CHOLETS: DISPUTAS ARQUITECTÓNICAS
Y ESPACIOS DE PODER EN EL ALTO, BOLIVIA

CHOLETS: ARCHITECTURAL DISPUTES AND SPACES
OF POWER IN EL ALTO, BOLIVIA

Andrea Mejía Contreras

Pontificia Universidad Católica del Perú

Recibido: 31 de julio del 2024

Aprobado: 17 de marzo del 2025

doi: https://doi.org/10.26439/limaq2025.n016.7326

Este artículo aborda el fenómeno de los cholets en El Alto, Bolivia, examinando las tensiones en torno a su legitimidad arquitectónica y su rol como ejemplos de distinción social y representación cultural en un contexto poscolonial. El estudio se basa en una investigación etnográfica multisituada realizada durante tres viajes de campo a El Alto y La Paz entre 2018 y 2020. La metodología incluye entrevistas en profundidad, observación participante y un mapeo geográfico y fotográfico de los cholets. Adicionalmente, se utilizaron herramientas digitales para analizar la circulación global de estas edificaciones. Los resultados revelan que los cholets, con sus colores vibrantes y diseños únicos, no solo representan las aspiraciones de una clase aimara emergente, sino que también desafían las narrativas arquitectónicas tradicionales, generando debates sobre su legitimidad en distintos espacios académicos. Mientras la academia arquitectónica local cuestiona su validez como arquitectura “verdadera”, en el ámbito internacional reciben reconocimiento, aunque frecuentemente desde una mirada exotizante. El artículo concluye que los cholets constituyen una propuesta arquitectónica que, más allá de las disputas sobre su legitimidad disciplinar, funciona como un mecanismo de empoderamiento que permite a grupos tradicionalmente marginados redefinir conceptos de modernidad y establecer nuevos parámetros de valor arquitectónico desde su propia perspectiva.

antropología de la arquitectura, aimara, Bolivia, cholets, distinción social, etnografía

This article examines the phenomenon of cholets in El Alto, Bolivia, focusing on the tensions surrounding their architectural legitimacy and their role as markers of social distinction and cultural representation in a postcolonial context. The study draws on multi-sited ethnographic research conducted during three field trips to El Alto and La Paz between 2018 and 2020. Methods included in-depth interviews, participant observation, and a geographic and photographic mapping of cholets, complemented by digital tools to trace the global circulation of these buildings. Findings show that cholets, with their vibrant colors and distinctive designs, not only embody the aspirations of an emerging Aimara middle class but also challenge traditional architectural narratives, sparking debates about their legitimacy across academic circles. While the local architectural establishment often questions their validity as “real” architecture, internationally they are celebrated—albeit frequently through an exoticizing lens. The article concludes that cholets represent an architectural proposal that, beyond disputes over disciplinary legitimacy, operates as a mechanism of empowerment, enabling historically marginalized groups to redefine notions of modernity and establish new criteria of architectural value on their own terms.

anthropology of architecture, Aimara, Bolivia, cholets, social distinction, ethnography

Este es un artículo de acceso abierto, distribuido bajo los términos de la licencia Creative Commons Attribution 4.0 International (CC BY 4.0).

Introducción1

En las alturas de la ciudad de El Alto, Bolivia, una revolución arquitectónica ha ido tomando forma, desafiando los cánones tradicionales de la arquitectura local y redefiniendo el rol social de esta disciplina en contextos poscoloniales. Los cholets, una fusión lingüística y cultural que combina las palabras cholo y chalet, son un tipo de edificaciones multinivel con una estética llamativa que muchas veces fusiona elementos de la cultura aimara con otros globales. Estos han transformado el paisaje alteño con una explosión de colores y referentes (ver Figura 1). Cargados de una identidad en transformación, encarnan las aspiraciones de una clase aimara emergente y reescriben el paisaje urbano con un lenguaje visual propio y fácilmente identificable.

Este artículo tiene como objetivo analizar el fenómeno de los cholets en El Alto, Bolivia, como un caso de estudio que ilustra las dinámicas de distinción social y representación cultural en un contexto poscolonial. Se propone examinar cómo estas estructuras arquitectónicas materializan las aspiraciones de una clase emergente aimara y representan una nueva forma de modernidad, definida en sus propios términos, mientras responden a contextos políticos locales y desafían las narrativas arquitectónicas tradicionales. Asimismo, el artículo explora las tensiones entre la validación local y la recepción internacional de esta arquitectura, abordando temas de racismo, exotización y de la lucha por el reconocimiento en diversos espacios sociales y académicos.

