con ahorro energético y que tengan el menor impacto sobre el medioambiente.
De esta manera, el respeto por las condiciones y las características del paisaje, así como por el contexto en el proyecto, durante la construcción y el mantenimiento de un edificio, es una de las condiciones que deben asumirse en la arquitectura contemporánea. Por esta razón, es necesario considerar las características físicas del lugar (clima, viento, suelo y agua), el confort térmico, la acústica, los aspectos visuales, los consumos de energía y agua, entre otros, y tomar en cuenta el ciclo de vida de los edificios como premisa en el proceso de diseño (Arrieta & Ferrer, 2010). El diseño en la arquitectura no debe circunscribirse únicamente a la búsqueda del ahorro energético, del reciclaje de residuos o de la reducción de la contaminación, sino que debe perseguir la integración con el ambiente y mejorar la calidad de vida de sus usuarios.
Sentidos
Otra idea que la arquitectura contemporánea explora es la subjetividad como condición para concebir y explicar los proyectos, lo cual se refleja en enfatizar mediante la forma, experiencias y sensaciones espaciales entre las personas y los objetos construidos. Esta condición ha producido una valoración positiva de la arquitectura regional y vernácula, sobre todo respecto de la sensibilidad frente a las condiciones de la luz, el viento y la temperatura (Fraile, 2016).
A partir de los conceptos anteriores, las características que se definen para identificar la arquitectura contemporánea son la expresividad, la materialidad, la iluminación, la sustentabilidad y el espacio. Respecto de la expresividad, se plantea analizar el equilibrio entre conceptos y emociones, la belleza, el entendimiento contextual (cultural, físico, social y climático) y la sensibilidad (ritmo, textura, iluminación, alturas, jerarquías visuales, percepciones, claroscuros, yuxtaposición de planos, armonía y cohesión espacial, entre otros), con el objetivo de valorar si la edificación es altamente expresiva y funcional (Díaz, 2023).
Por un lado, en relación con la materialidad, características como el juego de materiales y texturas, el contraste de tonalidades y las capacidades técnicas permiten explorar las condiciones expresivas de los materiales, no solo la de los disponibles, sino también la de los industrializados. Por otro lado, respecto de la iluminación, la temática se refiere principalmente al empleo de la luz para dar profundidad y para volver más eficientes los edificios mediante la iluminación natural (Díaz, 2023). Asimismo, en cuanto a la sostenibilidad, por la crisis climática la arquitectura contemporánea busca ser ambientalmente consciente de su contexto y responsable de su construcción; también promueve el uso de materiales reciclados y de acabados locales, así como la utilización adecuada de recursos arquitectónicos como el asoleamiento y las orientaciones, de manera tal que el uso de equipos de aire acondicionado y calefactores disminuya. Otro tema que también se aborda es la eficiencia energética, es decir, se promueve el uso de paneles solares, el reciclamiento y el almacenaje de aguas pluviales, etcétera (Díaz, 2023) (véase la Figura 1).