Metodología

Este artículo se basa en una investigación etnográfica multisituada (Marcus, 1995) realizada para mi tesis de licenciatura en Antropología, centrada en el diseño, la valorización y los usos de los cholets. La metodología empleada se caracteriza por su enfoque longitudinal, desarrollado a través de tres viajes de campo a las ciudades de El Alto y La Paz, Bolivia, en 2018, 2019 y 2020. La recolección de datos se llevó a cabo mediante una combinación de métodos cualitativos, que incluyeron entrevistas en profundidad con diversos actores vinculados al fenómeno de los cholets (tales como propietarios, arquitectos, críticos, usuarios, arrendadores, profesores, entre otros), observación participante en espacios y eventos culturales, y un mapeo geográfico que incluyó la creación de un archivo fotográfico de los cholets en El Alto. Este mapeo consistió en recorrer a pie las principales avenidas del espacio urbano de El Alto consultando a los locales sobre la presencia de cholets y buscándolos mediante Google Maps para ubicar y visitar los edificios. En cada visita a los cholets identificados se tomaron fotografías y se ubicaron los edificios en Google Maps. En varios de los casos se pudo también conversar con actores vinculados a cada uno de los edificios. Como señala Guber (2001), la observación participante permite “detectar las situaciones en que se expresan y generan los universos culturales y sociales en su compleja articulación y variedad” (p. 56), lo cual fue crucial para comprender las dinámicas sociales y culturales en torno a los cholets.

La investigación se complementó con el uso de herramientas digitales, como la creación y gestión de la cuenta de Instagram @choletdaily, que sirvió como un espacio de etnografía virtual (Hine, 2000) para observar la circulación global de los cholets y las interacciones en torno a ellos. Finalmente, también se realizaron entrevistas virtuales con actores vinculados con el fenómeno de los cholets alrededor del mundo.

Estado del arte

Este estudio se enmarca en la antropología de la arquitectura. En un inicio, los estudios antropológicos sobre arquitectura se focalizaron en el estudio de objetos arquitectónicos, tales como las casas, vinculados con algún otro aspecto de interés etnográfico (Morgan, 1881; Bourdieu, 1990). Posteriormente, ha habido estudios como el de Murphy (2016), que señala la necesidad de un análisis que vaya más allá del objeto arquitectónico y examine el contexto social, cultural y político en el que este surge. Se ve a la arquitectura como la manifestación física, ideológica y política de una promesa de modernidad y también como evidencia de sistemas de exclusión social (Lawrence-Zúñiga, 2014; Humphrey, 2005). Autores como Buchli (2013) y Humphrey (2005) han argumentado que la arquitectura no solo refleja, sino que también construye realidades sociales, actuando en la formación de identidades y de relaciones de poder. El estudio de la arquitectura permite poner en evidencia modelos aspiracionales, formas de distinción y formas de dominación (Lawrence-Zúñiga, 2014; Torres Rebaza, 2017; Thorne, 2019), así como las significaciones y las formas de valor construidas sobre la base de la materialidad de los edificios (D’avella, 2019).

Con respecto a los cholets, existe literatura escrita desde distintas disciplinas como la arquitectura, la sociología y el turismo, entre otras. Trabajos como los de Cárdenas (2010) han comenzado a abordar la arquitectura andina contemporánea como una expresión de identidad y resistencia cultural. Las investigaciones sobre los cholets desde las ciencias sociales han explorado diversos aspectos, desde su función económica y las estrategias de financiamiento que vehiculan (Murillo, 2017), hasta su papel en la negociación de identidades y poder social (Salazar, 2016; Caro, 2017; Thorne, 2019; Runnels, 2019). Estos estudios han destacado la complejidad del fenómeno, señalando que la elección de referentes estéticos no es exclusivamente aimara, sino que implica una negociación entre propietarios y arquitectos. Sin embargo, se ha identificado un sesgo en la literatura que tiende a focalizarse en la obra de Freddy Mamani2 (Andreoli, 2014; Blanco, 2022), al ser este el arquitecto de cholets que ha logrado mayor notoriedad internacional.

Sin embargo, se ignora la heterogeneidad de estilos y exponentes al interior de esta corriente arquitectónica y lo que esto puede significar socialmente.

En otros lugares del mundo también se han observado fenómenos similares. Por ejemplo, la arquitectura de los pueblos gitanos en Rumanía3 o la narcoestética en México y Colombia4; u otras, en poblaciones que han incrementado su poder adquisitivo (los llamados tuhao en China5 o los ricos emergentes en India). Estos casos son comparables con el fenómeno de los cholets, debido a la carga étnica de las poblaciones que construyen estos edificios que configuran “nuevas arquitecturas”, cuestionadas por los grupos dominantes del contexto social al que pertenecen. Se puede ver que la tensión y las disputas con respecto al poder en el campo arquitectónico están también presentes en estos otros ejemplos.

El análisis propuesto recurre también a teorías sobre subalternidad y distinción social. Partiendo de las reflexiones de Bhabha (1994) sobre el discurso poscolonial y de los aportes de Rivera Cusicanqui (2014, 2016) en el contexto boliviano, se explorará cómo los cholets encarnan aspiraciones y procesos de distinción desde la subalternidad. Utilizando el concepto de distinción de Bourdieu (1979), se examinará cómo estos edificios, utilizados tanto como vivienda como para negocios, funcionan como mecanismos de diferenciación social en un contexto de reacomodo de poder, en el que una nueva clase emergente, mayoritariamente aimara, busca establecer sus propios parámetros de gusto y valor. El acercamiento al estudio del fenómeno de los cholets que aquí se propone los entiende no solo como manifestaciones arquitectónicas, sino como espacios de negociación de poder, identidad y reconocimiento social en el complejo panorama poscolonial de Bolivia.