En la arquitectura contemporánea no se crean espacios físicos, sino que se comunican ideas, emociones y significados. Por ello, se busca diseñar espacios flexibles, con conexiones sensoriales entre espacios, y se acentúa la percepción visual mediante el uso de materiales, color e iluminación (Díaz, 2023). Así, junto a la ornamentación y a las formas complejas, el color ha regresado a la arquitectura: superficies y volúmenes se transforman en planos de colores y formas complejas en donde las texturas continuas también se han convertido en un motivo recurrente.
LA ESTÉTICA Y LA ÉTICA DEL LUGAR
Si bien se han definido las características de la arquitectura contemporánea, no debemos olvidar que el cambio en sus significados, debido a la desvinculación de la función de los espacios con un contexto físico y cultural determinado, nos exige la revisión de los conceptos de estética y ética del lugar, ideas que entrelazan disciplinas como la filosofía, la sociología, la arquitectura y la geografía, y que se refieren al modo en que los espacios, paisajes o entornos influencian y son influenciados por valores, normas y percepciones humanas (Pallasmaa, 2005; Relph, 1976).
La estética del lugar se refiere a la percepción sensorial y emocional que un espacio o lugar provoca en los individuos. Es el estudio de los elementos visuales, sonoros, táctiles y atmosféricos que configuran una experiencia. El concepto se enfoca en la belleza, el equilibrio, la armonía y el impacto emocional que un entorno genera en quienes lo experimentan. En el caso del diseño arquitectónico y urbanístico, la disposición de los edificios, plazas, calles y paisajes, el uso del color, la forma, los materiales y la iluminación son esenciales en la experiencia (Pallasmaa, 2005). La naturaleza y el paisaje, así como los lugares con una fuerte carga histórica y cultural, también influyen profundamente en la percepción estética (Bachelard, 1958/1994).
Por otra parte, la ética del lugar se refiere a la reflexión sobre los deberes y las responsabilidades del ser humano con respecto a la naturaleza, los seres vivos y las generaciones futuras. De esta forma, la sostenibilidad, la accesibilidad y la equidad, la memoria colectiva y la participación comunitaria son condiciones que deben ser valoradas durante el proceso proyectual de la arquitectura. Así, la relación con el entorno natural debe ser responsable a través de la preservación de los recursos y la reducción del impacto ambiental. Además, un lugar ético debe garantizar que todos sus habitantes tengan acceso a los mismos recursos, oportunidades y servicios, y que los lugares que tienen una historia y memoria se respeten, especialmente cuando sean espacios con una carga simbólica y cultural importante (Harvey, 1973). Como criterio ético del lugar, no debe soslayarse que en las decisiones sobre la transformación o el desarrollo de un lugar debe involucrarse a la comunidad local.
En resumen, el concepto de la estética y la ética del lugar no solo involucra una mirada superficial al entorno, sino que busca una integración profunda de cómo el espacio refleja y moldea valores, creencias y prácticas. Cabe mencionar que tanto la estética como la ética del lugar son fundamentales para construir un sentido de pertenencia, identidad y bienestar, al promover una interacción respetuosa entre las personas y su entorno (Relph, 1976).
El desarrollo de las regiones impone, de manera vertiginosa, cambios tecnológicos, sociales e incluso éticos. Estos cambios influyen en la generación de nuevas formas en el diseño y condicionan los preceptos para la delimitación del espacio habitable, donde cada comunidad establece su propio conjunto de saberes, cuyo reconocimiento permite que estas señales se conviertan en signos y, por ende, en mensajes (Castro-Guadamud & Castro-Mero, 2021). Como ya se mencionó, existe un genius loci que representa la base teórica y cultural que muestra las preexistencias ambientales que posee cada espacio. Es un testimonio de la memoria que proporciona el redescubrimiento de identidades y de vivencias en el tiempo, las cuales han originado sus cualidades específicas y que, junto con sus valores simbólicos, crean los lugares.
La globalización, entendida como un conjunto urbano contextual, busca su especificidad en la manera de colocarse y adecuarse a cada lugar distinto, es decir, en lo local. A partir de esta idea podremos obtener una red arquitectónica (collage), organizada y modelada con las distintas interpretaciones de los contextos específicos, y construir una urbanidad contextualizada (Carevic & Domínguez Moreno, 2012). Al aplicar los conceptos de estética y ética del lugar en el proceso proyectual de la arquitectura, debe tenerse como objetivo la construcción de un conjunto estructurado por proyectos arquitectónicos contemporáneos que correspondan y que se adecúen al contexto cultural de cada territorio específico.
PARADIGMAS DE UNA ARQUITECTURA CONTEMPORÁNEA CON INTEGRACIÓN CONTEXTUAL
En el proceso proyectual, el sentido de identificar todo aquello que reconocemos y adoptamos como propio se construye a partir del reconocimiento de elementos, materiales, signos y valores particulares de un lugar y una cultura. Producir arquitectura a partir del reconocimiento del lugar, de su materialidad, de lo inmaterial y de los espacios vacíos es importante para provocar apropiación, lenguajes específicos e identidad. En general, en Latinoamérica, debido a su realidad económica y a sus diferencias climáticas y geográficas, la producción arquitectónica ha mostrado contrapuntos significativos entre la homogeneización de estilos del diseño universal y las características únicas derivadas del contexto cultural, climático y geográfico y los materiales y técnicas del entorno. Por ello, a continuación, y sobre la base de las categorías ya mencionadas (sentido del lugar, sostenibilidad, adaptabilidad climática y paisajística, vinculación con los usuarios, funciones del espacio, aplicación de saberes tradicionales, identidad y criterios estéticos), se presentan ejemplos de arquitectura contemporánea mexicana en los que la contextualización ha sido una variable relevante.
Colegio María Montessori (2016)
Situada en la capital del estado de Sinaloa (noreste de México), la ciudad costera de Mazatlán se asienta en un valle entre la Sierra Madre oriental y el océano Pacífico, y se caracteriza por presentar un clima cálido semiárido y húmedo, con una temperatura promedio de 48 °C y una humedad relativa anual de 66 %. El proyecto conjunto del despacho EPArquitectos y del Estudio Macías Peredo consiste en un sistema de módulos de planta hexagonal que contienen las aulas del colegio, las cuales se estrechan para generar un pasillo perimetral porticado alrededor de ellas. El diseño permite el desarrollo en etapas, lo que facilita su expansión conforme a las necesidades. Integra espacios verdes y zonas exteriores que favorecen la interacción con la naturaleza, y promueven la identidad local y contribuyen a la formación de ciudadanos comprometidos con el medioambiente y la sociedad (véase la Figura 2).