Trabajo de campo

Contextualización breve de El Alto, Bolivia

La ciudad de El Alto, Bolivia, se erige como un paradigma de urbanización acelerada y transformación socioeconómica en América Latina. Fundada oficialmente en 1985 como una extensión de La Paz, esta joven ciudad ha experimentado un crecimiento demográfico y económico sin precedentes y supera actualmente el millón de habitantes (Cárdenas, 2010, p. 19). Su población, predominantemente de origen aimara, es resultado de intensas migraciones internas desde diversas partes del altiplano boliviano debidas a movimientos sociales, reubicación de trabajadores, entre otros motivos, como la búsqueda de mejores oportunidades económicas (Cárdenas, 2010, pp. 17-18). Este carácter mayoritariamente indígena ha sido fundamental en la configuración de la identidad cultural y política de El Alto y la ha convertido en un bastión importante de reivindicación indígena y movimientos sociales, como se evidenció en la llamada guerra del gas del 2003 (Cárdenas, 2010, p. 28).

En las últimas décadas, El Alto ha sido testigo del surgimiento de una dinámica clase media de origen indígena, compuesta por emprendedores aimaras que han acumulado una amplia riqueza a través del comercio, la manufactura y la construcción (Tassi, 2013). Este grupo emergente ha sido crucial en la transformación del paisaje urbano, introduciendo formas arquitectónicas únicas como los cholets, cuyos diseños toman referentes tanto propios de su cultura aimara, como también globales.

Para entender este proceso social, es necesario comentar brevemente la historia de Bolivia. Esta ha estado marcada por múltiples ocupaciones territoriales y luchas por la descolonización. Desde la conquista española en 1535 hasta la actualidad, el país ha experimentado diversos movimientos de resistencia y reivindicación indígena. Un hito significativo fue la rebelión de Tupac Katari en 1781, descrita como “parte de un ciclo de masivas movilizaciones pan-andinas que sacude toda la región en respuesta a las políticas borbónicas” (Rivera Cusicanqui, 2010, p. 9).

El nacimiento de El Alto ha estado muy vinculado con el desarrollo de la capital, La Paz. Inicialmente en este territorio vivían personas que prestaban servicios al área de La Paz, principalmente indígenas. La Figuras 2 muestra el espacio urbano en los años setenta antes de la expansión. Luego, debido a diversas oleadas migratorias motivadas por la búsqueda de mejores condiciones de vida, por procesos de reforma agraria, reubicación de sindicatos mineros, entre otros procesos sociales, fue creciendo (Cárdenas, 2010). Pero no fue hasta 1985 que se fundó oficialmente como ciudad y se separó de La Paz para buscar mejoras en sus servicios básicos y educativos. Dado que es un punto estratégico de conexión y comunicación entre La Paz y el resto del país (Cárdenas, 2010), El Alto también ha sido escenario de múltiples protestas sociales, tales como la del gas en el 2003 o manifestaciones en contra de gobiernos neoliberales a inicios de los 2000 y ha cobrado tácitamente una gran importancia en los bloqueos y en la presión de las demandas del sector aimara.

En el 2006, Evo Morales llega al poder con una propuesta que cristalizaba varias de las demandas del sector aimara. Esto marcó un punto de inflexión en los esfuerzos de descolonización y permitió la implementación de políticas que buscaban crear “sujetos decoloniales”. Sin embargo, este proceso no ha estado exento de contradicciones. Como señala Burman (2020, p. 3), algunas de estas políticas han sido “vacías, llenas de una indigeneidad romantizada”. El proceso de descolonización en Bolivia ha sido complejo y multifacético, y abarca aspectos políticos, sociales y culturales. Rivera Cusicanqui enfatiza que “no puede haber un discurso de la descolonización, una teoría de la descolonización, sin una práctica descolonizadora” (2010, p. 62). Esta idea se ha materializado en diversas iniciativas estatales, como la creación del Viceministerio de Descolonización en el 2009 y la implementación de políticas educativas y culturales. Sin embargo, críticos como Burman (2020) señalan que el gobierno ha “instrumentalizado la indigeneidad para fines políticos”, creando tensiones entre diferentes concepciones de lo indígena y la descolonización. Estas dinámicas han llevado a la emergencia de nuevas subjetividades y formas de indigeneidad que desafían tanto las nociones tradicionales como las impuestas por el Estado, lo que ilustra la complejidad del proceso decolonial en el contexto boliviano contemporáneo.

La emergencia de la clase aimara en el contexto político boliviano

El gobierno de Evo Morales propició una profunda reestructuración social mediante políticas estatales que facilitaron el surgimiento de una nueva clase alta aimara, estrechamente vinculada con la visión de un gobierno indígena (Burman, 2020; Rea, 2016; Tassi, 2012). Esta transformación no ha sido bien recibida por las élites tradicionales6, pues desafía los paradigmas establecidos sobre la distribución del poder político, económico y cultural.

Las tensiones entre estos grupos se intensificaron notablemente a partir de los acontecimientos de noviembre del 2019, cuando la clase alta tradicional intentó reafirmar su dominio frente al gobierno indígena y la emergente élite aimara (Burman, 2020).

En el actual panorama boliviano coexisten, por tanto, dos tipos de clase alta: una tradicional, predominantemente blanca o mestiza, asentada en ciudades como La Paz y Santa Cruz, y una nueva élite aimara situada en El Alto. Esta última la podemos ver en la Figura 4. En este contexto, ambos grupos buscan adoptar prácticas que les permitan diferenciarse entre sí, al tiempo que demuestran su poder y su capacidad de acceso a la modernidad (Mejía Contreras, 2023). Esta última se interpreta ya sea en términos clásicos occidentales o se redefine desde perspectivas propias, lo que crea un dinámico escenario de competencia y redefinición social.

Cholets: características arquitectónicas y estéticas

Durante las observaciones realizadas entre 2018 y 2020 se mapearon 152 cholets en el área urbana de El Alto. Este mapeo abarca las zonas más transitadas y de mayor comercio, zonas residenciales y áreas cercanas a avenidas principales y carreteras, como se puede ver en la Figura 4. Es importante aclarar que este mapeo no pretende ser exhaustivo, sino que busca generar una muestra significativa para observar patrones de similitud, tendencias y heterogeneidad entre estos edificios. Dada la extensión y el constante cambio del área urbana de El Alto, es probable que existan muchos más cholets. El mapeo se complementó con una serie de entrevistas a propietarios y arquitectos de varios de estos edificios, quienes compartieron su opinión sobre la elección estética, las motivaciones detrás de la misma y sus historias personales.

Este mapeo, además de permitir comprender dinámicas de agrupación de cholets en zonas comerciales o cerca de avenidas principales, también hará posible dimensionar el fenómeno dentro del espacio urbano.

A partir de este recojo de información, se observó el uso de una gama de colores inspirada en los textiles aimaras, figuras geométricas como zigzags, círculos y diamantes, así como representaciones de animales (serpientes con cabeza de cóndor, leones), símbolos culturales (chakanas, iconografía tiahuanacota) e, incluso, elementos de la cultura popular moderna (caras de personajes como Iron Man, Galvatron u Optimus Prime), como se puede ver en las figuras 5 y 6.

El salón se llama Diosa Temis porque yo y mi esposa tenemos la carrera de derecho. Nos identificamos con algo que estudiamos… la diosa Temis es la de la justicia. El nombre del edificio es por la Estatua de la Libertad que está en los pisos de arriba… [está] enlazado con la justicia, democracia y libertad. (Carlos, propietario de cholet Diosa Temis, febrero 2020)

[el cholet] lo hacen de acuerdo al dueño, angosto, ancho… me gustan esos colores, yo los escogí. No son cremas por el equipo de fútbol [The Strongest] … recto es feo, 56 tiene que sobresalir, bonito se ve... quería ponerle M y S, pero el arquitecto no me hizo así ... se llama “Tres claveles” por mis tres hijas. (Modesta, dueña del cholet Tres claveles, febrero 2020)

Los propietarios a menudo participan activamente en el diseño junto con los arquitectos, eligiendo elementos que reflejan su identidad personal, su historia familiar, su profesión o sus valores. Esto resulta en edificios únicos que funcionan como expresiones individuales de sus dueños y que combinan elementos tradicionales andinos con influencias modernas y globales.

Se identificaron tres tendencias en la elección de los elementos simbólicos y colores, que varían de acuerdo con la pertenencia de los propietarios a la generación de quienes migraron a El Alto o a la generación de sus hijos o la de sus nietos7.

La generación de los migrantes tiende a favorecer una estética que enfatiza la identidad aimara, por lo que incorpora elementos que evocan sus raíces rurales y tradiciones culturales. Estos edificios a menudo incluyen referentes prehispánicos y símbolos aimaras como los que se pueden ver en las figuras 7 y 8 que muestran edificios decorados con patrones geométricos tiahuanacotas y coloración característica de los textiles aimaras, de modo que funcionan como una declaración política de reivindicación cultural y resistencia a la hegemonía arquitectónica occidental. En las figuras 9 y 10 se muestras algunos ejemplos.

Los miembros de la segunda y la tercera generaciones tienden a optar por estilos que ellos califican como más modernos o futuristas. Estos cholets incorporan elementos globales y contemporáneos, tales como personajes de la película de ciencia ficción Transformers, superhéroes como Iron Man, monumentos como la Estatua de la Libertad o referencias a lo que ellos consideran una arquitectura futurista, con lo que reflejan una redefinición de la identidad aimara que integra influencias internacionales. Esta tendencia muestra cómo las generaciones más jóvenes negocian su herencia cultural con su exposición a medios de comunicación globales y experiencias cosmopolitas, como los viajes internacionales. En las Figuras 11, 12 y 13 se muestran algunos ejemplos.