El porticado, junto con el tabique hueco con el que se construyó el inmueble, tiene como finalidad proporcionar aislamiento térmico y mantener una adecuada temperatura al interior. Las aulas, al enlazarse entre sí, producen, a su vez, pequeños espacios abiertos para el desarrollo de actividades que enriquecen su funcionalidad y crean un paisaje de volúmenes de distintas alturas, lo que permite optimizar la luz natural y genera corrientes de aire a través de los tragaluces y los vanos diseñados en las fachadas (véase la Figura 3). De igual forma, con el empleo de materiales resistentes a la corrosión, el proyecto responde de manera óptima a las condiciones climáticas del lugar y, estéticamente, refleja, a través de sus formas y el uso del color, la referencia a los territorios semiáridos.

No hay duda de que las soluciones arquitectónicas de este colegio se adecúan a su contexto. Se pueden identificar varias de las categorías que definen la arquitectura contemporánea, tales como el sentido del lugar (materiales aislantes, corrientes de aire), el respeto por las funciones del espacio (aulas comunicadas por pasillos, generación de patios) y la adaptabilidad climática y paisajística (tragaluces y vanos en fachadas, así como la interacción con la naturaleza), las cuales definen también los criterios estéticos que caracterizan a esta obra y que le otorgan identidad y especificidad en su materialidad.
Refugio para mujeres víctimas de la violencia (2017)
Este centro de asistencia social, diseñado por el despacho Origen
19º 41’ 53”, introduce innovaciones tipológicas, ya que no existen antecedentes del diseño de espacios para la atención de mujeres que han sufrido violencia intrafamiliar. El edificio se ubica en la ciudad de Uruapan, en el estado de Michoacán. Debido a que se ubica en una localidad inmersa en el eje neovolcánico mexicano, unión entre la región de Tierra Caliente y la meseta Purépecha, presenta una variabilidad climática importante (entre el templado subhúmedo, el templado húmedo y el semicálido) que implica abundantes lluvias en verano y una exuberante vegetación (bosques secos y bosques de pinos y encinos).
El inmueble se desarrolla en una planta arquitectónica que articula tres crujías ortogonales separadas por jardines longitudinales a cielo abierto, en donde la relación con la naturaleza, el sol y la lluvia busca una experiencia sensorial y una atmósfera estimulante de restauración emocional. Las crujías están atravesadas por circulaciones diagonales continuas que, además de generar espacios flexibles, proporciona al lugar una percepción abstracta de los espacios; es decir, es una arquitectura, que no solo diluye la estructura formal y reduce la sensación de aislamiento, sino que busca crear un ambiente seguro, flexible y dinámico, con espacios que fomentan la integración social y el apoyo mutuo entre las mujeres residentes (véase la Figura 4).

La interacción de estos dos sistemas formales genera un entramado constructivo y espacial compuesto por planos orientados en distintos sentidos, que se adapta a las condiciones culturales, sociales y climáticas de la región, y refleja la identidad local en sus formas y materiales. Con un diseño de bajo mantenimiento, el uso de materiales endémicos y un enfoque respetuoso del espíritu liberal, el refugio integra el paisaje y sus componentes contextuales como elementos fundamentales de su estructura. El edificio, además de su función de resguardo, cumple una función educativa como centro de sensibilización sobre la violencia de género. De esta manera, el proyecto no solo ofrece protección, sino que también contribuye a la construcción de una sociedad más equitativa y resiliente. A través de su enfoque de sostenibilidad, inclusión social, conexión con la naturaleza y adaptación al contexto local, el refugio no solo garantiza seguridad, sino que también favorece un cambio social significativo (véase la Figura 5).