Existe una variante específica para la comunidad evangélica, que opta por diseños más minimalistas y funcionales y evita símbolos tradicionales aimaras que consideran incompatibles con sus creencias religiosas (Mejía Contreras, 2023). En las Figuras 14, 15 y 16 podemos encontrar algunos ejemplos de este tipo de diseños.

Estos diferentes estilos de cholets no solo representan preferencias estéticas, sino que también sirven como manifestaciones materiales de las complejas dinámicas de identidad, globalización y cambio cultural que ha acarreado la entrada de la religión evangélica en los últimos años en El Alto.

Finalmente, la elección estética de quienes construyen, tanto arquitectos como propietarios, busca crear otro tipo de modernidad, en la que ellos se sitúan. Es decir, reafirman lo que ellos conciben como moderno, pero en sus propios términos.

Queremos ser parte de la modernidad sin rechazar [nuestras] tradiciones. [Deben haber] escenarios de diálogo con otros saberes culturales. (Marco, enero 2020)

Tenemos derecho a poder tener la modernidad, a vivir la modernidad. Lamentablemente que entre bolivianos no nos respetemos, porque no soy blanco, no estoy en un cargo, he sido criticado… no me voy a bajonear, me considero un alteño que estoy comenzando todavía. (Freddy, enero 2020)

En el caso de la primera generación, al de los migrantes, ser moderno es poder crear, desde sus propias estéticas aimaras, una edificación que pueda considerarse contemporánea. Para la segunda y la tercera generaciones, el fin es demostrar su acceso a la modernidad mediante referentes apropiados en los viajes realizados o en su contacto con figuras globales, de las que se apropian y la que plasman en sus edificaciones, a modo de manifiesto de identidad indígena contemporánea y cosmopolita. En el caso de los evangélicos, es una búsqueda de apropiación de conceptos arquitectónicos tales como el minimalismo, el cual no se construye en base a tendencias arquitectónicas occidentales, sino con respecto a las ya construidas en El Alto. Es decir, una estética minimalista en comparación a lo ornamentados que pueden ser algunos cholets, mas no una estética minimalista de acuerdo con lo que habitualmente se entiende en la academia arquitectónica.

Este contexto responde a las medidas de descolonización donde lo aimara, las otras culturas silenciadas históricamente, también pueden acceder a la modernidad bajo sus propios términos, esto implica que al ser modernos no rechacen parte de su identidad, sino que el concepto de modernidad también los incluya, dentro de sus propia historia y modernidades. (Mejía Contreras, 2023, p. 38)

Los cholets: una nueva subjetividad desde lo aimara

Los cholets no solo representan a sus propietarios mediante referentes simbólicos, sino también a través de los componentes del edificio mismo. Según Buchli (2013), las personas construyen ambientes como estructuras, pero estos también crean personas. El cholet cuenta con una distribución y componentes particulares que tienen un uso predeterminado y generan una serie de prácticas que forman parte de un proceso de creación de la subjetividad de los propietarios (Mejía Contreras, 2023, p. 81).

Típicamente, un cholet tiene espacios comerciales en la primera planta, un salón de eventos en la segunda, departamentos en los pisos intermedios y una casa tipo chalet en la parte superior. Sin embargo, la observación de campo reveló que no todos los cholets están divididos de esta manera. Los propietarios incluyen las partes que mejor representan el tipo de persona que son o aspiran a ser, y las necesidades que anticipan tener, como, por ejemplo, una cancha de frontón, que refleja una expectativa de estatus social.

El edificio va a tener dos salones, departamentos, una sala de conferencias, la casa arriba, un helipuerto [¿para qué un helipuerto?] Para que los que contraten se paseen, como atractivo, también para que lleguen en helicóptero. (Santos, agosto 2019)

Existe un principio aspiracional en la relación de las personas con estas especulaciones, que se plasma en la agencia de la materialidad del cholet (Mejía Contreras, 2023). Según Appadurai (2013, p. 17), las sociedades humanas organizan su futuro como horizonte cultural. El cholet es un objeto que materializa las aspiraciones, las transforma y crea subjetividades.

Así, los propietarios, al usar el cholet, van creando esta nueva subjetividad a la que aspiran, aquello en lo que quieren convertirse, y van organizando su futuro. Por lo mismo, incluyen los componentes que consideran les serán necesarios cuando alcancen esta nueva subjetividad. De esta manera, en esta nueva subjetividad se sitúan a sí mismos como sujetos aimaras modernos en sus propios términos.

Los cholets como marcadores de estatus social

La heterogeneidad de subjetividades a las que se aspira corresponde a procesos históricos y contextuales de cada persona, que pueden agruparse, por ejemplo, por generación. En el contexto de la emergencia del sector alteño y la formación de una “burguesía aimara”, existe una necesidad de distinción.

Bourdieu (1979) sostiene que el capital social determina el “buen gusto” en una sociedad en la que quienes poseen más capital social imponen sus preferencias. Históricamente, quienes definieron este “buen gusto” y el valor cultural, como también los conocimientos válidos, fueron los miembros de la clase alta. Muchas veces estos estaban vinculados con dinámicas de colonización en las que se concebía lo europeo o lo perteneciente al primer mundo como lo válido o legítimo.