Las categorías de la arquitectura contemporánea que pueden identificarse en este inmueble son el sentido del lugar (materiales endémicos), la vinculación con los usuarios (experiencia sensorial mediante la relación con elementos de la naturaleza y la sensibilización sobre la violencia de género), la sostenibilidad (materiales endémicos y de bajo mantenimiento), la adaptabilidad paisajística (interacción con la naturaleza) y la identidad y criterios estéticos (uso del color y materiales de la región).
Centro de Rehabilitación e Inclusión Infantil Teletón (2008)
Esta instalación se ubica en la ciudad de Altamira, en el estado mexicano de Tamaulipas, y forma parte de la zona metropolitana de Tampico, caracterizada por un clima tropical con temperaturas anuales promedio de 24,4 °C y picos de 30 °C durante el verano. El Centro de Rehabilitación —también conocido como CRIT Tamaulipas— es uno de los veintiocho centros diseñados por el despacho Sordo Madaleno entre 1999 y el 2016, todos destinados a proporcionar un espacio para que niños y adolescentes con capacidades diferentes, pero también con enfermedades como el cáncer, jueguen e interactúen mientras se rehabilitan. Las tipologías desarrolladas por este despacho revolucionaron los enfoques de la arquitectura hospitalaria en México, al crear edificios que ejemplifican una arquitectura sensible y funcional que reinterpreta los centros de rehabilitación combinando un ambiente colorido, confortable y agradable, alejándose de la frialdad típica de las instalaciones médicas.
El CRIT de Tamaulipas consta de seis edificios conectados por una galería curva que, además de formar un juego armónico de volúmenes, incorpora elementos innovadores en el manejo de formas expresivas y sistemas constructivos con materiales locales, lo que permite una integración respetuosa con el entorno y el medioambiente. El uso del color es fundamental, ya que busca crear una atmósfera lúdica donde los niños participen activamente en su proceso de rehabilitación (véase la Figura 6).

Este centro se integra con la naturaleza mediante jardines y áreas exteriores que favorecen la terapia al aire libre, un componente esencial para la rehabilitación. Por otro lado, se adapta a las condiciones climáticas y culturales de Tamaulipas, con superficies puras y vanos que controlan la temperatura. También se emplean estrategias pasivas de climatización, luz natural y ventilación para crear un ambiente saludable y confortable (véase la Figura 7). La propuesta logra que los espacios interiores y exteriores motiven a los niños a participar activamente en su tratamiento, al ofrecerles un entorno concebido como una extensión de su hogar y un lugar de inspiración para su total recuperación. Es decir, el centro no solo actúa como un espacio para la rehabilitación física, sino también como un modelo de sensibilización, pues promueve la conciencia sobre varias temáticas. Así, su impacto a largo plazo trasciende el ámbito de la salud y contribuye a la construcción de una comunidad más cohesionada.

En el CRIT Tamaulipas, las categorías que se reconocen son el sentido del lugar (integración con la naturaleza), la vinculación con los usuarios (uso del color como componente lúdico y la naturaleza como apoyo en la rehabilitación), el respeto por las funciones del espacio (espacio concebido como una extensión de su hogar), la adaptabilidad climática (vanos como control de la temperatura y uso de estrategias pasivas de climatización), la sostenibilidad (materiales locales), y la identidad y criterios estéticos (uso del color, juego de volúmenes y superficies).
Escuelas de Artes Visuales de Oaxaca (2008)
Oaxaca es una ciudad mexicana ubicada entre tres valles fluviales localizados entre el nudo mixteco, la Sierra Juárez y la Sierra Madre del sur. Es un centro cultural importante que tiene como antecedente haber sido de una de las regiones culturalmente más avanzadas a la llegada de los españoles. Tiene condiciones climáticas que oscilan entre un clima subtropical de tierras altas y un clima de montaña, lo cual implica variaciones climáticas importantes (entre los 25 °C y los 32 °C). Uno de los proyectos más emblemáticos de la ciudad es la Escuela de Artes Visuales, diseñada por el arquitecto mexicano Mauricio Rocha y caracterizada por su enfoque en la sostenibilidad. El diseño aprovecha las características naturales del entorno para crear espacios agradables y funcionales. Consta de dos tipos de edificios: uno que está construido en piedra, que conserva los taludes de tierra y crea terrazas útiles; y el otro, independiente de los bancales, que está orientado hacia el norte. La disposición de los volúmenes geométricos genera un juego estético de llenos y vacíos, puntos de fuga y sombras (véanse las figuras 8 y 9).

La elección de materiales orgánicos, como la piedra y la tierra compactada, no solo otorga carácter a los edificios, sino que favorece la creación de microclimas adecuados para las condiciones climáticas extremas de la ciudad, además de ofrecer aislamiento acústico a las aulas. El diseño también apoya la ventilación cruzada y la luz natural, con lo cual se minimiza la exposición directa al sol. Los espacios exteriores, como terrazas y patios, fomentan la interacción social y el vínculo con la naturaleza. Asimismo, la colocación de maculises, árbol autóctono de hoja caduca, sirve para proteger estas áreas de las altas temperaturas características de la región.
Este proyecto se presenta como un claro ejemplo de cómo la arquitectura puede promover la cultura, la sostenibilidad y la cohesión social dentro de una comunidad, y responder eficazmente a las condiciones climáticas y culturales del lugar.
En la Escuela de Artes Visuales se reconocen como categorías que definen la arquitectura contemporánea el sentido del lugar (aprovechamiento de las características naturales del entorno), la vinculación con los usuarios (uso del color como componente lúdico, la naturaleza como apoyo climático), el respeto por las funciones del espacio (fomento de la interacción social y el vínculo con la naturaleza mediante terrazas y patios), la adaptabilidad climática (creación de microclimas mediante el uso de materiales orgánicos, ventilación cruzada y luz natural), la sostenibilidad (árboles nativos), y la identidad y criterios estéticos (juego de llenos y vacíos, puntos de fuga y sombras) (véase la Figura 9).

CONCLUSIONES
Aun cuando el proceso de globalización hace pensar que la arquitectura actual está uniformándose, en respuesta a una diversidad de necesidades complejas y a una amplia gama de perspectivas disponibles, la revisión de los ejemplos de arquitectura mexicana contemporánea que hemos realizado nos permite matizar esa visión. En efecto, frente al cuestionamiento sobre cómo la descontextualización y diversas formas de desarraigo (de la experiencia, la historia y la cultura) impedirían a la arquitectura contemporánea exponer mensajes, encontramos que aún es posible identificar patrones arquitectónicos que responden a contextos urbanos y que, en ese sentido, refuerzan la identidad social y arquitectónica de las ciudades.
Si bien la producción arquitectónica reciente —sobre todo aquella supuestamente de vanguardia— generalmente celebra el uso de computadoras para generar formas improbables y espacios inusitados, en los ejemplos presentados, la estética y la ética del lugar no solo involucran una mirada hacia el entorno, sino que buscan una integración profunda con el espacio que refleje y moldee valores, creencias y prácticas en el intento por preservar la especificidad cultural de las prácticas arquitectónicas. La praxis arquitectónica comprende más que medios técnicos, ya que contiene valores articulados a través de la contextualización y de la historia de una cultura particular (Pérez-Gómez, 2018), criterios que se reflejan en una materialidad que puede ser altamente plástica.
En resumen, las condiciones económicas, culturales, políticas y sociales de los contextos regionales se manifiestan en la construcción de edificios y espacios públicos, ya que la construcción arquitectónica es un fenómeno relacional dinámico que implica respuestas al contexto natural y artificial, a personas, comunidades, sistemas e ideologías, que determinan una concepción colectiva del espacio. Por tanto, la identidad producida es muy variada y refleja no solo la transformación de la arquitectura sobre la base de su contexto histórico, social y económico, sino también evidencia la recién descubierta sensibilidad hacia el lugar y la preocupación por minimizar el impacto de los edificios en el medioambiente.
REFERENCIAS
ArchDaily. (2011, 1 de agosto). Escuela de Artes Visuales de Oaxaca. Taller de arquitectura-Mauricio Rocha. https://www.archdaily.pe/pe/750038/escuela-de-artes -visuales-de-oaxaca-taller-de-arquitectura-mauricio-rocha
Arrieta, R., & Ferrer, T. (2010). Arquitectura contemporánea y desarrollo sustentable. Perspectiva, 1(1). https://produccioncientifica.luz.edu.ve/index.php/perspectiva/article/view/17724
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