Sin embargo, en los últimos años, por los cambios sociales y políticos en Bolivia durante el gobierno de Morales, en El Alto se está dando una disputa por el capital social tras el surgimiento de una nueva élite, mayoritariamente aimara. Esta nueva clase alta emergente está comenzando a definir nuevos sistemas de valor y clasificación, aunque no existe un consenso debido a la presencia de subgrupos con diferentes concepciones de lo aimara y otras formas de distinción.

En el campo cultural y arquitectónico de El Alto, se está definiendo qué prácticas y gustos son legítimos. Las personas buscan posicionarse dentro de este campo, inicialmente mediante la construcción de cholets y luego diferenciándose por el tipo de edificio que eligen construir. El cholet refleja las distintas subjetividades a las que se aspira, no solo como una forma de crear una nueva identidad, sino también como un medio de distinción social. Este proceso implica la creación de nuevas subjetividades basadas en el uso y las prácticas vinculadas a estas construcciones arquitectónicas.

Tensiones en el espacio arquitectónico

La académica arquitectónica es un espacio donde los valores vinculados con el cholet también están en disputa. Específicamente, en este estudio, se muestran las tensiones en la academia arquitectónica local en Bolivia, especialmente entre las regiones de La Paz y El Alto. En la actualidad, existe un debate sobre si los cholets son arquitectura, qué tipo de arquitectura representan, qué matices tienen, qué prácticas arquitectónicas utilizan, entre otros aspectos. Estas tensiones responden a un proceso complejo en el que se legitiman y valoran ciertas prácticas sobre otras, lo que involucra criterios académicos, étnicos, de clase y económicos.

En El Alto, este tipo de arquitectura es altamente valorada por su función social en el marco de una sociedad que experimenta un proceso de reacomodo. Existe una gran diversidad de opciones estéticas para el diseño de estos edificios, seleccionadas según las preferencias de los propietarios, sin que la elección de un estilo desacredite a los otros. El aprendizaje para la construcción de estos edificios parte de una formación práctica, complementada con estudios universitarios en arquitectura o ingeniería.

La búsqueda de validación y distinción de la academia de arquitectura alteña frente a la paceña se ejemplifica en la conformación y edificación del Colegio de Arquitectos de El Alto. Este edificio, construido a inicios de los años 2000 con una estética deconstructivista, representó una acción política para demostrar la capacidad de los arquitectos alteños de redefinir los estándares de construcción y modernidad desde sus propias lógicas como sujetos aimaras (ver Figura 17).

En el espacio académico paceño y boliviano en general, esta manifestación arquitectónica ha sido cuestionada por no responder a criterios impuestos por la academia tradicional occidental. Se argumenta que estos edificios no son “verdadera” arquitectura, principalmente porque quienes los construyen no poseen formación académica tradicional en arquitectura. Como respuesta, algunos arquitectos alteños buscan formación universitaria, mientras que otros, como Freddy Mamani, optan por buscar reconocimiento en ámbitos internacionales.

La crítica desde el espacio paceño hacia los cholets tiene un trasfondo de discriminación étnica. Esta tensión refleja la resistencia a aceptar que el conocimiento arquitectónico pueda ser producido fuera de los espacios académicos tradicionales. Además, la asociación de lo indígena con el gobierno de Evo Morales ha influido en el rechazo hacia estas nuevas formas arquitectónicas por parte de algunos sectores de la sociedad paceña. “A veces me invitan a las universidades allá en La Paz pero no voy porque critican, para qué voy a ir si me están criticando, si no valoran. Mejor no les hago caso” (Freddy, febrero 2020). “En el año 2000 habían fuertes críticas a esta arquitectura, si las dicen hoy, es discriminación” (Randolph Cárdenas, febrero 2020).

En el ámbito internacional, el cholet es valorado de manera diferente. Han existido distintos espacios que han dado visibilidad a este tipo de arquitectura, tales como charlas en el MET Museum en Nueva York, una exhibición en la fundación Cartier en París, la trienal de diseño en Milán, Italia, entre otros. Si bien se reconoce como una forma de arquitectura indígena, existe una tendencia a exotizarla, enfocándose más en su forma que en su función social y su origen. Los arquitectos alteños buscan legitimación en este espacio internacional como alternativa al rechazo local. Sin embargo, la visibilidad internacional se centra principalmente en la obra de arquitectos como Mamani, cuyo estilo promueve una idea de indigeneidad más romantizada y vinculada a elementos tradicionales andinos, que resulta atractiva para audiencias globales, pero que no necesariamente representa la totalidad de la diversidad y complejidad de esta forma arquitectónica (Mejía Contreras, 2023).

Conclusiones

Este estudio analiza cómo la arquitectura en El Alto, especialmente a través de los cholets, desempeña un papel social que trasciende su función práctica. Estas edificaciones no solo reflejan la identidad de sus propietarios, sino que también la construyen, integrando elementos culturales aimaras, aspiraciones de modernidad y estatus social.

De igual forma, funcionan como un marcador de cambio social al representar el ascenso de una nueva clase alta aimara y la reconfiguración de las estructuras sociales tradicionales. Es en este contexto que sirven como herramienta de empoderamiento, al permitir que grupos tradicionalmente marginados afirmen su presencia en el espacio urbano y redefinan conceptos de modernidad desde su propia perspectiva.

Los cholets generan espacios de negociación cultural, al ser edificaciones que negocian y redefinen conceptos de tradición, modernidad e indigeneidad en ámbitos tales como la academia arquitectónica local, regional e internacional.

La estética y el diseño de los cholets están fuertemente influenciados por el deseo de transmitir mensajes sobre identidad, estatus y aspiraciones, a veces incluso por encima de las consideraciones puramente funcionales o estéticas de un punto de vista arquitectónico tradicional. Los cholets utilizan elementos arquitectónicos como un lenguaje visual para comunicar valores culturales, éxitos económicos y visiones de modernidad. El mensaje que transmiten sobre el empoderamiento aimara y la redefinición de la modernidad tiene un impacto social y político que trasciende su valor como propuesta arquitectónica.

La intensidad del debate que los cholets generan en círculos arquitectónicos y sociales sugiere que su mensaje y significado social podrían tener, en muchos aspectos, mayor relevancia que sus características arquitectónicas per se. No obstante, es fundamental reconocer que los elementos arquitectónicos de los cholets desempeñan un papel crucial en el espacio alteño, pues constituyen el medio material a través del cual sus propietarios forjan una nueva subjetividad en su búsqueda por establecerse como clase alta aimara emergente.

Así, tanto el mensaje como la propuesta arquitectónica operan con distintos niveles de importancia según el campo en que se analicen. En las tensiones del espacio académico arquitectónico predomina la discusión sobre el mensaje social y político, mientras que, en la construcción de subjetividades de la clase aimara emergente, prevalecen la materialidad de la propuesta arquitectónica y sus usos.

Resultaría interesante ampliar esta investigación para tomar en cuenta los cambios que trajo la pandemia del COVID-19, que reestructuró las formas de relacionarnos con lo global y las maneras de socializar. También ocasionó la muerte de figuras importantes del fenómeno de los cholets en El Alto, tales como Santos Churata y Marco Quispe (ex manager de Freddy Mamani). El fenómeno de los cholets, al igual que la sociedad de donde emerge, es dinámico, por lo que siempre será necesario hacer nuevos estudios para conocer su desarrollo y evolución.

REFERENCIAS

Andreoli, E. & D’Andrea, L. (2014). La arquitectura de Freddy Mamani Silvestre. Gobierno Autónomo Municipal de El Alto.

Appadurai, A. (2013). The future as cultural fact: Essays on the global condition. Verso.

Bhabha, H. K. (1994). The location of culture. Routledge.

Blanco, F. (2022). Una forma propia. Fotografías sobre la arquitectura de Freddy Mamani. Florencia Blanco.

Bourdieu, P. (1979). La distinction: critique sociale du jugement. Les Éditions de Minuit.

Bourdieu, P. (1990). The logic of practice. Stanford University Press.

Buchli, V. (2013). An anthropology of architecture. Routledge.

Burman, A. (2020). Black hole indigeneity: the explosion and implosion of radical difference as resistance and power in Andean Bolivia. Journal of Political Power13(2),179–200. https://doi.org/10.1080/2158379X.2020.1764802

Cárdenas, R. (2010). Arquitecturas emergentes en El Alto. El fenómeno como integración cultural. Fundación PIEB.

Caro, C. (2017). La nueva arquitectura andina de Freddy Mamani Silvestre en la construcción de imaginarios urbanos y representación de identidad en la ciudad de El Alto, Bolivia. https://www.academia.edu/11818257/La_Nueva_Arquitectura_Andina_De_Freddy_Mamani_Silvestre_en_la_construcci%C3%B3n_de_imaginarios_urbanos_y_representaci%C3%B3n_de_identidad_en_la_ciudad_de_El_Alto_Boliva

D’avella, N. (2019). Concrete dreams practice, value, and built environments in post-crisis Buenos Aires. Duke University Press

Gavilán Vega, V, Álvarez, I. & Cisternas, K. (2016). Los conceptos pampa/ch’uru en la manufactura de las fajas confeccionadas por mujeres aymara del norte chileno. Chungará, 48(3). http://dx.doi.org/10.4067/S0717-73562016005000024

Guber, R. (2001). La etnografía: método, campo y reflexividad. Grupo editorial Norma.

Hine, C. (2000). Virtual ethnography. Sage Publications.

Humphrey, C. (2005). Ideology in infrastructure: Architecture and Soviet imagination. Journal of the Royal Anthropological Institute, 11(1), 39–58. https://doi.org/10.1111/j.1467-9655.2005.00225.x

Lawrence-Zúñiga, D. (2014). Bungalows and mansions: White suburbs, immigrant aspirations, and aesthetic governmentality. Anthropological Quarterly, 87(3), 819-854. https://doi.org/10.1353/anq.2014.0038

Marcus, G. E. (1995). Ethnography in/of the world system: The emergence of multisited ethnography. Annual Review of Anthropology, 24, 95-117.

Mejía Contreras, A. I. (2023). Cholets: distinción y sectores emergentes en El Alto- Bolivia. Una exploración del diseño, valorización y usos del “cholet” [Tesis de licenciatura, Pontificia Universidad Católica del Perú] Repositorio institucional Pontificia Universidad Católica del Perú. http://hdl.handle.net/20.500.12404/24683

Morgan, L. (1881). Houses and house-life of the American aborigines. United States Government Printing Office.

Murillo, J. (2017). Elementos socioculturales andinos de los propietarios que permiten su construcción en la ciudad de El Alto. [Tesis de bachiller, Universidad Mayor de San Andrés]. Repositorio institucional de la Universidad Mayor de San Andrés.

Murphy, K. (2016). Design and anthropology. Annual Review of Anthropology, 45, 433-449. http://dx.doi.org/10.1146/annurev-anthro-102215-100224

Rea, C. R. (2016). Complementando racionalidades: la nueva pequeña burguesía aymara en Bolivia. Revista Mexicana de Sociología, 78(3)

Rivera Cusicanqui, S. (2010). Ch’ixinakax utxiwa: una reflexión sobre prácticas y discursos descolonizadores. Tinta Limón.

Rivera, S. (2014). Hambre de huelga: Chixinakax Utxiwa y otros textos. La mirada salvaje.

Rivera Cusicanqui, S. (2016). Sociología de la imagen. Miradas ch’ixi desde la historia andina. Tinta Limón.

Runnels, D. (2019). Cholo aesthetics and mestizaje: Architecture in El Alto, Bolivia. Latin American and Caribbean Ethnic Studies, 14(2), 138-150. https://doi.org/10.1080/17442222.2019.1630059

Salazar, Y. (2016). Arquitectura emergente. Una forma de construir imaginarios urbanos en El Alto. Universidad Católica Boliviana San Pablo; Plural.

Squier, E. G. (1877). Peru: Incidents of travel and exploration in the land of the Incas. Harper & Brothers.

Tassi, N., Medeiros, C. ,Rodríguez, A. y Ferrufino, G. (2013) “Hacer plata sin plata”. El desborde de los comerciantes populares en Bolivia. Fundación PIEB.

Thorne, M. (2019). Cuando el subalterno construye: Freddy Mamani y la emergencia del cholo power boliviano. LÓGOI. Revista de Filosofía, (35), 75-86. https://revistasenlinea.saber.ucab.edu.ve/index.php/logoi/article/view/4114/3477

Torres Rebaza, L. (2017). Buscando departamento: la imaginación visual y los estilos de vida de una clase media limeña. [Tesis de maestría, Pontificia Universidad Católica del Perú]. Repositorio institucional de la Pontificia Universidad Católica del Perú. http://hdl.handle.net/20.500.12404/9917

Vargas, A. (2016, 5 de octubre). Comerciantes aymaras como una élite emergente en Bolivia. Panoramas. Scholarsly Platform. https://panoramas.secure.pitt.edu/health-and-society/comerciantes-aymaras-como-una-%C3%A9lite -emergente-en-bolivia


  1. 1 Este artículo parte de la investigación realizada para obtener el título de licenciada en Antropología.

  2. 2 Freddy Mamani Silvestre (1971, Catavi, Bolivia) es un arquitecto conocido por su estilo neoandino, por ser de los precursores y de los que tienen mayor visibilidad local e internacional por su obra arquitectónica en El Alto.

  3. 3 Ver más en el siguiente enlace: https://blogarq.wordpress.com/2012/10/07/arquitectura-gitana/

  4. 4 Ver más sobre el caso de Colombia aquí: https://urosario.edu.co/revista-divulgacion-cientifica/economia-y-politica/narcoestetica-la-capa-superficial-de-un-problema-complejo Y sobre el caso de México, aquí: https://urosario.edu.co/en/node/64?utm

  5. 5 Ver más en el siguiente enlace: https://www.cambridge.org/core/journals/signs-and-society/article/tuhao-and-the-bureaucrat-the-qualia-of-quality-in-rural-china/AF1B0465DD3F734B6408E38309B42B1A

  6. 6 Las élites tradicionales han buscado distintos mecanismos para diferenciarse de la población indígena, muchas veces desde un imaginario racial y estético. Para leer más sobre este fenómeno, ver el siguiente enlace: https://nuso.org/articulo/bolivia-el-imaginario-racial-blanco-bajo-el-gobierno-de-los-indios/

  7. 7 La primera generación es aquella integrada por quienes migraron hacia El Alto; la segunda corresponde a sus hijos, que ya nacieron en El Alto, y la tercera, a sus nietos. Cada generación tiene una agenda política y social propia. Mientras que la primera generación busca visibilidad y validación en El Alto, a fin de que se reconozca y valore su carácter indígena y aimara, la segunda y la tercera generaciones buscan demostrar que pueden acceder a la modernidad global en sus propios términos, sin dejar de lado su herencia aimara (Mejía Contreras, 2023).